Fundado en 1910

Carlos Miguel Buela fue un sacerdote católico argentino. En 1984, Buela fundó la orden religiosa Instituto del Verbo Encarnado

El Vaticano confirma la responsabilidad penal del fundador del Verbo Encarnado por delitos contra el sexto mandamiento

Los tribunales eclesiásticos acreditan la certeza moral sobre la culpa del padre Carlos Miguel Buela. Los delegados pontificios piden diferenciar el carisma de las acciones del fundador e inician un proceso de purificación

Los Delegados Pontificios para el Instituto del Verbo Encarnado (IVE) y las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará (SSVM) convocaron el pasado 14 de septiembre en Roma a los superiores y superioras provinciales de ambas instituciones. El encuentro, en el que participaron responsables del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, tuvo como objetivo trasladar formalmente las resoluciones judiciales de la Santa Sede respecto a su fundador.

Durante la reunión se comunicó que tanto el Tribunal Penal Especial de primera instancia como el de Apelación alcanzaron la certeza moral sobre la responsabilidad penal del sacerdote Carlos Miguel Buela. Las instancias judiciales de la Iglesia dictaminaron su autoría en la comisión de un delito contra el sexto mandamiento, perpetrado con violencia contra varias personas, en virtud del canon 1395 § 2 del Código de Derecho Canónico.

Justicia a las víctimas y transparencia institucional

Según el comunicado oficial, la clarificación de los hechos busca «restablecer la verdad como un acto de justicia» hacia las personas perjudicadas por la conducta del sacerdote. Del mismo modo, la decisión responde al deber de informar adecuadamente a los miembros de ambos institutos sobre la situación canónica del fundador.

El documento –firmado por los delegados pontificios, monseñor José Antonio Satué Huerto y la hermana Clara Echarte Oñate, junto a la prefecta del dicasterio vaticano, Simona Brambilla–, señala los pasos a seguir por las comunidades religiosas.

A partir de esta resolución, la Santa Sede promueve un camino de relectura del carisma, así como de revisión, renovación y purificación de la espiritualidad, la formación y el apostolado. En este sentido, las autoridades pontificias subrayan la importancia de distinguir entre el don del Espíritu concedido para la edificación de la Iglesia y las limitaciones o actuaciones personales del fundador.