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en primera líneaGonzalo Cabello de los Cobos

Señor Feijóo, señor Abascal: mañana ya es tarde

Es tiempo de cambios y hacen falta personas dispuestas a empujar sin mirar atrás. Lo que viene no será fácil. La izquierda y los sindicatos harán todo lo posible por boicotear al nuevo gobierno y sus medidas, y las calles van a arder. Toca aguantar. Aparten a los tibios y den paso a los inteligentes y valientes

Las encuestas, salvo el CIS de Tezanos, dan a la derecha una ventaja holgada. Debería alegrarme, pero no termino de fiarme. Con Pedro Sánchez me pasa lo mismo que en esas rachas en las que la vida te sonríe y sabes que es mejor no pensarlo demasiado, porque sospechas que el guantazo anda sobrevolando tu quijotera.

El Debate (Asistido por IA)

Feijóo y Abascal lo saben, y por eso piden calma entre sus siempre animadas filas. A su alrededor hay quien ya vive en una canción de Mecano, entre «gritos, risas, llantos y champán». A esos conviene recordarles que aquí no se ha ganado nada y que enfrente está Sánchez, un hombre sin escrúpulos dispuesto a todo con tal de seguir mandando.

Si hay un momento peligroso con él, es precisamente este, cuando todos le dan por muerto. No hace falta ser muy listo para sospechar que se guarda una última baza. Yo apuesto por un referéndum sobre la monarquía, un asunto capaz de caldear los ánimos hasta extremos difíciles de prever. Sánchez sabe que difícilmente podría acabar con ella, porque la mayoría de los españoles sigue siendo monárquica. Pero tampoco es eso lo que busca. Le bastaría con abrir el debate y prender la mecha de un conflicto de grandes proporciones. Si la manipulación del caso Maricarmen les ha parecido fuerte, no quiero ni pensar en lo que ocurriría en España con esto.

Aun así, voy a cometer la imprudencia de imaginar que el cambio llega. Lo primero que tendría que ocurrir es que PP y Vox se entendieran sin perder un solo minuto. El Partido Popular debe asumir que las mayorías absolutas en unas generales ya no se ganan, se construyen, y que en esa construcción el partido de Santiago Abascal es fundamental. Deben compartir gobierno. Una pelea estéril entre ambos, a estas alturas, sería el regalo perfecto para quien lleva años viviendo de las divisiones ajenas, y una frustración difícil de justificar ante los votantes de los dos partidos. No les quepa duda de que intentarán dividirlos, y de que habrá algún tonto que, una vez más, compre el relato de «que viene el lobo».

Creo que los dos lo tienen claro y que no cometerán errores. Espero que hablen a menudo y que, si todavía no lo han hecho, no tarden en hacerlo. Mañana ya es tarde. El trabajo que les espera es enorme. Tendrán que desmontar, una a una, las normas con las que este gobierno corrupto y mentiroso ha ido levantando muros entre españoles, y abordar sin temblores la política fiscal y la de inmigración, entre otros muchos asuntos. Hay prisa, porque los empresarios y autónomos de este país llevan demasiado tiempo sufriendo un atraco permanente que ya no pueden asumir. Lo deseable es que los equipos de ambos partidos tengan preparado un plan integral para empezar a borrar cuanto antes todo lo que se pueda de esta etapa siniestra. Ya habrá tiempo para debates ideológicos. Ahora lo importante es sacar el borrador y todos a una.

No me detendré en las últimas ocurrencias de un Ejecutivo en plena agonía. Ni en la hipocresía de Montse Mínguez ni en la retransmisión del desfile del 12 de octubre, en la que TVE volvió a olvidar que es la televisión de todos los españoles. Cada escándalo se apila sobre el anterior y la montaña de podredumbre alcanza ya proporciones babilónicas. Solo espero que quienes piensan votar a Sánchez se lo replanteen. Por mi parte, me comprometo a respetar a los socialistas que no le voten, porque lo que hoy ocupa el Gobierno no es socialismo, es una banda peligrosa.

Hoy, sin embargo, estoy en plan optimista y prefiero mirar hacia un futuro más agradable. En él destacaría a dos mujeres que han sostenido buena parte del trabajo de oposición en el Congreso durante esta etapa oscura y que, pase lo que pase en las elecciones, merecen consideración. Pepa Millán y Ester Muñoz, portavoces de Vox y del PP, tienen estilos muy distintos. Millán es seria y punzante, mientras que Muñoz tiene desparpajo y pocos complejos. Pero ambas comparten algo cada vez más escaso en la política española: la solvencia. Han dado la cara en los meses más duros, cuando la tribuna era un lugar ingrato, y lo han hecho de forma sobresaliente. Si Feijóo y Abascal están pensando ya en el gobierno que viene, harían bien en contar con ellas de alguna forma. No como premio, sino porque un cambio de esta envergadura necesita gente que sepa defenderlo. Y ellas lo han demostrado.

Es hora de jubilar a unas cuantas vacas sagradas y abrir la puerta a una generación que llega sin los manierismos de una época que, por mucho que se empeñen, no va a volver. Que elijan a los mejores y más capaces, y no se dediquen, como suele ocurrir, a devolver favores a unos y a otros. Por ese camino clientelar la historia se repetiría, y volverían a imperar la mediocridad, la corrupción y la cobardía. Sería imperdonable que, después de tantos años esperando un cambio, todo terminara en un reparto de sillones entre los de siempre. Imperdonable y triste.

Es tiempo de cambios y hacen falta personas dispuestas a empujar sin mirar atrás. Lo que viene no será fácil. La izquierda y los sindicatos harán todo lo posible por boicotear al nuevo gobierno y sus medidas, y las calles van a arder. Toca aguantar. Aparten a los tibios y den paso a los inteligentes y valientes.