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en primera líneaGonzalo Cabello de los Cobos

Crónica de una comida que se alargó (sin hablar de política)

Más tarde saludamos a un expresidente del Gobierno que pasaba por allí, tan contento como siempre. Tiene gracia cómo, cuando un presidente pasa a ser ex, con la excepción, por supuesto, de ZP, uno tiende a perdonar muchos de sus errores con una especie de magnanimidad que roza la ternura

Hace unos días tuve una comida que me permitió conocer a personas con las que había tratado poco. Me apetecía mucho. Comimos como animales y bebimos lo razonable. Yo solo fino, que últimamente es lo único que mi cuerpo tolera.

El Debate 8asistido por IA)

Lo que empezó como una especie de almuerzo de trabajo acabó convirtiéndose en un plan de amigos con varias fases. La primera, la clásica qué tal tú, qué tal yo y, lo peor, la consiguiente respuesta. Después, menos mal, derivamos hacia OnlyFans, esa moderna plataforma de prostitución en la que, por ejemplo, si te va bien enseñando los pies o los pechos a desconocidos, puedes llegar a ganar un auténtico dineral. Lo que pasa es que son pocas las que lo logran y, al final, la gran mayoría acaba vendiendo su dignidad por poco o nada y dejando un rastro imborrable en internet que seguro les pasará factura.

Más tarde saludamos a un expresidente del Gobierno que pasaba por allí, tan contento como siempre. Tiene gracia cómo, cuando un presidente pasa a ser ex, con la excepción, por supuesto, de ZP, uno tiende a perdonar muchos de sus errores con una especie de magnanimidad que roza la ternura.

Y, para rematar, tras las filloas y el queso, llegaron los inevitables cánticos regionales. Yo, personalmente, tiendo al folklore argentino, por ser muy de mi agrado. Recuerdo que, cuando era un alocado jovenzuelo, rompí con una novia porque me dijo muy en serio que no le gustaba Jorge Cafrune, porque todo lo que cantaba le parecía «simple». Yo hice como José Larralde:

De arriba abrí la tranquera

Eché el pañuelo a la espalda

Por costumbre, prendí un negro

Talonié mi moro Pampa

Y ya me largué al galope

Chiflando como si nada

Pero bueno, más allá de la clavada que nos metieron en el restaurante, merecida, todo hay que decir, lo que más me llamó la atención de aquella tarde fue que en ningún momento hablamos de política. Un hecho que puede parecer normal, pero que en esa mesa y con esas personas no lo era tanto, sobre todo porque todos, de una forma u otra, estamos obligados a seguir los agotadores acontecimientos políticos diarios y, lo que es peor, a hablar de ellos.

Después de pagar la cuenta, nos fuimos a una especie de bar-salón no muy lejos del restaurante, donde no disfrutamos en absoluto de la decoración clásica ni de las agradables luces cálidas del local. Solo pude ver, y eso que eran las siete de la tarde, a una pareja morreándose en la barra con tantas ganas que invitaba a pensar que era la primera o la última vez que lo hacían.

Total, que como casi todos fumábamos como indios cabreados, tuvimos que irnos fuera. Y eso significaba sentarnos en un taburete mirando directamente a la rampa de un garaje del que, en un momento dado, salió un Land Rover Defender antiguo, de los que se usan en el campo para potrear mientras te arruinas llenando depósitos. Mi coche favorito.

Una de las personas con las que más hablé esa tarde es una periodista de mucho prestigio a la que llamaremos aquí 'La niña con el pijama de rayas'. No solo me dejó perplejo su soltura a la hora de comer langostinos, los crustáceos y moluscos no tienen secretos para ella, sino que acabé totalmente epatado por su forma de ver la vida, tan risueña y optimista que contagiaba a todos. Por no hablar del whisky con agua, en vaso de sidra, que se echó al coleto sentada tan pancha en la rampa del garaje. Y no crean que bebía ese brebaje por capricho, sino que era más bien como una continuación de su espíritu áureo, su bebida natural. Por algo en gaélico ese bendito licor se llama Uisge Beatha (agua de vida).

La 'comida' terminó a las ocho y media de la tarde. Una vez comprendimos que todo había salido estupendamente, decidimos que lo más sensato era volver cada uno a su casa.

Esa comida es la que ojalá tengan todos ustedes. Me da igual si es con carabineros o con albóndigas. Pero les deseo sinceramente que, durante estos días de descanso, puedan disfrutar con gente con la que de verdad les apetece pasar un buen rato y olvidarse de los petardos que muchas veces llenan sus agendas.

Sobre todo, no hablen de política. El tema es tan aburrido y patético que no merece la pena. Ya tendrán tiempo, después de Semana Santa, de volver a escuchar todas las mentiras que los gabinetes de todos los ministerios preparan sin descanso durante estos días. Y ya nos encargaremos nosotros de contárselas.

Mientras tanto, vivan y sean felices.

  • Gonzalo Cabello de los Cobos es periodista