El cardinal Víctor Manuel Fernández, prefecto de Doctrina de la Fe
Las cuatro impactantes conversiones que el Vaticano ha citado para mostrar cómo Dios transforma vidas
El dicasterio para la Doctrina de la Fe publica Venite ad me, un documento que analiza los desafíos actuales en la transmisión de la fe durante un periodo de profunda transformación cultural y global
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha hecho público el documento Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, un texto encargado originalmente por el Papa Francisco y posteriormente ratificado y aprobado por el Papa León XIV. Firmado por el prefecto del Dicasterio, el cardenal Víctor Manuel Fernández, y por el secretario para la Sección Doctrinal, monseñor Armando Matteo, el documento, tal y como se señala, no se plantea como una fría «Nota doctrinal», sino como un conjunto de «Consideraciones» orientadas a estimular la reflexión y el compromiso eclesial ante uno de los retos más urgentes del cristianismo contemporáneo.
El punto de partida del texto es que la transmisión de la fe de generación en generación se ha visto profundamente alterada o interrumpida en numerosas regiones del mundo. Como subraya el documento citando intervenciones del Pontífice, «la evangelización debe enfrentarse hoy, de manera particular, también a las condiciones y dinámicas cambiadas en la transmisión de la fe de generación en generación».
Secularización, individualismo y revolución digital
El Vaticano sitúa esta crisis en el marco de un auténtico «cambio de época», un concepto que abarca transformaciones culturales, sociales y antropológicas globales. Entre los factores determinantes, el documento destaca la fase avanzada de secularización, el auge del individualismo radical y la irrupción de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial.
- El virus del individualismo: El texto advierte sobre la «soberanía del yo» y cita la encíclica Fratelli tutti: «El individualismo no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. [...] Pero el individualismo radical es el virus más difícil de vencer».
- Fin de la inercia familiar: En Europa, Hispanoamérica y otras latitudes, «ha dejado de existir una especie de 'automatismo' en la transmisión de la fe». La fe ya no se hereda como un hábito sociocultural indiscutible.
- El desafío digital y la IA: La omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez. Respecto a la inteligencia artificial, el Santo Padre señala que «el desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico», al alterar las formas de comunicación y de relación interpersonal.
Frente a esta quiebra de la transmisión tradicional, la respuesta vaticana no es el repliegue ni la mera conservación institucional, sino recomenzar desde el núcleo vivo del Evangelio: el kerygma.
«No se comienza a ser cristiano por una idea»
El documento insiste en que la fe no se comunica primordialmente como una doctrina abstracta o «un conjunto de contenidos doctrinales o de información religiosa, sino como una forma de vida eclesial». Recordando la célebre afirmación de Benedicto XVI, se subraya que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona».
Por ello, el anuncio cristiano debe realizarse por atracción y no por proselitismo: «La Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por 'atracción': como Cristo «atrae a todos a sí» con la fuerza de su amor [...] así la Iglesia cumple su misión». El corazón de este primer anuncio o kerygma resuena de forma constante: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte».
Uno de los capítulos está dedicado al papel de la familia como primer e insustituible «tabernáculo» de la fe. Retomando palabras del Papa Francisco y de León XIV, la Doctrina de la Fe recuerda que la experiencia creyente se comunica en la cotidianidad del hogar: «La transmisión de la fe se puede hacer solo 'en dialecto', en el dialecto de la familia, en el dialecto de papá y mamá, del abuelo, de la abuela».
El ejemplo de los padres
También la nota ilustra este principio con el emotivo testimonio del jesuita Aimé Duval sobre su infancia: la imagen de su padre cansado arrodillándose tras el trabajo del campo o la de su madre rezando con el benjamín en brazos: «Las manos de mi padre, los labios de mi madre, son estas cosas las que me han enseñado sobre el buen Dios más que el catecismo».
Asimismo, ante la desconexión de muchos adultos bautizados, la Santa Sede urge a impulsar una pastoral de adultos, entendiendo que difícilmente los padres podrán transmitir a sus hijos aquello que ellos mismos no viven.
Para que el mensaje califique en las nuevas generaciones, el Vaticano pide revisar profundamente las formas de la catequesis y del discurso eclesial. Se insta a evitar lenguajes fríos, «escolásticos», «dogmáticos» o «moralistas», privilegiando en su lugar «el idioma de la proximidad, el lenguaje del amor desinteresado, relacional y existencial que toca el corazón».
Se trata de ofrecer un anuncio «performativo», que no imponga la verdad, sino que apele a la libertad y a la alegría, respetando la «jerarquía de las verdades» de la doctrina católica.
El documento desgrana diversas vías concretas para suscitar la experiencia de fe en la comunidad:
1. Liturgia viva (lex orandi, lex credendi): La liturgia no es un mero marco ritual, sino una experiencia donde la fe se transmite de forma participativa y comunitaria.
2. La via pulchritudinis (arte y música): Se destaca el papel de la belleza como puente hacia lo trascendente. Citando al Pontífice, «la música es como un puente que nos lleva a Dios. Es capaz de transmitir sentimientos [...] transformándolos en una escalera ideal que conecta la tierra y el cielo».
3. El valor de la piedad popular y las cofradías: Frente al individualismo, las peregrinaciones y las cofradías religiosas —especialmente en países como España— se están convirtiendo en una inesperada «puerta de entrada a la Iglesia para muchos jóvenes».
4. Testimonio y caridad: La santidad en lo cotidiano, la cercanía a los enfermos y la opción preferencial por los pobres otorgan una credibilidad insustituible al anuncio del Evangelio.
Transmitir la luz recibida
El capítulo final recopila testimonios anónimos procedentes de conferencias episcopales de distintos países que reflejan la vigencia de la gracia y su capacidad para transformar vidas. Entre las historias destaca la de un joven belga de 17 años que, tras caer en la adicción al alcohol y sufrir desengaños amorosos, experimentó un impacto que describe como una «descarga eléctrica» y un consuelo al tropezar con una oración mientras navegaba por TikTok. Aunque acudía a la Iglesia solo por tradición y respeto a sus abuelos, sintió que Jesús le hablaba personalmente, transformando por completo su complicación vital en serenidad.
Por otro lado, un excriminal colombiano que ingresó a los 13 años en bandas armadas, delinquió, vendió drogas y acabó durmiendo en la calle, logró sanar en una fundación cristiana que no utilizaba terapias de choque ni fármacos, sino la Eucaristía, el Rosario y la lectio divina; tras un proceso de oración, superó la soberbia, sanó sus heridas internas y pasó a trabajar como educador y misionero acompañando a otros jóvenes en adicción.
A ellos se suma el testimonio de un estudiante suizo de neurobiología, criado en una familia estrictamente atea donde lo cartesiano era la norma. Su despertar espiritual comenzó al sentir plenitud escuchando una pieza de Chopin y contemplando el mar desde las montañas de Crimea, alcanzando la certeza de la fe al cruzar las puertas de la catedral de Chartres. Venciendo el miedo al rechazo y a las burlas habituales en los círculos científicos, comenzó a rezar y acudir a misa en solitario hasta ser acogido por la comunidad eclesial.
El segundo bloque de testimonios muestra cómo la gracia abre caminos en entornos de privación, dolor o culturas no cristianas. En las cárceles de Canadá, un capellán explica cómo la reclusión lleva a los presos a confrontar sus culpas y el sentido de su vida; en ese contexto, la petición del bautismo surge como la búsqueda de un verdadero reinicio existencial al descubrir la imagen de un Dios que perdona y levanta mediante la escucha atenta de la pastoral presidiaria. En el terreno familiar, un padre de familia en Chile que se había declarado ateo y llevaba cinco años sumido en un dolor inconsolable por la muerte de su madre, acudió por compromiso a las reuniones de catequesis de su hija menor; allí, durante la Eucaristía, vivió un inesperado reencuentro con Cristo resucitado que le devolvió la paz.
Finalmente, los relatos asiáticos reflejan el poder de la caridad y los lazos afectivos: en Japón, un hombre alejado de la fe que se acercó a la Iglesia solo para casarse con su esposa católica, decidió bautizarse años después tras el nacimiento de su hijo al replantearse qué valores deseaba transmitirle en el hogar; mientras que un joven vietnamita de familia budista que emigró a Malasia para aprender inglés descubrió el cristianismo gracias a unos voluntarios filipinos que impartían clases gratuitas. Su generosidad y la proyección de un vídeo sobre la Pasión de Cristo le llevaron a iniciar el catecumenado, afirmando sentirse ahora más fuerte ante los reveses de la vida
El documento concluye con una evocadora imagen litúrgica: la procesión del cirio pascual en la Vigilia Pascual. A partir de una sola llama, la luz de Cristo se transmite de vela en vela hasta iluminar todo el templo: «A nosotros, los creyentes, ya se nos ha concedido el don de encontrar la luz [...]. Ahora nos toca a nosotros transmitir ese mismo don a los hombres y mujeres de nuestro tiempo».