Cartas al director
Inocente
Durante años, al expresidente Zapatero le «rentaba» permanecer missing. Llegaban rumores e imágenes de su cercanía a la Venezuela de Maduro pero no aparecía por el escenario político nacional. Su salida del Gobierno fue tan abrupta, mintiendo sobre «brotes verdes», mientras dejaba a España al borde del rescate y a miles de españoles sin trabajo, que a nadie extrañó que el expresidente hiciera mutis por el foro. Eso sí, dejando un peligroso legado que, actuando como explosivo programado, está produciendo su potencial dañino en esta segunda parte, ya bajo el Gobierno Sánchez.
Llegado este al poder, reapareció su padre putativo, rodeado para sus fieles de un halo de épica como el presidente que introdujo a ETA en la democracia y acompañado para los demás de un rastro de colaboracionismo interesado en regímenes no democráticos. Incluso de duda sobre la coincidencia entre el atentado del 11M y su acceso al poder.
La izquierda, que no da puntada sin hilo, presume de que 'Bambi' sigue siendo 'Bambi' y de que sus paseos por el Pardo, en compañía de detenidos en las siguientes horas, siguen siendo «bambi nadas» que este medio publica por amistad y no por periodismo.
Incluso retan a qué juez se va a atrever a investigar al transparente Zapatero.
Es su legado: romper la democracia y la Constitución de 1978 para que los ultranacionalistas estén cómodos, el PSOE gobierne, la derecha quede fuera y la Justicia sometida.
El plan, anunciado por Albert Rivera, continúa pero la banda amaga con flaquear.
Mientras, Sánchez cede al Gobierno Vasco, al día siguiente de los Santos Inocentes, competencias en materia de Seguridad Social que son pasos hacia la entrega total y suponen la salida de la SEPE de territorio vasco.