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Sintiéndonos familia entre más de 50.000 personas: la alegría desbordante que llenó la beatificación de Fulton Sheen

Sheen evangelizó a través de la televisión y la radio, llegando a más de 30 millones de espectadores cada semana, y siempre vivió esta misión con una profundísima humildad y con la convicción de que se trataba de una gracia de Dios

El cardenal Tagle presidió la beatificación de Fulton Sheen

El cardenal Tagle presidió la beatificación de Fulton Sheen

He tenido la suerte de participar en la beatificación del arzobispo Fulton Sheen, que el Cardenal Tagle, pro prefecto del Dicasterio para la Evangelización, presidió de forma solemnísima el pasado jueves 24 de septiembre en la ciudad de Saint Louis, en Estados Unidos.

Pude saludar a las Misioneras de la Caridad que estaban allí presente, como a las religiosas del Hogar de la Madre o a las Misioneras de san Pedro Claver, que son con las que tengo relación aquí, en España. En uno de los salones estaba instalada la sacristía, ciento de personas estábamos allí con una confianza preciosa, como si todos nos conociéramos.

Fue un encuentro de familia, a pesar de estar presentes más de cincuenta mil personas. De familia por la alegría que se respiraba, jóvenes, ancianos, niños, familias preciosas, muchas de ellas numerosas llenaban el Estadio. La procesión de entrada, larguísima, con más de 800 seminaristas, 150 diáconos, mil sacerdotes y casi noventa obispos fue impresionante. La piedad, la sonrisa de todos, la mirada cariñosa de las personas que nos abrían paso por el pasillo central…

La alegría que nace de saberse amado por Dios

La celebración fue larga, muy larga… más de tres horas, pero es que tanto la procesión de entrada como la de salida, así como el momento de la comunión duraron mucho tiempo: ¡éramos muchos! Pero nunca se respiró impaciencia, nervios, prisas… el ambiente general era de una grandísima piedad y alegría.

Es el primer obispo estadounidense beatificado y constituye también todo un testimonio para los influencers de hoy. El obispo Sheen también evangelizó a través de la televisión y la radio, llegando a más de 30 millones de espectadores cada semana, y siempre vivió esta misión con una profundísima humildad y con la convicción de que se trataba de una gracia de Dios.

El Cardenal Tagle, con su típico desdén chistoso pero profundo describió perfectamente la vida y obra de este hombre de Dios… Beatificar es señalarle como una persona beata, feliz, alegre… y eso es exactamente lo que es un misionero: una persona alegre, no por no tener que llevar la cruz cada día, sino porque está unido al Señor y la alegría le viene no de no tener dificultades, sufrimientos o cruces… sino de saberse amado por Dios y de saberse parte del plan de salvación de Dios. Su alegría viene de su íntima relación con el Señor. Cada día dedicaba una hora a la adoración ante el Santísimo… era su alimento, era su fuerza, era su vida.

Más de 50.000 personas abarrotaron el recinto

Más de 50.000 personas abarrotaron el recintoEWTN

Y la misión… le ardía el corazón en deseos de llevar a Cristo a las almas, especialmente a los que lo habían abandonado, no lo conocían o… ¡lo habían rechazado! Quería hablar de Dios, quería hablar de su mensaje de salvación. El Evangelio era el fundamento de sus palabras siempre, que siempre contaban con anécdotas o pequeñas bromas que hacían fácil seguir sus discursos, pero que no disminuían su profundidad espiritual ni su hondura teológica.

A este impresionante acto habíamos sido invitados algunos directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias, porque el nuevo beato lo fue durante 16 años, desde 1950 hasta 1966. Compartimos nuestra forma de trabajar con el personal de las Obras Misionales Pontificias de los Estados Unidos, que es la nación que más dinero recauda para que el Papa pueda distribuirlo entre los países que dependen del Dicasterio para la Evangelización. Allí estábamos los representantes de las OMP de Albania, Inglaterra, Francia, Kenia, Sudáfrica, Colombia, Ecuador, Sri Lanka, Japón… ¡y España! Que participamos en tertulias, charlas y encuentros sobre la figura y la obra de este gran hombre, que ya es beato.

Y yo pedí al Señor que los que hoy nos ocupamos de esta tarea misionera en los 129 países donde las OMP están presentes, crezcamos en el ardor, entusiasmo y grandeza de ánimo, y seamos capaces de contagiarlo entre nuestra gente.

José María Calderón es director de Obras Misionales Pontificias. Se licenció en Teología y se ordenó como sacerdote el 13 de mayo de 1989.

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