Fundado en 1910

Algunos de los mártires asesinados en Turón

La noche asturiana de 1934: el sangriento inicio de la persecución que se cobró 7.000 vidas de religiosos en España

En la noche del 8 de octubre de 1934, ocho hermanos de La Salle y un pasionista se convirtieron en las primeras víctimas in odium fidei de la Revolución de Asturias

En la noche del 8 de octubre de 1934, coincidiendo con el estallido revolucionario en la cuenca minera asturiana, la violencia contra la Iglesia cobró sus primeras víctimas mortales. Nueve religiosos —ocho Hermanos de las Escuelas Cristianas de San Juan Bautista de La Salle y un sacerdote pasionista— fueron ejecutados in odium fidei en la cuenca del Caudal. Aquel trágico episodio convirtió a los mártires de Turón en los pioneros de una dramática lista que superaría los 7.000 religiosos aniquilados durante la década de los 30 en territorio español.

La historia de esta comunidad educativa alberga un matiz de singular dramatismo y testimonio humano. Los religiosos desempeñaban su labor en el colegio Nuestra Señora de Covadonga de Turón, donde instruían gratuitamente a los hijos de las familias obreras de las minas. El respeto y la gratitud de los vecinos hacia los profesores eran tan profundos que los milicianos no encontraron a nadie que quisiera poner fin a sus vidas. Para llevar a cabo la ejecución, los piquetes tuvieron que acudir a las cercanas localidades de Mieres y Santullano en busca de ejecutores ajenos a la comunidad escolar de Turón.

Retrato de los nueve de Turón

Entre las víctimas que integraban el grupo se entrelazaban biografías de singular vocación y generosidad:

San Cirilo Beltrán (46 años): Nacido en Lerma (Burgos), era el director del colegio tras haber servido en diversos destinos educativos. Llevaba apenas un año al frente del centro de Turón cuando estallaron los acontecimientos.

San Marciano José (33 años): Natural de El Pedregal (Guadalajara). Tras sufrir en su juventud una grave infección de oídos que le dejó prácticamente sordo, no podía dedicarse a la docencia ordinaria y servía a sus hermanos en tareas auxiliares. Se trasladó a Turón meses antes para sustituir voluntariamente a un compañero que manifestaba temor ante el ambiente prebélico de las minas.

San Benito de Jesús (24 años): Nacido en Argentina de padres burgaleses, ostenta la significación histórica de ser el primer santo nacido en suelo argentino.

San Aniceto Adolfo (22 años): El más joven de la comunidad, procedente de Celada Marlantes (Cantabria). El mismo día del estallido de la revolución celebraba su vigésimo segundo cumpleaños.

San Inocencio de la Inmaculada (47 años): Sacerdote pasionista gallego, natural de Lugo, que se encontraba destinado en Mieres. Se ofreció a trasladarse a Turón para confesar a los alumnos y asistir espiritualmente a la comunidad, ignorando las advertencias de allegados que le aconsejaron no desplazarse por el peligro existente.

San Julián Alfredo (31 años), San Victoriano Pío (29 años), San Benjamín Julián (25 años) y San Augusto Andrés (24 años): Jóvenes docentes instruidos en la casa de Bujedo (Burgos) que completaban la plantilla dedicada al colegio asturiano.

Cincuenta y seis años después de su martirio, los nueve religiosos fueron beatificados por el Papa San Juan Pablo II en 1990 y elevados solemnemente a la santidad el 21 de noviembre de 1999.