Por fin España puede librarse de Sánchez
El peor dirigente de la democracia acepta a regañadientes devolverles la decisión a los ciudadanos
España irá a las urnas el próximo 29 de noviembre, poniendo fin a una lamentable y dañina legislatura que nunca debió arrancar en esas condiciones: con un perdedor al frente que sólo pudo retener la Presidencia comprándose temporalmente apoyos interesados y contrarios a las necesidades más elementales del país.
Las razones que le llevan ahora a disolver el Parlamento son las mismas que ya existían en el verano de 2023, cuando arrendó los escaños a una amalgama de partidos unidos exclusivamente por la evidencia de que iban a convertir La Moncloa en rehén de sus ambiciones.
Si ahora asume que no puede gobernar no es porque eso no viniera ocurriendo desde los últimos comicios, sino porque cree que haber intentado incendiar las calles le ofrece una oportunidad de mejorar un poco sus estrepitosos pronósticos electorales y desviar la atención sobre el resumen de su trayectoria. Que no puede ser más deplorable: no ha aprobado presupuestos en toda la legislatura, ha humillado al Estado de Derecho para alquilarse unos escaños, ha recuperado el frentismo guerracivilista para dividir a España en dos y ha empobrecido como nadie a la sociedad española, implantando con deuda pública un sistema clientelar rematado por la Ley de Nietos con el que comprarse el mayor número posible de votos.
Y todo ello en un paisaje de corrupción sistémica, de ataque a los poderes del Estado, de afrentas a la Corona y de regresión democrática general, rematado con una incompetencia dolosa en cada tragedia que le tocaba gestionar. Ahora toca vigilar la higiene del proceso electoral, adulterado ya de entrada por la labor infame del CIS o de TVE y, además, ofrecerle a la sociedad una alternativa sensata, contundente, sin temores y profundamente reformista que acabe con este ciclo antisistema.
Ésa es la tarea de Feijóo y de Abascal, del PP y de Vox, socios y competidores unidos por un bien mayor: la imperiosa necesidad de cambiar un Gobierno nefando, corrupto y dispuesto a acabar con la democracia. Porque España se la juega el próximo 29 de noviembre más que nunca.