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Un nuevo estudio vincula la placenta con la evolución de la inteligencia humana
El trabajo sugiere que estas conexiones podrían estar en las hormonas esteroides sexuales producidas antes del nacimiento, y en cómo estas influyen en la configuración del cerebro y del comportamiento
Una nueva hipótesis desarrollada por científicos de las universidades de Cambridge y Oxford sugiere que la placenta y las hormonas sexuales que produce durante la gestación podrían haber sido fundamentales en la evolución del cerebro humano y en el desarrollo de comportamientos sociales complejos. Esta propuesta ha sido publicada recientemente en la revista Evolutionary Anthropology.
El doctor Alex Tsompanidis, del Centro de Investigación del Autismo de la Universidad de Cambridge, afirma: «Pequeñas variaciones en los niveles prenatales de hormonas esteroides, como la testosterona y el estrógeno, pueden predecir la tasa de aprendizaje social y cognitivo en los bebés e incluso la probabilidad de padecer afecciones como el autismo». Este hallazgo llevó al equipo a explorar el papel de dichas hormonas en el desarrollo evolutivo de la especie humana.
El profesor Robin Dunbar, biólogo evolutivo de Oxford y coautor del estudio, añade: «Sabemos desde hace mucho tiempo que vivir en grupos sociales más grandes y complejos se asocia con un aumento del tamaño del cerebro. Sin embargo, aún desconocemos qué mecanismos podrían vincular estas adaptaciones conductuales y físicas en los humanos».
El trabajo sugiere que estas conexiones podrían estar en las hormonas esteroides sexuales producidas antes del nacimiento, y en cómo estas influyen en la configuración del cerebro y del comportamiento. A través de investigaciones con «minicerebros» cultivados en laboratorio, se ha observado que la testosterona puede aumentar el tamaño cerebral, mientras que los estrógenos favorecen la conectividad entre neuronas.
En humanos y otros primates, la placenta regula tanto el embarazo como el suministro de nutrientes, pero también coordina la producción hormonal entre madre y feto. El profesor Graham Burton, de la Universidad de Cambridge, señala: «La placenta regula la duración del embarazo y el aporte de nutrientes al feto, ambos cruciales para el desarrollo del cerebro, característico de nuestra especie».
Además, la transformación de testosterona en estrógenos mediante la enzima aromatasa, más activa en humanos que en otras especies, podría haber facilitado la reducción de diferencias sexuales marcadas y favorecido la cooperación social.
El profesor Simon Baron-Cohen concluye que esta hipótesis amplía décadas de investigación sobre los esteroides prenatales al sugerir que podrían haber sido clave en la evolución de las capacidades cognitivas humanas.