León XIV saluda a la multitud desde el «Papamóvil» mientras recorre la avenida de los Campos Elíseos, con el Arco del Triunfo al fondo, de camino a la plaza de la Concordia, en el centro de París
«Prometen la luna y las estrellas, pero dejan el corazón vacío»: León XIV señala en París la gran adicción del siglo XXI
En una multitudinaria Misa en la Plaza de la Concordia, el Pontífice diseccionó las trampas con las que el hombre contemporáneo busca adormecer su angustia existencial y reivindicó la dignidad única de la persona: «Para Dios, ninguno de nosotros es un número de serie»
en una Plaza de la Concordia multitudinaria tras su recorrido en coche descubierto desde la Plaza Charles-de-Gaulle, el Papa León XIV pronunció en su homilía un certero diagnóstico espiritual e intelectual sobre el vacío existencial que atenaza a la sociedad occidental.
Durante la celebración de la Santa Misa votiva de la Virgen María, Fuente de la Salvación, el Santo Padre contrapuso la auténtica búsqueda de sentido del ser humano con los sedantes superficiales que ofrece la cultura del hiperconsumo y el entretenimiento.
Una fotografía tomada desde la azotea del Arco del Triunfo muestra a los fieles reunidos a lo largo de la Avenida de la Grande Armée, con el barrio de La Défense al fondo, para asistir a la misa solemne libre celebrada por el Papa León XIV en la Plaza de la Concordia
Del ocio anestésico a la verdadera sed
León XIV comenzó sus palabras a los fieles franceses situando la raíz del drama contemporáneo no en una carencia física, sino en una insatisfacción del espíritu. Apoyándose en el Evangelio según San Juan —«El que tenga sed, que venga a mí y beba»—, el Pontífice enfatizó que el ser humano no sufre principalmente de una sed material, sino de una imperiosa necesidad de verdad, comunión y plenitud.
«Hemos de reconocer que aquí en la tierra nada logra satisfacernos plenamente», aseveró el Papa con rotundidad ante miles de fieles. En su análisis, advirtió sobre la dinámica engañosa en la que cae la sociedad actual cuando intenta encubrir sus carencias interiores a través del consumo desenfrenado o la evasión constante.
Miles de fieles se aglutinan en la avenida de los Campos Elíseos, con el Arco del Triunfo al fondo
«Cuando creemos que por fin hemos terminado nuestro trabajo y que nuestros esfuerzos han sido recompensados, muy a menudo resurge el vacío interior, aún más profundo. Entonces, para llenarlo, es posible que busquemos nuevos placeres, que queramos poseer cosas nuevas, que hagamos todo lo posible por 'divertirnos' para no sentir ese malestar interior».
Así, León XIV denunció la proliferación de «esos pequeños ídolos tan numerosos que prometen la luna y las estrellas, pero dejan vacío nuestro corazón». Frente a la tentación de resignarse a satisfacciones inmediatas y bienes materiales, recordó la naturaleza esencial de la condición humana: «El ser humano es, en esencia, un ser de deseo y sólo Dios puede llenar ese vacío interior».
«Nadie es un número de identificación»
El Santo Padre también abordó la despersonalización del mundo contemporáneo. Frente a una cultura burocrática y tecnológica que reduce a la persona a métricas o datos, el Pontífice presentó la figura de Cristo como el Buen Pastor que conoce a cada uno por su nombre y sostiene a las ovejas cansadas o heridas. «Jesús revela el amor incondicional de Dios por nosotros. Para Él, ninguno de nosotros es un número en una identificación, ni un número de serie, sino una persona, una persona única e insustituible», aseguró.
Esta defensa intransigente del valor absoluto de la persona sirvió de cimiento para instar a los fieles a vivir en la verdad y mirar la propia existencia con lucidez. «Ciertamente nuestras vidas son frágiles, vulnerables, destinadas a atravesar la muerte, pero también son maravillosas, milagrosas, capaces de renovarse en sus relaciones y de abrirse al amor verdadero», remarcó.
Marine Le Pen (izquierda), candidata del partido Rassemblement National (RN) a las elecciones presidenciales francesas de 2027, y Jordan Bardella (derecha), presidente del RN, toman asiento al llegar para asistir a la Misa solemne
Una llamada a la Iglesia en Francia: irrigar una nación en sequía espiritual
Dirigiéndose a los católicos franceses como herederos de una vertiente histórica de santidad —citando desde los primeros mártires como Santa Blandina, San Potino y San Ireneo, hasta grandes figuras del episcopado y la caridad como San Martín de Tours, San Francisco de Sales, San Vicente de Paúl o Federico Ozanam—, León XIV reclamó un compromiso público e irrenunciable.
El Pontífice exigió a los bautizados romper con el repliegue intimista y desbordar su fe en la vida social. «No guardéis esta fe en Jesucristo sólo para vosotros, más bien dejen que se desborde para saciar y colmar a las personas con las que se encuentran», proclamó. «Os corresponde a vosotros llevar la esperanza allí donde reinan el desánimo y la sequía espiritual».
En la parte final de su homilía, el Papa dedicó palabras específicas a las familias que perseveran con valentía en su misión cotidiana, a los catecúmenos y especialmente a los jóvenes, a quienes definió sin ambages como «la Iglesia de hoy».