Fundado en 1910
Jesús Silva Castignani

Soy sacerdote de Madrid y he participado en Convivium

Uno de los acentos que más se ha repetido ha sido la necesidad de cuidarnos más, entre nosotros y también desde la diócesis, y de coordinar mejor la nueva evangelización

Estos días he tenido la alegría de participar en Convivium, el encuentro del presbiterio de Madrid. Estaban convocados todos los sacerdotes de la diócesis y hemos participado más de 1.200. Solo ese dato ya dice algo de lo que allí se ha vivido.

Para mí ha sido, ante todo, un reencuentro. Volver a ver a compañeros a los que hacía años que no veía, compartir recuerdos del seminario, retomar conversaciones interrumpidas por el tiempo y por la vida pastoral. Encontrarte con otros sacerdotes y reconocer caminos distintos, cansancios parecidos y una vocación común.

El trabajo en grupos pequeños ha sido especialmente valioso. Hemos hablado con sencillez y con verdad de nuestra vida sacerdotal, de cómo estamos, de lo que nos sostiene y de lo que nos pesa.

Se han abordado temas muy concretos: el cuidado del sacerdote, las heridas personales, la pastoral digital, la evangelización en el momento actual.

Después, todo ello se ha recogido en las sesiones plenarias, donde se han presentado las aportaciones y se ha generado un diálogo real.

A pesar de tratarse de una asamblea tan numerosa, no he tenido en ningún momento la sensación de anonimato. El encuentro ha sido participativo, cercano y, en muchos momentos, gozoso. Hemos rezado juntos, hemos cantado juntos y nos hemos reconocido como presbiterio.

El lunes por la noche celebramos la Eucaristía en la catedral. Fue una celebración larga, pero la ocasión lo merecía. Ha sido, con toda probabilidad, la mayor concelebración sacerdotal vivida allí junto a nuestros obispos. La imagen hablaba por sí sola.

Durante el lunes y el martes hemos escuchado charlas muy sugerentes sobre el sacerdocio y sobre cómo anunciar hoy el Evangelio sin tocar lo esencial. La puesta en común final permitió intervenciones libres y de nivel. Al cierre, se ofreció un buen resumen de lo vivido y ahora tocará trabajar todo lo recogido para que este encuentro no se quede en un momento aislado, sino que dé fruto en la vida de la diócesis.

Madrid tiene sacerdotes muy distintos, de edades y sensibilidades diversas. Estos días he percibido con mucha claridad algo importante: hay comunión real y deseo sincero de caminar juntos. Lo que nos une pesa más que las diferencias.

Uno de los acentos que más se ha repetido ha sido la necesidad de cuidarnos más, entre nosotros y también desde la diócesis, y de coordinar mejor la nueva evangelización. Al final, en una sencilla nube de palabras, hubo una que se impuso con diferencia: comunión. Y esa palabra resume bien lo vivido. Comunión entre nosotros y con Cristo, para seguir adelante y anunciar el Evangelio.

  • Jesús Silva Castignani es sacerdote diocesano de Madrid y creador de contenido evangelizador en redes sociales a través de su cuenta @elpadrejesus.