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en primera líneaJuan Van-Halen

Zorrilla y su amante Leila

Zorrilla había viajado a París en 1852 siguiendo a su amante Emilia Serrano, la Leila de sus versos. Hija de un notario y diplomático, la biografía de Emilia Serrano, resulta un tanto desconcertante, pero es apreciable su obra literaria, hoy en el olvido

Ayer los compañeros columnistas escribieron sobre el tema del día: las elecciones en Aragón. Para no insistir, me acojo nuevamente a la literatura. Y sobre un autor, José Zorilla, al que investigué hace mucho tiempo y al que sólo recordamos cada año por la reposición de su Don Juan Tenorio. La segunda afición de nuestro gran poeta, tras la literatura en la que fue un maestro, eran las señoras de buen ver y cariñosas. Ejemplos hay, y no pocos, en España y en sus viajes. Enamoradizo, el amor está, en un plano u otro, en su obra. Por ello recuerdo a Leila.

El Debate (asistido por IA)

Zorrilla nació en Valladolid (1817). Su padre era persona rígida, absolutista en política, superintendente de Policía, que nunca perdonó los pecadillos de juventud del hijo. Una prima, en su adolescencia, fue su primer amor de una larga lista. Estudió Leyes, que abandonó. Huido de casa y en Madrid pasó privaciones, y fue conocido en ambientes literarios al leer un poema ante la tumba de Larra. Tras un matrimonio fracasado, en 1839, con Florentia O’Reilly –volvería a casarse, ya viudo, en 1869, con Juana Pacheco–, viajó a París, relacionándose con Dumas, George Sand, Gautier y Musset, y consiguió el éxito literario. En 1849 murió su padre, que nunca le perdonó su marcha de casa y su boda, lo que le afectó. Vivió en París y Londres.

En 1854 viajó a México y vivió un año en Cuba. En México fue mimado por el emperador Maximiliano, que le protegió, le acogió como poeta de cabecera y le nombró director del Teatro Nacional. Regresó a España en 1866 y cuando Maximiliano fue fusilado en 1867, sufrió una profunda crisis. Sin dinero, fue nombrado por el Gobierno para un destino en Roma (1873) y se le otorgó una pensión nacional. Según su mejor biógrafo, Narciso Alonso Cortés, desconocía el valor del dinero, se mantuvo ajeno a la política y era ingenuo como un niño. Fue un acontecimiento su coronación como poeta nacional en 1889. Desde 1848 era miembro de la Real Academia Española, pero no ingresó hasta 1885 con un discurso en verso, un antecedente del que pronunció, en verso, en 1983, al ingresar como académico mi maestro en poesía José García Nieto. Zorrilla murió en Madrid en 1893, tras una operación quirúrgica por un tumor cerebral.

Zorrilla había viajado a París en 1852 siguiendo a su amante Emilia Serrano, la Leila de sus versos. Hija de un notario y diplomático, la biografía de Emilia Serrano, resulta un tanto desconcertante, pero es apreciable su obra literaria, hoy en el olvido. Poetisa, ensayista, biógrafa, novelista, traductora, fundadora de periódicos, articulista y una decidida adelantada de un feminismo, en su caso conservador y católico. Destaca como autora de libros de viajes. Viajera incansable por Iberoamérica y Europa, con una obra fundamental: América y sus mujeres. Recorrió cinco veces la antigua América española a lo largo de dos décadas, forjando importantes amistades con intelectuales y dirigentes políticos –ejerció de asesora del presidente mexicano, Porfirio Díaz– y, sobre todo, con mujeres relevantes.

Recorrió Argentina, Uruguay, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela, Panamá, Chile, Bolivia, Guatemala. Honduras, México, Nicaragua y Costa Rica. Y en el norte, Canadá, y Estados Unidos. En sus libros refleja paisajes y costumbres, fauna, monumentos, historia local, etnias… Y cuenta la vida de los indígenas. Muchas informaciones desconocidas hasta entonces. Escribió su autobiografía que los escasos expertos en su obra consideran fabulosa en algunas de sus partes. Según ella, se casó dos veces. Un primer matrimonio, a los 15 años, con el barón de Wilson, aristócrata inglés, muerto pocos años después, dejándole una hija, Margarita Aurora, que moriría a los cuatro años y cuya paternidad no pocos estudiosos atribuyen a Zorrilla. Mucho después, en 1874, Emilia se casó con el médico Antonio García Tornel, del que enviudaría sin descendencia.

Quienes han profundizado en su biografía la consideran mujer fantasiosa y dudan de que su relación con el barón inglés y con el médico español, si existieron realmente, acabaran en matrimonios. No hay evidencia documental alguna. Pero se considera probado que idealizaba sus orígenes y su familia y ocultaba lo turbio de su pasado. Su libro El almacén de las señoritas, de 1860, se destinaba a madres y a la formación de jovencitas, por lo que necesitaba crearse una biografía de moralidad intachable. Esta obra circuló, sobre todo, en colegios religiosos. Creó su personaje. Está claro que mintió en su fecha de nacimiento. Sus biografías en vida afirman que nació en Granada, 1843, pero hay testimonio documental de que nació en 1834. Su acta de defunción, Barcelona 1923, consigna que contaba «ochenta y nueve años».

En París trató a Lamartine y Dumas, y en España a Martínez de la Rosa, O’Donnell y Prim. En la corte de Isabel II tuvo un cierto protagonismo cultural. Entre 1857 y 1861 dirigió los periódicos La Caprichosa y La Nueva Caprichosa y escribió, entre otros medios, en El Eco Ferrolano, Las hijas del sol, El Correo de la Moda y La ilustración artística. Al final del XIX se trasladó a Barcelona. Cuando murió, trabajaba en una Historia General de América. La enterraron en una fosa común.

La relación amorosa de Zorrilla y Emilia Serrano se enfrió tras la muerte de su hija. Leila era una mujer cosmopolita, abierta y no dada a ataduras. Zorrilla tampoco lo era. Dos personajes singulares y Leila, además, misteriosa.

  • Juan Van-Halen es escritor es académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando