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Cartas al director

Los nietos de qué abuelos

Da pena pensar lo barato que se ha puesto conseguir el noble título de español a cambio de cuarto y mitad de sufragios, según contempla la llamada ley de nietos. La injusticia es manifiesta: que a personas que no han pisado España, que no pagan impuestos, que se pueden aprovechar de nuestros logros sociales y que no van a sufrir el resultado que salga de las urnas se les permita tomar parte en los procesos electorales es incompresible. Ya no solo creamos efectos llamada para saltarse las fronteras geográficas sino también para que nos invadan virtualmente. Dos orejas y rabo para ustedes, señores del Gobierno.

Pero para mí que hay otra cuestión de fondo que no se aborda: el perfil político y penal de los abuelos que huyeron y a cuyos nietos está llamando esta ley. De estos exilados políticos habría que considerar la causa de su marcha al final de la contienda. Nadie se pregunta por qué lo hicieron. Sin duda por temor a que cayera sobre ellos el peso de la ley de los vencedores. Quizá entre esos abuelos estuvieron los responsables de mandar a más de 2.500 madrileños al cementerio de Paracuellos, o los que en los barcos-prisión de Bilbao fusilaban y tiraban al mar a gente por ser católicos o de derechas, o los que fusilaron a 7.000 religiosos, por ejemplo. Y ahora, ¿tenemos que hacer españoles a los nietos de semejantes abuelos? Qué denigrante ha puesto el título de español este gobierno cuyo infausto líder sin duda debe tener de cabecera El Príncipe de Maquiavelo. Por favor, seamos un país normal. Paremos este engendro.