01 de julio de 2022

Bailando

Reflexión

Bailando con Gigantes: Rallo y De Prada disertan sobre liberalismo, Dios, la familia y el individuo

Juan Ramón Rallo y Juan Manuel de Prada expresan puntos de aproximación y de diferencia entre el liberalismo y el pensamiento clásico. ¿Somos menos libres, si somos más sociales?

La iniciativa Bailando con Gigantes, nacida gracias al programa Young Civic Leaders, de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, y a la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), ha comenzado su andadura.
Dios, familia, sociedad, persona. Libertad, obligaciones, responsabilidad, emancipación. Conceptos que a veces parecen excluirse. Y conceptos cuyo contenido suele variar, según se defina mediante unos planteamientos u otros. Para debatir sobre temas ha surgido Bailando con Gigantes.
La actividad principal de este proyecto consiste en organizar diálogos humanistas, y para inaugurarlos han contado con Juan Ramón Rallo y Juan Manuel de Prada, que han disertado sobre El hombre moderno: ¿individuo o comunidad?». Moderados por Álvaro de la Reina, y acogidos por el Aula Magna de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la UPM, charlaron por espacio de dos horas en medio de un buen número de estudiantes. Rallo y De Prada, aunque representan a dos modos de pensamiento muy alejados, han disertado con mutuo respeto e incluso procurando destacar puntos en común.
Según el escritor nacido en Baracaldo, no se puede prescindir de la naturaleza colectiva y política del ser humano, porque, citando a Aristóteles, somos «un animal político, y este epíteto es tan constitutivo de su naturaleza como el propio substantivo». «Al término ‘animal político’ hoy le damos unas connotaciones tremebundas y trágicas, puesto que la política se convertido en un ámbito de confrontación», reconoce De Prada. Y añade: «cuando hablamos de ‘animal político’, nos imaginamos a dos ciervos en plena berrea corneándose y disputándose a la manada».
Rallo y De Prada en la primera sesión de Bailando con Gigantes

Rallo y De Prada en la primera sesión de Bailando con GigantesB.G.

Este veterano articulista asegura que, cuando la Creación sale de las manos de Dios, «era un conjunto armonioso cuyas partes estaban ligadas entre sí». De modo que todo estaba entrelazado, «desde el átomo hasta el ángel», citando al francés Gustave Thibon. «Los átomos fueron concebidos para estar juntos y formar moléculas, y los ángeles fueron concebidos para estar juntos y formar coros», comenta. Sin embargo, se introdujo «un veneno diabólico, en el sentido etimológico —‘separar, dividir’—; es un espíritu diabólico lo que separa al hombre de Dios, lo que separa al hombre de los otros hombres, y lo que separa al hombre de su propia alma». De Prada afirma que esta división se proyecta en el individualismo y acarrea un sinfín de consecuencias. En la actualidad se procura solucionar esta división con una «unidad monstruosa de hormiguero». «Ya no hay pequeños y modestos artesanos y propietarios que vivan de su trabajo, sino proletarios que constituyen una masa informe que ahora ni siquiera tiene prole», se lamenta. «Ya no hay amor exclusivo entre dos seres humanos, sino que está el catálogo de Tinder, en donde todas las tías y los tíos son iguales», bromea.
Por su parte, Rallo entiende que el individuo conforma su identidad según los grupos con los que decide relacionarse; por tanto, la persona ha de ser libre para vincularse o desvincularse de cada colectivo, desde la familia hasta la nación. Rallo asegura que «el liberalismo significa que todos respetan el proyecto de los demás, el derecho a ser respetado en el ejercicio del plan o proyecto de vida; vive y deja vivir es el núcleo de la filosofía política liberal». En su opinión, «los grupos no tienen un valor intrínseco; sólo tienen un valor instrumental, pues lo único que tiene un valor intrínseco son los individuos». Rallo propugna «una serie de fundamentos minimalistas para garantizar la coexistencia pacífica», tales como «la libertad individual, la propiedad privada y la voluntad contractual». Por eso no comprende que haya que prestar obediencia a un grupo «por el hecho accidental de haber nacido» dentro de una familia o un territorio. La emancipación es el punto que subrayó una vez y otra, en todos los ámbitos. Según Rallo, «el bien común que se puede definir con claridad consiste en respetar a la otra persona y respetar su proyecto de vida».

Todas las tradiciones y escuelas filosóficas y religiosas identificaban el bien común con la verdadJuan Manuel de Prada - escritor y columnista

Llegados a esta altura, Álvaro de la Reina, como moderador, centró el debate en torno al bien común. ¿Existe como tal, es algo armónico, es dialéctico, es una suma de intereses? Prada asegura que, para definir el bien común, hace falta definir antes qué es libertad; «un concepto que a Rallo y a mí nos separa». Según De Prada, «todas las tradiciones y escuelas filosóficas y religiosas» identificaban el bien común con la verdad. Cuanto más se aproxime una sociedad a la verdad, más se aproximará al bien común, sintetizó. Para apoyar su tesis, citó a C. S. Lewis y su obra La abolición del hombre; lo parafraseó diciendo que «se está instaurando una nueva era de manipuladores sociales que tratan de abolir al hombre borrándole de la razón la conciencia del bien». De Prada localiza el origen de esta ruptura en Descartes, que «antepone la conciencia del yo a la conciencia del bien».
En este momento se originó un intercambio de pareceres entre el escritor tradicionalista y el economista liberal, que, desde diferentes perspectivas, pero con igual contundencia, criticaron a Rousseau. Según Rallo, «Rousseau es un gran enemigo del liberalismo» y se declaró a sí mismo como «anticontractualista». En respuesta a la idea de bien común, entiende que «no es lo mismo bien común que bien objetivo», dado que lo que para uno es bueno, para otro no lo es. Puesto que, a la postre, esto acaba generando conflictos, y no hay una solución fácil, lo que ha de prevalecer es el arbitrio del individuo.
Álvaro de la Reina, tras escuchar a Rallo y De Prada, expone que estamos ante una división de opiniones sobre el bien común: si existe como un consenso funcional, o si es «una realidad metafísica que nos viene dada». Rápidamente lo interrumpe De Prada, entre risas del público: dice que no es que exactamente nos venga dada, porque «Dios no está apretando botones», no nos trata «como si fuéramos robots». Incide el escritor criado en Zamora en que los seres humanos «tenemos una razón natural que nos permite discernir y adherirnos a la verdad gracias el libre albedrío». Disertó brevemente sobre la jerarquía e integración de virtudes y bienes. Tomándose a sí mismo en broma, aclaró: «voy a citar a Chesterton, porque, si no lo cito, defraudaría a nuestro público; decía Chesterton que el problema de este mundo es que se ha llenado de virtudes cristianas que vagaban separadas».
En el turno de preguntas, hemos planteado que, si como punto de partida, hay que tener en cuenta que el nacimiento no es un «accidente», sino un acontecimiento que nos condiciona por obligaciones. En otras palabras, ¿hasta qué punto el marco de la libertad y la pertenencia comienzan por las obligaciones —que no imposiciones— hacia los padres que nos han dado la vida, la familia que nos ha criado, la comunidad en que hemos crecido? De Prada responde de manera positiva: «sin duda, hay una serie de obligaciones naturales, tú tienes unos vínculos de sangre, unos vínculos con tu tierra, unos vínculos con tu lengua… Tienes unos vínculos que te comprometen». Aquí es donde más se aprecia que, sobre unos puntos difusamente comunes, Rallo y De Prada se acaban alejando. De Prada incide en las obligaciones morales, mientras que Rallo hace hincapié en las coacciones; sin coacción, ¿qué sucede si uno incumple sus obligaciones morales? Responde De Prada: «si incumples tus obligaciones morales, eres un desagradecido; porque ¿qué sería de este mundo, si no hubiera que agradecer nada?». Y enlazó con un tema de actualidad: el creciente número de ancianos en las residencias, porque ahora muchos hijos «ya no ven la obligación de tener que cuidar de sus padres». En su opinión, «cuantos más frenos morales, menos legales»; de ahí la necesidad de la aceptación de nuestra naturaleza, que «nos permite lograr ser mejores, pero es algo que solamente podemos realizar en comunidad».
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