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León XIV en una audiencia generalAFP

León XIV: «No hay mejor prevención contra las drogas que una buena familia»

El Papa reivindica la «iglesia doméstica» como el escudo más eficaz frente al drama de las adicciones en Hispanoamérica y propone cuatro «puentes» de colaboración institucional y pastoral

el Santo Padre León XIV ha abordado uno de los dramas más desgarradores que asolan a la juventud de nuestro tiempo: el flagelo de las adicciones. Ante los participantes del encuentro promovido por la Pontificia Comisión para América Latina, el Pontífice ha situado a la familia en el corazón de la respuesta social y comunitaria, pronunciando una verdad tan antigua como urgente: «No hay mejor prevención contra las drogas que una buena familia».

El foro, que ha contado con la colaboración del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Pontificia Academia para la Vida, ha servido de marco para que el Papa analice las adicciones como «un fenómeno complejo que pone de manifiesto el fracaso de un mundo deshumanizado».

Ante el sufrimiento de tantos jóvenes, León XIV ha afirmado que «nadie puede enfrentar solo el problema de las drogas» y, por ello, ha pedido una estrategia que conjugue la «prevención comunitaria, la atención científica, una justicia con rostro humano y un acompañamiento pastoral cercano». Su propuesta no es otra que la reconstrucción del tejido comunitario a través de la presencia y el cuidado constante.

Para articular esta respuesta, el Papa ha destacado la convergencia de estas cuatro vías de colaboración indispensables en este ámbito. Entre estas, León XIV ha querido precisar que la Iglesia no interviene en este ámbito con la pretensión de competir o suplantar el papel de las neurociencias, la psiquiatría o la salud pública, sino con la voluntad de «iluminarla desde el Evangelio» con una comprensión integral del ser humano.

El baluarte de la «iglesia doméstica»

El núcleo del discurso se ha centrado en la familia, institución transversal a todo el trabajo social y pastoral. Citando la constitución Lumen gentium del Concilio Vaticano II, el Santo Padre ha recordado que la familia es la «iglesia doméstica», el espacio sagrado «donde se cultura la vida, donde se la cuida y proyecta».

En un momento histórico marcado por la desestructuración social, el Papa ha lamentado el dolor de tantas «familias rotas» a causa de la violencia, la pobreza, la falta de oportunidades o el reclutamiento de menores por parte de redes criminales. Ante esta intemperie, León XIV ha invocado el magisterio de sus predecesores, recordando la llamada de San Juan Pablo II a hacer de la Iglesia «la casa y la escuela de la comunión», así como la exhortación del Papa Francisco a «tocar la carne sufriente de los demás».

El Pontífice ha concluido alocución formulando un vivo anhelo: que la Iglesia sea, en sí misma, la gran familia que acoja a quienes han quedado marginados a la orilla del camino. Evocando la figura del buen samaritano, León XIV ha exhortado a no «pasar de largo» ante el dolor ajeno. El Papa reclama una Iglesia «que se detiene, se acerca, se conmueve, unge las heridas, alimenta y se convierte en hogar».