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Cartas al director

Doña Mari Carmen y sus muñecos

Dña. Mari Carmen es una señora de 87 años que, durante su vida en activo, ha sido funcionaria pública del Estado español, teniendo a día de hoy una pensión de alrededor de 1.500 euros que, probablemente de haber contado con una cantidad así, Olga, madre de dos hijos desahuciada en Barcelona hace varias semanas, no habría tomado la triste y esa sí, trágica decisión, de quitarse la vida.

Pues bien, nuestra Mari Carmen, vivía en el Barrio de Retiro, una de las mejores zonas de Madrid, desde el año 1956, en que, mocita ella, llegó de la mano de sus padres a Madrid. Gracias a la protección social de, sí, el malo malísimo de Franco, ésta y tantas familias, pudieron disfrutar de unas viviendas de alquiler con rentas limitadas y por tiempo indefinido. Pero a la muerte del dictador, llegó la democracia, y en diciembre de 1982, el primer gobierno socialista de Felipe González. Es entonces cuando en 1985, se promulga el llamado Decreto Boyer que suprime la prórroga forzosa de los arrendamientos celebrados bajo la ley de la vivienda de Franco, y finalmente la LAU de 1994, da por concluido este sistema de arrendamientos antiguos.

En el año 2005 muere la madre de Mari Carmen, quien ya se había subrogado en el contrato de arrendamiento a la muerte de su marido, y padre de Mari Carmen, por lo que ésta, según la legislación vigente, ya solo tenía otros dos años de prórroga, es decir, hasta 2007 para permanecer legalmente en la vivienda.

Hace 20 años, esta señora, no era una anciana, tampoco era una persona vulnerable ni de un bajo conocimiento y entendimiento, ni con una precariedad económica, pues como hemos dicho, era una funcionaria del Estado español. En su situación, cualquier persona, con un nivel de entendimiento aceptable, un conocimiento de su situación conforme a la legalidad vigente, y unos ingresos bastante óptimos, se habría planteado, máximo no teniendo hijos, como es el caso, el proporcionarse una tranquilidad para su futuro, y una vejez digna y sin sobresaltos, abandonando entonces un inmueble, que no le pertenecía, y en el que ya sabía que estaba en precario. Eso es lo que hubieran hecho la mayoría de las personas que tienen una rectitud de conciencia, sentido del deber y capacidad de análisis de su situación real, y por qué no decirlo, un poco de decencia. Pero ella prefirió seguir viviendo en el mejor barrio de Madrid por una renta de menos de 200 euros, provocando que, ante tal injusticia, el propietario se viese abocado a tener que vender el piso a la empresa que hoy es la propietaria.

Así llegamos al día 23 de septiembre de 2026, tras reiterados requerimientos, intentos de lanzamiento, y 20 años de disfrutar de una vivienda de hoy, al precio de la España de Franco de 1956.

Doña Mari Carmen, que hoy se nos presenta como una pobre anciana, sola y vulnerable, hace 20 años, era una mujer joven, funcionaria del Estado, con un buen nivel cultural y económico, que prefirió seguir viviendo a costa de la ruina de otros, los verdaderos propietarios del inmueble, y aferrándose a una normativa franquista, ya derogada. Si esta señora ha podido dormir tranquila durante todos estos años en esa casa, también debería asumir las consecuencias de sus actos, que han tardado 20 años en llegar, injustamente para quienes legítimamente han ejercido sus derechos confiando en la justicia, una justicia, que, por lenta, deja de serlo.

Pero como no podía ser de otra manera en esta España distópica, tenemos a cientos de marionetas adoctrinadas acampadas en Sol, en protesta por Mari Carmen, causando, por cierto, grandes pérdidas a los comerciantes, además de pena y vergüenza a los madrileños, de ver así nuestro querido Madrid, pero de esta forma nos olvidamos de la corrupción del gobierno, de la violación de nuestra frontera en Ceuta, de Adamuz, de la prostitución de nuestras instituciones democráticas….

Que razón tenía D. Alfonso Guerra cuando dijo que «A España no la va a conocer ni la madre que la parió».