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El Papa saluda a los fieles congregados en la Plaza de San PedroAFP

Audiencia General

León XIV: «No es diluyendo contenidos y suavizando exigencias como se hace atractivo el cristianismo»

En su catequesis sobre la Constitución Gaudium et spes, el Pontífice advierte la separación entre fe y vida diaria como uno de los errores más graves de la época y urge a no ceder ante las modas culturales

En la Audiencia General celebrada este miércoles, festividad de la Virgen del Rosario, el Papa retomó la reflexión sobre la Constitución conciliar Gaudium et spes para profundizar en la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Durante su intervención, el Pontífice recordó que la Iglesia no se sitúa «por encima de» o «junto» al mundo, sino que se encuentra plenamente «injertada en él».

Evocando las palabras de San Agustín —Mundus reconciliatus Ecclesia [«La Iglesia es el mundo reconciliado»]—, el Santo Padre subrayó que la comunidad eclesial camina en la historia compartiendo con el mundo tanto su fragilidad como su belleza. Asimismo, señaló que este «entrelazamiento de vida con los pueblos» exige asumir una responsabilidad sobre la forma en que se configuran las relaciones sociales.

Frente a la lógica del consumo y la manipulación

En un contexto social dominado por «la lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información», el Papa advirtió sobre la presión indebida que pretende reducir la existencia al mero consumo de bienes materiales. Frente a esta inercia, insistió en que la primera misión de la Iglesia es acompañar a las personas ante las «preguntas profundas de la vida» sobre el origen, el destino y el sentido del amor y del dolor, recordando que «nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto».

El Santo Padre aclaró además que, aunque la fe contribuye a la edificación de la sociedad, los métodos y fines de la Iglesia «no son principalmente de carácter político», sino que descansan en «el testimonio de la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la fraternidad». En esta línea, remarcó que el creyente no puede aceptar la opresión de los pobres ni aquellas estructuras injustas que perpetúan condiciones de dependencia.

El grave error de separar la fe de la vida cotidiana

El Pontífice hizo un llamamiento particular a la responsabilidad de los fieles laicos, llamados a impregnar la familia y el trabajo con la visión del Evangelio. En este sentido, alertó con vehemencia de que la separación entre la fe que se profesa y la conducta diaria «debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época». Para que la evangelización sea eficaz, urgió a cada bautizado a buscar una fe viva que se traduzca en comportamientos coherentes.

Al abordar el discernimiento de las realidades contemporáneas, el Papa pidió mantener un ánimo equilibrado y «libre de las modas culturales», tomando siempre la Palabra de Dios y la Tradición como supremo criterio de discernimiento. En este punto, hizo una defensa de la integridad de la doctrina al subrayar que «ciertamente, no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo».

Por eso, el Santo Padre recordó que la Iglesia «sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad». Una meta que, como enfatizó citando a San Pablo VI, requiere ante todo la santidad personal: «Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e infecunda».