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Ojo avizorJuan Van-Halen

José García Nieto, maestro intemporal

La audacia poética de García Nieto discurrió paralelamente a la evolución de su obra cuya visión de conjunto muestra su enorme capacidad de enriquecimiento formal y temático, sin saltos en el aire

Hoy, acaso asqueado, descanso de la temática política. Para escribir sobre José García Nieto no preciso buscar una fecha redonda; ya lo hice en su centenario. Es un autor fundamental de la poesía española, con quien tanto quise. Obtuvo, además de tantos otros, el premio Nacional de Literatura, y el más importante en lengua castellana: el Cervantes. Miembro de la Real Academia Española y su secretario. Nunca olvidaré nuestro primer encuentro. Él no había llegado a la cincuentena y yo no había cumplido dieciocho años cuando me presenté en su casa con un cuaderno de versos primerizos que él leyó con paciencia y a los que su generosidad concedió indulgencia plenaria. Pronto me acogió entre los colaboradores de Poesía Española. Un año después insistió en que recogiese en libro una selección de aquellos poemas. Apareció Lejana Palabra, el libro de mis 19 años, que le dediqué. Quise, seguí, admiré y admiro a un maestro intemporal de la poesía. A un ser humano ejemplar.

El Debate (asistido por IA)

Fue mi guía siempre. En la poseía y a menudo en la vida. Desde entonces hasta su primera muerte, el cornalón en su cerebro que no le apartó de este mundo, pero sí de su mundo, de nuestro mundo, su cercanía fue para mí un sostenido regalo. Procuré que me quedara una memoria alegre y no triste. Le debo tanto que le consideré un segundo padre; yo había perdido al mío. En una ocasión memorable para mí, dijo que yo era el joven al que más quería después de su hijo. Entre tantas enseñanzas, a él y a mi compadre Carlos Murciano, debo mi fervor mantenido por el soneto, el gótico de la poesía.

García Nieto es uno de los grandes sonetistas de la poesía castellana. Muchos huyen del soneto como el ratón del gato probablemente porque alguna vez se enfrentaron a él y les salió cojitranco. Me reconforta que en los jurados de los que soy miembro cada vez leo a más sonetistas jóvenes, renovación que supone vitalidad. En una carta a García Nieto (Cartas literarias, 1977), Juan Ramón Jiménez escribía sobre el libro Sonetos por mi hija: «¡Qué hermosos son! A veces me pregunto ¿en qué nos aventajan los llamados clásicos a nosotros? ¿En qué bellezas han ido más cerca de la belleza esos clásicos?». A veces se le reprochó su condición de sonetista. Para alabar justamente su libro Memorias y compromisos, de hace setenta años, un crítico, de cuyo nombre no quiero acordarme, escribió: «Donde por primera vez [...] renunció a tanto soneto y tanta décima, para utilizar un versículo noble, bien musculado, fuerte de dicción y de sentido». Como si sus sonetos no fuesen versos nobles, no estuviesen bien musculados, y no resultasen fuertes de dicción y de sentido.

García Nieto alcanzó también enorme aliento en el verso libre en obras formadas, en ocasiones, por un extenso poema, como El parque pequeño, Elegía en Covaleda o La hora undécima. Galiana, Nuevo elogio de la lengua española, Carta a la madre, entre tantas obras de una amplia producción, reflejan un dominio total del verso libre y tanta maestría como en sus libros conformados total o principalmente por sonetos y verso rimado, entre ellos La Red, Tregua, Geografía es amor, Sonetos y revelaciones de Madrid, Hablando solo y Mar viviente.

Debemos a García Nieto, además del valor intrínseco de su obra, su presencia fundamental en el desarrollo de la poesía española desde la posguerra con el grupo «Juventud creadora» del que nació la revista Garcilaso, en 1943. La generación del 27 había tomado a Góngora como modelo y los «garcilasistas» encontraron su guía en el poeta y caballero que murió guerreando.

Nuestro poeta publicó en Garcilaso a poetas reconocidos ya entonces y alumbró nombres que consiguieron brillo posterior, sin tener en cuenta adscripciones. Conservo la colección de Garcilaso que él me regaló, y el índice de colaboradores evidencia una mixtura rica y en aquel tiempo audaz; una actitud abierta de su director. En 1952 apareció el primer número de Poesía Española. Es otra de las fundaciones de García Nieto. Abrió sus páginas a todas las tendencias y a todos los nombres. García Nieto no entendió la poesía como exclusión y su atención a los poetas jóvenes es comúnmente reconocida. Otros se instalaron en el anatema, la capilla o el clan, otorgando o retirando credenciales poéticas a su gusto. Nuestro poeta nunca lo hizo.

La audacia poética de García Nieto discurrió paralelamente a la evolución de su obra cuya visión de conjunto muestra su enorme capacidad de enriquecimiento formal y temático, sin saltos en el aire. Los grandes temas comunes a la poesía adquieren en nuestro poeta una realidad muy personal. En 1966 publicó Memorias y compromisos asumiendo –sin renuncias, sin quiebras– un paso trascendente en su creación. El libro evidenció su arrojo y para mí, además, su generosidad, ya que me eligió para presentarlo, con poco más de veinte años. Una decisión audaz.

José García Nieto es, además de gran poeta, autor de adaptaciones teatrales de clásicos y de guiones cinematográficos, y excelente narrador –obtuvo entre otros importantes galardones la «Hucha de Oro»–, y seguido articulista; contaba entre sus reconocimientos periodísticos con los premios Mariano de Cavia y González Ruano, y ejerció durante años la crítica literaria en ABC. Su hija Paloma, ejemplar por tantos motivos, a la que conocí de niña, mima su obra y su memoria en la Fundación que lleva el nombre del maestro. Una presencia sin confines.

Juan Van-Halen es escritor. Académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando.