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en primera líneaJuan Van-Halen

Martín y su empecinamiento sectario

Cataluña, en Hospitalet de Llobregat, ha vivido el desahucio más sobrecogedor. Olga Matute, una vecina de 54 años, con dos hijas, se suicidó el pasado 7 de septiembre, cinco meses después de ser desahuciada del piso en el que residió más de 20 años. Nadie ayudó a Olga

Francisco Martín, delegado del Gobierno contra Ayuso, llegó al cargo desde un puesto en Moncloa cercano a Sánchez que vio en él al idóneo fustigador de la presidenta de la Comunidad. Se centró en su encargo. Hace lo que puede, pero sin el éxito que esperaba. Lo suyo es un empecinamiento inútil. Otro Martín, Juan, pasó a la Historia con mayúscula como El Empecinado, por hechos nobles y valientes; este Martín pasará a la historieta. El Empecinado del XIX enriqueció el castellano; desde su apodo decimos empecinarse a obstinarse en conseguir un fin. El fin de Martín, el delegado, es servir al Puto Amo (Puente dixit). Para eso le puso ahí. Toda su actividad ha estado vinculada al PSOE y a trabajos públicos en las etapas socialistas.

El Debate (Asistido por IA)

Las maniobras del delegado Martín contra Madrid, contra Almeida y, singularmente, contra Ayuso fallan porque se le ve venir. No para de hacer declaraciones contra quienes consiguieron mayorías relevantes en la Comunidad y en el Ayuntamiento. Boicoteó la vuelta ciclista a España y ahora prohíbe a la Policía Nacional desmontar la nueva acampada en Sol. Pide que intervenga la Policía Municipal. No opinó lo mismo cuando un grupo de ciudadanos marcharon hacia Ferraz, la sede de su partido; entonces movilizó a los antidisturbios y les ordenó cargar contra los congregados entre los que se encontraban mujeres, ancianos y adolescentes. Así es él de leal con los suyos.

El delegado Martín no sigue las pautas de sus antecesores. En 2011, con la acampada del 15-M, el desalojo de Sol en junio lo efectuó la Delegación del Gobierno siendo titular Dolores Carrión. Claro que no era Sánchez presidente ni el palmero Martín su delegado en Madrid. No puede utilizar la acción policial a su gusto personal o partidista cuando estamos ante un delito. Actuar contra un delito no es opinable. Se está ocupando un espacio público y Sol, desde 2023, es, además, un lugar de especial protección. El responsable mira para otro lado; no cumple con su deber. Le creo capaz de casi todo. Ahora se investiga a los policías que intervinieron en el desahucio de Maricarmen Abascal. Lo hicieron desde la ley, por orden judicial y tras años de aplazamientos.

Lo de Maricarmen es un caso penoso, pero no deja de ser singular que la protesta se apoye en una ley franquista, y el desahucio se produzca por una norma del ministro socialista Boyer. Sobre el caso se ha mentido demasiado. La ministra Isabel Rodríguez señaló directamente a Ayuso y a la derecha. Su acusación es ponerse del lado de los 'fondos buitre'. Por mucho que se repita, no compró la casa de Maricarmen un 'fondo buitre' sino una pequeña empresa familiar, y las acusaciones y falsedades parten de la ministra de Vivienda, que no ha hecho una vivienda en toda su gestión. ¿Qué hace en el ministerio? ¿Dormir la siesta? Ya desde Franco ese ministerio se creó para hacer viviendas, y se hicieron.

Sánchez prometió reiteradamente que su gobierno acabaría con los desahucios, y desde que ocupa la Moncloa se han producido 272.400; 90 cada día. Cataluña es la comunidad con más desahucios, seguida de Andalucía y Comunidad Valenciana. Madrid ocupa el cuarto lugar. Cataluña, en Hospitalet de Llobregat, ha vivido el desahucio más sobrecogedor. Olga Matute, una vecina de 54 años, con dos hijas, se suicidó el pasado 7 de septiembre, cinco meses después de ser desahuciada del piso en el que residió más de 20 años. Olga había comparecido en el Parlamento catalán y allí anunció, entre lágrimas, que de no arreglarse su problema podría recurrir al suicidio. Nadie ayudó a Olga. No se montó en una comunidad y una ciudad gobernadas por socialistas el aparato propagandístico que se preparó en Madrid con el desahucio de Maricarmen.

Esa repentina preocupación por los desahucios tiene una explicación evidente. Partimos de la realidad: el gobierno no ha construido ni una vivienda después de prometer Sánchez hasta 267.000 a través de planes incumplidos y, como he recordado, casi trescientos mil desahucios. Detrás hay una maniobra política, que no excluye ni aminora el grave problema de la vivienda en España, pero se utiliza políticamente como se ha hecho con el caso de Maricarmen. Quienes se movilizan de buena fe tienen razón, y es justo que lo hagan, pero cuando se convierte en una manipulación por intereses partidistas pierde su sentido y ya es un mero engaño. La nueva ocupación de Sol, las actividades que allí se promueven desde la primera noche, recuerdan demasiado el 15-M y sus secuelas. Son muy finos; una pancarta: «La ley de Vivienda es una mierda».

El cerco a Sánchez se estrecha. La visita de Delcy en la Asamblea de la ONU, ahora no como amiga y si como sumisa a Trump. Fue un aviso. Muchos piensan que fue ella quien dio el soplo a Washington del lugar secreto en el que dormiría Maduro la noche de su detención, y por eso está aún ahí. Sánchez no debe sentirse seguro con lo que Delcy sabe de él. Su conservación del poder le resguarda tras la maquinaría del Estado, y con maniobras como las movilizaciones consigue que no se hable de corrupción, cloacas, pacto con narcos contra una juez, y tantas cosas más. Estamos en manos de Martín. Si no desaloja Sol cumpliendo la ley crecerá su desprestigio ya acaso sin retorno.

Y, como apoteosis de la impostura, ministros manifestándose contra el gobierno. Protestan, pero no dimiten. La pela es la pela que diría Illa.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando