León XIV saluda a la multitud al Encuentro para la Amistad entre los Pueblos, el tradicional encuentro organizado por Comunión y Liberación
«Liberemos la educación de la ideología»: el Papa detalla la hoja de ruta para sanar una convivencia asfixiada por la desconfianza
En la 47.ª edición del Meeting de Rímini, León XIV ha pedido católicos valientes que se atrevan a arriesgar: «El amor mueve, despierta del letargo y suscita nuevas vocaciones»
el Papa León XIV ha viajado este sábado a Rímini para clausurar la 47ª edición del Encuentro por la amistad entre los pueblos. Ante un gran auditorio abarrotado de peregrinos y voluntarios, el Santo Padre ha pronunciado un discurso inspirado en el último verso de la Divina Comedia de Dante: «El amor que mueve el sol y las demás estrellas», lema del encuentro de este año. Frente a las «fuerzas ruidosas que sacuden la tierra, el cielo y todas las criaturas», León XIV ha defendido la fuerza silenciosa de un amor divino que «prefiere permanecer en silencio» y que se revela como la única respuesta verdadera y redentora frente a las crisis de nuestro tiempo.
El realismo de la misericordia frente al rearme mental
Frente a las derivas del pragmatismo político actual, el Papa ha abordado la situación de raíz denunciando el «falso realismo, que rearma las mentes, las palabras y las naciones». Frente a esta inercia, León XIV ha propuesto una alternativa audaz para la cultura católica contemporánea: «el realismo de la misericordia».
«El mal no se combate con el mal», ha advertido el Pontífice, insistiendo en que bajo la mirada cristiana «no pueden existir enemigos». Incluso los adversarios, ha remarcado, son «hermanos y hermanas a quienes mirar a los ojos y con quienes encontrarse en la verdad». Se trata de un llamamiento urgente a purificar todos los aspectos de la vida —incluyendo los proyectos, las relaciones y las inversiones financieras— de la contaminación que impone siempre «la cultura del poder».
Un examen de conciencia para las estructuras modernas
El discurso del Sucesor de Pedro no ha esquivado la crítica social, exigiendo una verdadera conversión de las estructuras económicas y tecnológicas modernas. «Liberemos, pues, la convivencia de la desconfianza, la cultura de la prepotencia, la educación de la ideología, el trabajo de la idolatría del lucro, y la tecnología y las finanzas de los negocios de la muerte», ha exclamado el Papa.
En esta misma línea, León XIV ha insistido en que se necesitan «pioneros valientes» capaces de iniciar un cambio de rumbo en sus propias vidas para hacer creíble la conversión que hoy se exige a la sociedad entera. Solo desenmascarando las «relaciones injustas de poder» —las cuales situó en la raíz de la pobreza, las desigualdades, las guerras y las catástrofes medioambientales— será posible desarmar un desarrollo tecnológico que corre el riesgo de volverse «omnipresente y destructivo».
«El futuro es una promesa, no una amenaza»
Dirigiéndose de manera muy especial a la multitud de jóvenes y voluntarios presentes en el evento, el Santo Padre ha transmitido un mensaje de optimismo frente al desencanto de la época. «¡Son la prueba de que el futuro es una promesa, no una amenaza!», les ha recordado, exhortándoles a rebelarse contra la desesperación y el letargo que atenazan tanto a adultos como a coetáneos.
Recuperando el pensamiento del fundador de Comunión y Liberación, don Luigi Giussani, el Papa les ha apremiado a asumir «el riesgo de educar». Citando al sacerdote milanés, ha defendido que el método educativo más eficaz para el bien no se basa en «la huida de la realidad», sino en la promoción del bien en un mundo que, si bien es arriesgado, es sobre todo «exigente». «El amor mueve, impulsa, despierta del letargo, suscita nuevas vocaciones y llama a arriesgarse. ¡Pónganse en juego! Ábranse a una verdadera catolicidad, ampliando sus vínculos más allá de cualquier pertenencia demasiado limitada», ha urgido con entusiasmo.
El Papa ha trazado un hilo dorado que conecta el presente con los orígenes mismos de la Iglesia, recordando cómo ya en el siglo II el autor anónimo de la Carta a Diogneto reconocía que los cristianos «dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble». León XIV ha invitado a asumir con humildad y realismo que, aunque la Iglesia custodia este tesoro eterno «en vasijas de barro» —sabiendo que la credibilidad de nuestro testimonio personal y comunitario a menudo está empañada por el pecado y la fragilidad humana—, la fuerza del Evangelio brilla precisamente cuando no se impone por la fuerza de los números, sino cuando se ofrece en absoluta libertad y se expande, de manera irresistible, por pura «atracción».
Una Iglesia que crece por atracción, no por imposición
En un contexto social fuertemente secularizado, donde el hecho de ser cristiano resulta para muchos «una sorpresa», León XIV ha recordado el núcleo de la misión de la Iglesia citando las palabras de sus predecesores, Benedicto XVI y Francisco: «la Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por 'atracción'». La verdad, ha recalcado, solo se encuentra «en la libertad», por lo que la pérdida de influencia social que a veces temen los adultos debe servir para valorar la verdadera potencia espiritual del Evangelio.
Es precisamente en este punto donde el Santo Padre ha lanzado una vibrante petición: «¡Amen siempre a la Iglesia!». El Pontífice ha exhortado a los fieles a amar y preservar la unidad a través de la cual Cristo los ha alcanzado y los atrae hacia sí. Lejos de dejarse arrastrar por el desánimo ante las dificultades del presente, León XIV ha recordado, recuperando unas palabras de Francisco, que «también los momentos difíciles pueden ser momentos de gracia, y pueden ser momentos de renacimiento».
Ha puesto como ejemplo histórico el propio nacimiento de Comunión y Liberación en el convulso año de 1968, subrayando que don Giussani jamás se asustó ante los momentos de transición y crecimiento, sino que los afrontó siempre «con valentía evangélica, encomendándose a Cristo y en comunión con la madre Iglesia». Ha pedido a los participantes cuidar con celo la unidad del movimiento y la comunión con el Sucesor de Pedro, caminando juntos bajo la guía de ese Amor providente que sigue moviendo el sol y las estrellas..