Una pareja de ancianos durmiendoGetty Images | Ulza

Esta es la temperatura ideal para dormir si tienes más de 65 años

En invierno mantener una temperatura constante en el hogar es tarea casi imposible. Normalmente, existe un termostato de día y de noche para favorecer las horas de sueño frente a las de vigilia. Los profesionales de la salud explican que la temperatura ambiente afecta a los ciclos de sueño. Estar expuestos altas temperaturas de noche reduce tanto la fase de sueño profundo como la fase REM por contra, una exposición a corto plazo al frío, afecta principalmente a la fase REM y provoca un sueño más inquieto.

Un estudio de la Universidad de Harvard en adultos mayores de 60 años concluyó que para dormir correctamente había la temperatura en el dormitorio debía estar entre los 20 °C y los 25 °C con una caída clínicamente relevante del 5 al 10 % en la eficiencia del sueño cuando la temperatura aumentó de 25 °C a 30 °C.

Ahora, un nuevo trabajo de la Universidad Griffith, publicado en Medicina BMC, acota aún más la temperatura ideal a partir de los 65 años. El Dr. Fergus O'Connor, de la Escuela de Salud Aliada, Deporte y Trabajo Social de Griffith, evaluó el efecto del aumento de las temperaturas de los dormitorios durante la noche sobre la frecuencia cardíaca y las respuestas al estrés en adultos mayores. En su estudio concluyó que mantener una temperatura de 24 °C en el dormitorio durante la noche mientras se duerme reduce las respuestas al estrés en los adultos mayores: «Para las personas de 65 años o más, mantener la temperatura del dormitorio a 24 °C durante la noche redujo la probabilidad de experimentar respuestas de estrés intensificadas durante el sueño», dijo el Dr. O'Connor.

Descansar en un entorno adecuado mejora la salud cardíaca en mayores, según un estudio

Cuando el cuerpo humano está expuesto al calor, su respuesta fisiológica normal es aumentar la frecuencia cardíaca: «El corazón está trabajando más duro para intentar hacer circular sangre hacia la superficie de la piel para enfriarla» y añade: «Sin embargo, cuando el corazón trabaja más duro y durante más tiempo, crea estrés y limita nuestra capacidad de recuperarnos de la exposición al calor del día anterior».

Los participantes del estudio usaron rastreadores de actividad física en su muñeca no dominante, y la temperatura del dormitorio se controló a través de sensores de temperatura instalados durante todo el período de recopilación de datos del verano australiano.

Los datos del estudio proporcionaron la primera evidencia en el mundo real del efecto que tiene el aumento de la temperatura del dormitorio sobre la frecuencia cardíaca y las respuestas al estrés.

«El cambio climático está aumentando la frecuencia de noches calurosas, lo que puede contribuir de forma independiente a la morbilidad y mortalidad cardiovascular al perjudicar el sueño y la recuperación autónoma», dijo el Dr. O'Connor.

«Si bien existen pautas para la temperatura interior máxima durante el día, 26 °C, no existen recomendaciones equivalentes para las condiciones nocturnas».

Qué sucede si se duerme mal

Los adultos mayores suelen enfrentarse con frecuencia a dificultades relacionadas con el descanso nocturno, caracterizadas por un sueño fragmentado, poco reparador o insuficiente. Esta problemática repercute negativamente en diversos aspectos de su salud integral y bienestar diario.

Entre los efectos más significativos de este tipo de sueño inadecuado se encuentran los déficits en la función cognitiva y física. La capacidad de concentración, la memoria y la agilidad mental se ven mermadas cuando el sueño no alcanza una calidad mínima, al tiempo que también se reduce la energía necesaria para afrontar las actividades cotidianas, lo que incide en una mayor fatiga y en una disminución del rendimiento físico general.

El estado de ánimo y el equilibrio emocional tampoco escapan a estas consecuencias. La falta de un sueño reparador se ha relacionado con el incremento de episodios de irritabilidad, sentimientos de tristeza y dificultades para gestionar el estrés.

De este modo, los adultos mayores con sueño deficiente pueden experimentar una menor capacidad para afrontar situaciones adversas o estresantes, lo que afecta su calidad de vida emocional y sus relaciones personales.

En paralelo, la productividad personal también puede verse comprometida. Quienes duermen mal tienden a mostrar una menor eficacia en sus tareas diarias, tanto si se trata de responsabilidades domésticas como de actividades de ocio o voluntariado, ámbitos en los que muchos mayores continúan implicados de forma activa.

Asimismo, existen importantes implicaciones sobre la salud física. En particular, se ha constatado que el sueño insuficiente puede dificultar el control adecuado de enfermedades crónicas como la diabetes, al alterar los ritmos metabólicos y hormonales que regulan los niveles de glucosa. Igualmente, un descanso perturbado incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, al favorecer procesos inflamatorios, descompensar la presión arterial y alterar el ritmo cardíaco.