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Cartas al director

Por los niños no nacidos

La semana pasada tuve ocasión de saludar al Sr. Núñez Feijóo. Después de que le dedicase unas palabras cariñosas a Miguel –el menor de mis hermanos, de quince años, con síndrome de Down y quien tenía muchas ganas de conocerle–, le pedí que, cuando sea presidente del gobierno, legisle poniendo la vida desde la concepción hasta su ocaso natural en el centro de su política. Su respuesta fue clara: «eso no lo podré hacer mientras no lo quieran los españoles».

El Partido Popular ganará las elecciones y formará gobierno. Mejorará el Estado de bienestar en España y atajará los problemas estructurales del Estado. Pero, una vez más, defenderá con tibieza la institución de la familia y asistirá impasible a la destrucción de nuestros valores.

A mí se me encoge el corazón. Más aún si cabe, tras haber visto a mi hijo y escuchado los latidos de su pequeño corazón en el ecógrafo, al pensar en los más de 100.000 niños iguales a él, a usted y a mí cuyas vidas son cada año arrebatadas en España sin causa alguna antes de las 14 semanas de vida. Y todavía más al pensar en que niños como Miguel, en edad gestacional completamente viable extrauterinamente, son igualmente asesinados. Todo ello con el jaleo, júbilo y regocijo de muchos españoles cuya voluntad legislativa es requerida por el Sr. Núñez Feijóo.

Yo rezo. Rezo como Miguel hizo el día de mi boda: «por los niños no nacidos, que han sido injustamente privados del don de la vida, víctimas del aborto; para que la Virgen los acoja en sus brazos amorosos de Madre y para que transforme los corazones de todos los que promueven y participan de este crimen, sembrando en ellos el amor por el tesoro que es la vida y el coraje para protegerla».