Cartas al director
Venezuela y ETA
La banda terrorista ETA mantuvo a lo largo de su sangrienta historia vínculos y colaboraciones con otros grupos terroristas de extrema izquierda europeos como la Facción del Ejército Rojo (RAF) en Alemania, palestinos como el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) e iberoamericanos. Llegaron a América en los 70, estableciendo bases en México y Venezuela, extendiéndose luego a otros países como Nicaragua, Cuba y El Salvador, dónde poco antes del despliegue de Onusal, a primeros de 1992, y sabiendo que íbamos a participar militares españoles «desaparecieron». En estos lugares ETA entrenó a guerrillas locales, recibió entrenamiento, buscó financiación y protección e incluso participó directamente en «actividades» como secuestros. Sus miembros tejieron redes de «apoyo mutuo» y relaciones con gobiernos revolucionarios y grupos terroristas y «guerrilleros».
En Venezuela los etarras se refugiaron especialmente desde los años 80 y durante las últimas décadas debido a una combinación de soporte político cuando no apoyo gubernamental, tanto por Hugo Chaves como con Maduro, la existencia de grupos afines como las Fuerzas Bolivarianas de Liberación (FBL) que les facilitaban logística y entrenamiento y lo más importante para ellos, una base de operaciones «segura» fuera de España y de Francia (cuando esta dejó de ser su «santuario») ante el cerco policial.
A primeros de 2026, los informes de Inteligencia y seguridad dan cifras variables, entre los 25 y los 50, miembros de la banda refugiados en Venezuela. Esta «última colonia etarra» sigue viviendo, en el momento de la detención de Maduro, protegida por el régimen actual. Al menos 26 de ellos con órdenes de búsqueda y captura pendientes por parte de la justicia española, entre ellos figuras tan destacadas como «Iñaki» de Juana Chaos, condenado por su participación en 25 asesinatos a casi 3.000 años de prisión, al que El Mundo encontró en 2015 en la región de Chichiriviche regentando con su mujer la licorería Jock´s, y Arturo Cubillas Fontán. Aunque el número exacto puede variar debido a fallecimientos o movimientos no registrados, Venezuela ha sido históricamente y continúa siendo el principal refugio seguro para los criminales etarras que aún no han rendido cuentas ante la justicia española.
Quisiera creer que en esta nueva etapa que parece iniciarse en Venezuela las nuevas autoridades colaborarán con la justicia y facilitarán la captura y deportación de los terroristas amparados por el régimen chavista.