Cartas al director
Vivas, un político ejemplar
Faltan más de tres meses para que acabe este año y que, al ritmo que vamos, pueden pasar tantas cosas, podemos tener tantas sorpresas que proponer en septiembre que Juan Jesús Vivas es el español que merece más que ningún otro ser designado Personaje del Año, es un poco arriesgado. Pero es que se lo ha ganado a pulso y ha demostrado lo que es un político de los buenos, que piensa en sus ciudadanos, en todos, que los defiende, que es cercano, que no elude los problemas y que cuenta con un respaldo casi generalizado entre los votantes, independientemente del color político de cada uno de ellos.
Personajes como Juan Jesús Vivas dignifican la política frente a tanto bocazas, faltón, grosero y sin ideas. Intentar, como está haciendo la opinión sincronizada del gobierno y de sus acólitos, culpar a Vivas de lo que está pasando en Ceuta es un insulto a la inteligencia y una manera como otra cualquiera de hacer el ridículo. Cuando al presidente del gobierno le preguntan sobre los mil menores que todavía están abandonados en las calles de Ceuta –además de no se sabe cuántos miles más mayores– y responde «eso a Vivas, pregúntenselo a él», nos está llamando tontos a todos los ciudadanos y muestra la confianza que tiene en el «mando único» que lleva de aquella manera el ministro Ángel Víctor Torres. Y con un Ministerio de Migraciones en la inopia.
Responsabilizar a Feijóo y a la derecha por hablar más de invasión y de ataque a la integridad y la seguridad nacional que de crisis humanitaria, decir que «a lomos de la retórica de la invasión, le resulta imposible hilvanar un argumento racional» es absolutamente desproporcionado y quien lo dice o lo escribe lo sabe. Decir que el odio manda sobre el respeto a los derechos humanos que merece toda persona –también, sin duda, los que invadieron Ceuta con apoyo del Gobierno marroquí y, mucho más los menores– es una manera zafia de tratar de desviar las responsabilidades a quienes sólo la tienen de forma muy lejana y seguir sin actuar en la defensa de los derechos de los ciudadanos ceutíes, que también los tienen, ahora radicalmente desprotegidos y en grave peligro de que el polvorín estalle.