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Cartas al director

Maricarmen para 'dummies'

A principios de los noventa comencé a interesarme por la informática. Me iniciaron dos de mis antiguos pacientes, que cursaban en Badajoz Ciencia Físicas y que estaban llamados a destacar. Carlos Javier García Orellana y Horacio Manuel González Velasco. Siento orgullo y sana envidia cuando leo sus logros.

Pero mientras venían algún fin de semana y descendían amablemente a aumentar mis casi nulos conocimientos, intentaba buscarme la vida.

Aquellos libros para dummies fueron obligatoriamente mis referencias: Dos 6 para todos, de 1993, MS_DOS 6 de Julián Martínez y José Luis Ganuza, el libro de MSDos de Wolwerton… pero pronto salió Windows –mis fieras me instalaron la versión 3.1– y las teclas y los comandos, oro puro para un diletante como yo, pasaron a mejor vida. Y cuando me instalaron WordPerfect, mi querida Olivetti pasó a mejor vida.

Después vendría internet, que se cortaba si te llamaban por teléfono mientras estaba conectado.

Introducción demasiado prolija para justificar por qué debe seguir habiendo cositas para dummies.

Por ejemplo, para que no nos engañen con el caso Maricarmen. El autor de Maricarmen para dummies es Juan Ramón Rallo.

Con datos incontestables, desmonta la versión interesada de elDiario.es o TVE, la de un tal Broncano, con un estrabismo divergente, otro Dioni, que le impide al pobre mirar objetivamente las cosas, excepto, claro, sus contratos, que pagamos todos.

«Lo más incómodo del caso es que la legislación más protectora para el inquilino que ha conocido España fue la del franquismo, y la que acabó desahuciando a Maricarmen salió de un gobierno socialista», explica Rallo.

La culpa del desaguisado, la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, aprobada el 24 de noviembre por el último Gobierno de Felipe González.