Monseñor Argüello, durante su visita ayer a 'El Debate'
Monseñor Luis Argüello visita 'El Debate'
«Hay cosas que deberían decir los laicos, pero están acostumbrados a que sean los curas o los obispos los que hablen»
El presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Valladolid acudió ayer a la redacción de este periódico y participó en una jornada con la cooperativa farmacéutica Bidafarma
Llegó puntual monseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), a la sede de 'El Debate'. Pasaban pocos minutos de las 10:00 horas de este martes cuando el coche que le traía desde la estación de Chamartín se detenía en la calle Magallanes. Para el arzobispo de Valladolid, la hora de trayecto en AVE que le separa de la capital de España se ha convertido en un itinerario frecuente y habitual.
Era la primera vez que un presidente de la CEE visitaba la sede de 'El Debate'. Bieito Rubido, director del periódico; Íñigo de la Riva, director de Publicidad, Márketing y Relaciones Institucionales, y Luis Menchén Fernández-Pacheco, vicepresidente de Bidafarma, dieron la bienvenida a monseñor Argüello, que impartió una conferencia titulada La Doctrina Social de la Iglesia a la cúpula de gobierno de la cooperativa farmacéutica, puntera en su sector. Se trató de una jornada que Bidafarma quiso celebrar en la sede de 'El Debate', con quien le une un modelo que se asienta sobre principios profundamente vinculados a la Economía Social: la primacía de las personas, la participación, la solidaridad, la responsabilidad compartida y la búsqueda del bien común.
Bieito Rubido, director de 'El Debate', presenta a monseñor Argüello a los miembros de Bidafarma
Durante su intervención, monseñor Argüello rememoró el reciente viaje apostólico a España de León XIV, especialmente el discurso que pronunció ante las Cortes Generales reunidas en el Congreso de los Diputados, donde «hace un ejercicio práctico de Doctrina Social de la Iglesia aplicada». «Lo primero que hay que decir es que de la entraña misma del Evangelio surge una pasión por extender el Amor que brota del corazón de Cristo a todas las realidades de la vida», afirmó, por lo que «esta inquietud por la cuestión social no aparece en el siglo XIX». «Está desde el principio del Evangelio. No tendríamos más que ver los propios comportamientos que se describen en el libro de los Hechos de los Apóstoles o los textos impresionantes de los Padres de la Iglesia para hablar de esta tradición», argumentó el prelado, quien subrayó «la solicitud por transmitir el amor encarnado concreto especialmente a las personas más frágiles, a los que más pudieran necesitar esa concreción de ese amor».
El hecho de que en el siglo XIX se comenzara a hablar propiamente de Doctrina Social de la Iglesia se debe, según monseñor Argüello, «a dos cuestiones». «Una, porque desde la Revolución Francesa y la caída del antiguo régimen, deja de existir una alianza entre el trono y el altar», detalla. En España, esta fuerte unión entre ambas «se da desde el siglo VI, desde la conversión de Recaredo», que queda consolidada «por los ocho siglos de reconquista». «La reconquista, incluso en lo que significa la repoblación de tantos y tantos lugares de España, significa, como primer gesto de la repoblación, el clavar una cruz, el levantar una torre, el repicar unas campanas o lo que fuere, para convocar al acto central de una comunidad católica».
Posteriormente, «en el siglo XVI, después de la Reforma Protestante, se acrisola por las guerras de religión, que también eran guerras entre los príncipes y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, cuando van a aparecer los estados nacientes, cuando aparece con los reyes católicos la monarquía católica, la monarquía hispánica». «Se establece un principio de acuerdo –que ya se empieza a formular en el siglo XVI, pero sobre todo se acrisola en el XVII–, de que la religión del príncipe marca la religión del pueblo», agregó monseñor Argüello. «Si el príncipe es protestante, el pueblo es protestante; si el príncipe es católico, el pueblo es católico; por lo cual, la interrelación entre los principios evangélicos y la acción social política pareciera que va de suyo. Otra cosa es que luego todos somos pecadores y hacemos las cosas como las hacemos, pero la visión del príncipe, la visión de la organización de las cosas, estaba marcada por una mirada católica o por una mirada protestante, que no es lo mismo», matizó el arzobispo de Valladolid.
La «cuestión modernista»
Tras referirse a la Escuela de Salamanca, «que es un ejercicio concreto de lo que significa una mirada católica sobre la persona», el presidente de la Conferencia Episcopal volvió a situarse en el siglo XIX, cuando surge la Doctrina Social de la Iglesia, porque «se produce esta separación entre Iglesia y Estado». «Una separación legítima, que supone incluso, yo creo, una buena acogida de lo que significa también desde la afirmación del Evangelio, la afirmación de la libertad humana, de la conciencia, de la libertad de conciencia y de la distinción de foros entre lo que es propio de la Iglesia y lo que es propio de las realidades humanas autónomas», defendió. «Por supuesto, nosotros decimos que han de ser iluminadas por unos principios, tener unos criterios o valores, pero luego se desarrollan siguiendo criterios propios», añadió.
Monseñor Luis Argüello firmó el Libro de Honor de 'El Debate'
Sin embargo, a su juicio, «la Iglesia no vive esto de manera pacífica. Se llama a esto la cuestión modernista». «Hay muchos católicos que, en el siglo XIX, dicen que hay que volver al antiguo régimen; hay que volver a que los principios de la vida católica empapen todo, toda la realidad de la existencia. Entonces ahí hay una tensión en el seno de la propia Iglesia que yo creo que no está resuelta todavía hoy del todo», observó.
Tras realizar un pormenorizado repaso sobre todas las encíclicas papales referidas a la Doctrina Social de la Iglesia desde León XIII hasta León XIV, monseñor Argüello ha señalado que, «desde el vientre de nuestra madre, somos relacionales: no se nos puede explicar sino como seres en relación, y que por tanto existe un vínculo con el otro, un vínculo que marca cómo hayamos de plantearnos las cosas». Por eso, «a veces se nos dice que en la Iglesia somos muy pesados con las cuestiones de la vida, de la persona, de la familia. Pero es que realmente es donde se juega el llamado tejido social».
«Una antropología confesional, del Estado»
Monseñor Argüello alertó de «tres grandes bioideologías» preparadas «desde la segunda mitad del siglo XX y especialmente en el siglo XXI». La primera de ella «son las ideologías de género». «Desde una puerta de entrada legítima –que es la promoción de la mujer y la afirmación de la igualdad de varones y mujeres–, ha puesto en cuestión el significado de la diferencia sexual. Y sobre todo, ha ido gestando unas antropologías estatales», advirtió. «Si nosotros leemos las exposiciones de motivos de las leyes que, en este último tiempo de gobierno, se han hecho sobre la modificación de la ley del aborto, y antes, en tiempos de Zapatero, sobre el llamado matrimonio igualitario, sobre la posibilidad de la transexualidad, veremos que hay una antropología confesional, una antropología del estado, una antropología dualista, en el que el cuerpo no es la expresión del ser, sino un objeto en el que el yo, el yo empoderado, tiene la facultad de hacer lo que quiera con su propio cuerpo», ha advertido.
La segunda bioideología afectaría al mundo de la salud, especialmente a lo que tiene que ver con «la salud sexual y reproductiva, que han servido para imponer en muchos lugares del mundo modificaciones legislativas en favor del aborto, en favor de la extensión de la mentalidad anticonceptiva». «Cuando se aprueban las primeras leyes del aborto, no conocíamos lo que hoy conocemos del genoma, ni había posibilidades de hacer ecografías en 2D, en 3D, en 4D. Hoy claramente se sabe que hay una nueva vida en el seno de una mujer», ha sentenciado. «¡Si hasta China ha cambiado la ley del aborto!», ha exclamado, para agregar que «hoy es más difícil abortar en China que en Europa».
«El programa de la izquierda»
«La tercera de las bioideologías que han ido gestando el camino hacia el transhumanismo y el poshumanismo son las ideologías del ecologismo radical», ha desvelado. «Estas tres grandes ideologías han sido el programa de la izquierda, que abandonó la cuestión obrera y las cuestiones básicas», ha lamentado. Y ha aclarado: «Las tres puertas de entrada son legítimas, ¡ojo!, porque, ¿quién va a dudar de que es legítimo el feminismo? ¿Quién va a dudar de que es legítima la salud? ¿Quién va a dudar que es legítimo el cuidado de la Casa Común?». «Nadie», ha respondido; «el asunto es que, por la puerta de entrada de algo que tiene un papel envolvente, legítimo, atractivo, justo, necesario, se han colado unas verdaderas toxinas que destruyen lo humano».
Monseñor Argüello, durante su intervención ante los miembros de Bidafarma
En el tramo final de su discurso, monseñor Argüello ha lamentado que, en ocasiones, los curas y los obispos deban hacer intervenciones sobre temas más polémicos, «porque son cosas que debería decir un laico». «Un varón o una mujer con la vocación laical, que, en el ámbito donde esté, desde su nivel de responsabilidad, ya sean los medios de comunicación, ya sean la empresa, ya sean la vida institucional, política, debería de decir algo. Pero ante una realidad de silencio tan grande de los laicos españoles, ¿qué es lo que resulta?», ha cuestionado. «Hay demasiada costumbre de que sean los curas o los obispos los que hablen, y muy poca costumbre o práctica de que laicos cristianos expresen su voz en unos asuntos o en otros», ha lamentado.
Por eso, el presidente de la CEE puso el ejemplo de Ángel Herrera Oria, que «puso en marcha la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), para que los laicos cristianos organicen su presencia pública». «Puso en marcha un grupo de personas que, en el mundo de la comunicación, de la empresa, pudieran tener una presencia mayor, una voz que, desde esta iluminación del Evangelio y de la Doctrina Social, pudieran pronunciarse sobre la dignidad humana, que es innegociable». «Uno podría decir yo soy socialista, soy liberal o soy lo que sea, pero también soy católico. Y, desde ahí, me atrevo a decir esto respecto a la concepción de la persona, a la concepción del matrimonio y la familia, a la organización de la vida laboral desde el principio de la prioridad de las personas sobre las cosas, y desde lo que significa la organización de la comunidad política», argumentó.