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El día en que fueron elegidos presidente y vicepresidente de la CEE, Argüello y Cobo salieron a saludar a representantes de víctimas de abusosEuropa Press

La Iglesia de Madrid acogerá en septiembre un acto de reconocimiento a las víctimas de abusos

Poniendo a las víctimas en el centro de su alocución, el cardenal Cobo ha reconocido el «deber especial» de acoger «el clamor de las víctimas que están en una Iglesia que un día no supo protegerlas»

«La Iglesia de Madrid acogerá, a principios del próximo curso, un acto sencillo de reconocimiento a las víctimas de abusos». Así lo ha anunciado el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, que ha participado en la clausura del I Congreso Internacional Jordán, sobre los abusos de poder en la Iglesia organizado por la Compañía de Jesús. Tras tres días de encuentro, los distintos ponentes han analizado las causas estructurales del abuso y sus posibles vías de solución, desde el diálogo de la Teología con otras disciplinas.

Así, en su clausura, el cardenal ha reconocido que el acto sobre el que se está trabajando «no será el final de nada, sino un espacio de encuentro, reparación y testimonio que quiere responder a lo que las víctimas nos van diciendo». Será también un acto de oración –ha dicho– en el que, «reconociendo nuestros errores, expresaremos que queremos seguir acompañando a las víctimas, poniéndolas en el centro de todo, teniéndolas como compañeras de camino, aprendiendo un poco más de ellas cada día, para poder seguir avanzando en una cultura del buen trato y del respeto dentro y fuera de la Iglesia».

Poniendo a las víctimas, «las propias y las ajenas», en el centro de su alocución, el cardenal Cobo ha reconocido el «deber especial» de acoger «el clamor de las víctimas que están en una Iglesia que un día no supo protegerlas, pero que tiene la gravísima responsabilidad de contribuir a su sanación. Ellas forman parte de nuestro rebaño, incluso aun cuando no quieran saber nada de él».

Las siete claves

Para ello ha apuntado siete consideraciones breves: las víctimas nos afectan a todos, porque todos, «estamos concernidos por su dolor y por el deber de repararlo y revisar seriamente nuestros errores y delitos. Están las víctimas, están los victimarios y está la comunidad cristiana y, no en último lugar de responsabilidad, quienes estamos llamados al cuidado y la guarda de esa comunidad y, especialmente, de sus miembros más vulnerables».

Tenemos que «reflexionar y hacer examen de conciencia» sobre lo que sucedido desde la misión de cada cual, «lo que no impide reconocer que la mayoría de los curas, religiosos y religiosas y agentes de pastoral desarrollan su tarea con generosidad y honradez. Sin embargo, el respeto al dolor de los supervivientes nos impulsa a exigirnos reflexionar, investigar y darles vuelta a todas las formas de abuso, incluidas las más sutiles formas de ejercicio errado del poder que se adentran en la oscuridad de ese abismo que es siempre la conciencia».

Por último, ha subrayado la particular atención que necesita la reflexión sobre la relación teológica y práctica entre «poder y autoridad». «No podemos identificar poder con ministerio, por eso es tan pertinente la advertencia que hace Evangelii gaudium: No identifiquemos en extremo la potestad sacramental con el poder porque es un elemento conflictivo. El acompañamiento espiritual es un servicio de contraste y una auténtica relación de ayuda. Nunca un ejercicio de poder».

Peticiones para avanzar

Además, el arzobispo de Madrid ha querido destacar algunas peticiones para seguir avanzando en este camino.

«No podemos cansarnos de aprender», ha insistido, porque «en este tema como en otros, no demos nada por sabido. Tenemos que estar aprendiendo continuamente, aprendiendo y a veces desaprendiendo y superando malas prácticas para iniciar otras mejores. Tenemos una buena fuente de magisterio: además de, obviamente, el Evangelio, contamos con la autoridad más importante: la autoridad del sufrimiento. La autoridad nuestras víctimas, porque muchas pertenecen a la Iglesia que puede y debe ser para ellas un ámbito sagrado de sanación. Contemos siempre con el magisterio de las víctimas. Aprendamos con humildad de la autoridad del dolor».

Además, «no debemos tener miedo a la verdad, aunque duela». «El Maestro nos ha asegurado que «la verdad hace libres». Una Iglesia encadenada y sometida a un falso maquillaje que no asume su condición pecadora, es una Iglesia que hace imposible la redención. Los evangelistas no tuvieron miedo de que se publicitaran las flaquezas de los discípulos, porque el importante era el Maestro de Nazaret y no sus contradictorios discípulos».

Ha pedido también «barrer con coherencia y rigor nuestra propia 'casa'» para ser creídos y creíbles. «Así estaremos en condiciones de legitimidad para apuntar la realidad no atendida de los abusos intrafamiliares y en otros espacios de la vida cotidiana. De otro modo, caeríamos en la denostada política del «y tú más»». Solo así, ha continuado, «podremos llamar la atención sobre esta cruel realidad que correlaciona con la cultura de la gran desvinculación, con el aislamiento social, el individualismo, la digitalización de la existencia, la pansexualización de la vida, la pornografía al alcance de todos —niños incluidos», y el ayuno de valores incompatibles con el abuso. Hoy no hay uso, sino abuso de casi todo. El poder y lo sexual no dejan de ser expresión de una cultura donde la templanza, la mesura, la morigeración, el autodominio, la preocupación diligente por el otro… están ausentes».

Reintegración social de los victimarios

No obstante, el cardenal ha querido enfatizar sobre «los vaivenes populistas». «Por poco popular que resulte, «la Iglesia, santa y pecadora ella misma, no puede renunciar a que se cumpla el designio del Señor: «Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva». Tenemos que seguir investigando y profundizando en los factores estructurales y personales que facilitan el abuso y, que ayuden mejor a la recuperación y reintegración social de los victimarios».

Para concluir, ha recordado la supervisión en toda forma de manejo de poder: «Precisamos de conversión y de una revisión de nuestras formas y de nuestros modos de actuar sin contraste y sin discernimiento evangélico. Necesitamos invertir en prevención y formación. Esta debe fomentar formas sanas de liderazgo que no dañen a nadie y que sean fecundas para el desarrollo armonioso de la vida cristiana».

A pesar de todo, el cardenal Cobo ha asegurado que sigue habiendo «buenas noticias» en la Iglesia: «Están apareciendo proyectos y pequeños brotes que se convierten en lecciones aprendidas. No pretendemos dar lecciones a nadie, pero me atrevo a aportar desde la experiencia de Madrid y en otros puntos, la opción por atender a las víctimas sea de donde sean. Es una concepción no burocrática ni defensiva de la atención a las víctimas. Lo que importa es el dolor de la persona y cómo aliviarlo, denuncie o no denuncie, esté prescrito o no el delito, haya fallecido o no su presunto autor. Hay proyectos como Repara donde, más que una oficina para recibir denuncias es un espacio de calidad y calidez para acoger incondicionalmente personas, escucharlas, acompañarlas y ayudarlas en su itinerario de sanación». «No nos podemos quedar detenidos porque hemos avanzado mucho, ha reconocido —, pero no nos podemos parar. El campo de los abusos espirituales y de conciencia no ha hecho sino recién abrirse. Tenemos que seguir avanzando hacia una reparación integral de las víctimas».