Dormir muy poco o demasiado puede actuar como indicador de peor salud generalGetty Images/iStockphoto

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Ni menos de 6 horas ni más de 8: las horas de sueño también envejecen el cuerpo

Dormir muy poco o demasiado puede actuar como indicador de peor salud general

dormir muy pocas horas, o por lo contrario demasiadas, podría acelerar el envejecimiento biológico de distintos órganos del cuerpo, incluido el cerebro, el corazón, los pulmones y el sistema inmunitario. Así lo sugiere una investigación publicada en la revista científica Nature y liderada por científicos de la Universidad de Columbia.

«El sueño está estrechamente relacionado con el envejecimiento y la carga patológica del cerebro. Nuestro estudio va más allá y muestra que tanto la falta como el exceso de sueño se asocian con un envejecimiento más rápido en casi todos los órganos», explica Junhao Wen, profesor adjunto de radiología en el Colegio de Médicos y Cirujanos Vagelos.

El trabajo se basa en el análisis de los llamados «relojes biológicos», herramientas desarrolladas mediante inteligencia artificial capaces de estimar el ritmo de envejecimiento de una persona a partir de datos biológicos como proteínas, metabolitos o imágenes médicas.

Aunque la mayoría de estos relojes evalúan el envejecimiento global del organismo, los investigadores recuerdan que cada órgano envejece a un ritmo distinto. Según explican en un comunicado, el equipo de Wen ha desarrollado modelos específicos para distintos sistemas corporales con el objetivo de obtener información más precisa sobre el deterioro biológico.

«Todos estamos entusiasmados con estos relojes biológicos y su capacidad para predecir el riesgo de enfermedades y mortalidad», señala Wen. «Pero la pregunta más interesante es si podemos relacionarlos con factores modificables del estilo de vida que permitan ralentizar el envejecimiento».

Para ello, los investigadores utilizaron datos de cerca de medio millón de participantes del Biobanco del Reino Unido. Mediante aprendizaje automático, construyeron 23 relojes biológicos capaces de medir el envejecimiento en 17 sistemas orgánicos diferentes.

Los modelos incorporaron múltiples tipos de información, desde imágenes médicas hasta proteínas y moléculas específicas de órganos como el hígado, el cerebro o el tejido adiposo.

Patrón en forma de U

Al comparar estos indicadores biológicos con las horas de sueño declaradas por los participantes, los investigadores observaron un patrón en forma de U: tanto dormir poco —menos de seis horas— como dormir demasiado —más de ocho horas— se asociaba con un envejecimiento acelerado.

El menor envejecimiento biológico se registró entre quienes dormían entre 6,4 y 7,8 horas diarias

Los autores aclaran que el estudio no demuestra que la duración del sueño cause directamente el envejecimiento de los órganos, pero sí apunta a que dormir muy poco o demasiado puede actuar como indicador de peor salud general.

La investigación también encontró asociaciones entre la falta de sueño y distintos problemas de salud. Entre ellos destacan los episodios depresivos y los trastornos de ansiedad, además de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, cardiopatía isquémica y arritmias.

Tanto la falta como el exceso de sueño se relacionaron además con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, asma y trastornos digestivos como gastritis o reflujo gastroesofágico.

«El patrón general de conexión entre el cerebro y el cuerpo es importante porque nos indica que la duración del sueño forma parte de toda nuestra fisiología, con implicaciones de gran alcance en el organismo», afirma Wen.

Sueño y depresión en la tercera edad

El estudio profundizó también en la relación entre sueño y depresión en la tercera edad. Los análisis sugieren que dormir poco podría influir directamente en la gravedad de la depresión, mientras que dormir demasiado actuaría a través de alteraciones en los ritmos circadianos del cerebro y del tejido adiposo.

«Puede haber diferentes vías biológicas entre quienes duermen mucho y quienes duermen poco que conducen al mismo resultado, la depresión en la tercera edad, y no deberíamos tratarlas de la misma manera», concluye el investigador.