Pirámide nutricional de EE.UU.realfood.gov

La nueva pirámide alimentaria de EE. UU., bajo la lupa de los médicos: ¿es realmente saludable?

Un comité de médicos afirma que se habrían priorizado intereses industriales sobre criterios científicos

Con la llegada de 2026, el Departamento de Salud de Estados Unidos, sorprendió al mundo al dar la vuelta a la pirámide nutricional clásica para favorecer la carne roja y otras proteínas animales.

De esta forma, el departamento del polémico Robert F. Kennedy Jr. ha cambiado el modelo de alimentación de los ciudadanos modificando las guías alimentarias, dejando de lado el modelo de «Mi Plato» de 2011 frente a una nueva pirámide nutricional.

En el documento publicado, Guía Alimentaria para estadounidense 2025-2030 se afirma que los hogares deben priorizar dietas basadas en alimentos integrales y ricos en nutrientes. Junto con una reducción drástica de los alimentos altamente procesados cargados de carbohidratos refinados, azúcares añadidos, exceso de sodio, grasas no saludables y aditivos químicos.

Los seis ejes básicos de esta nueva pirámide parte de priorizar alimentos ricos en proteínas, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y granos enteros. Mientras recomienda un consumo de 1.2–1.6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal.

Los nutricionistas sugieren consumir tres porciones de lácteos al día y limitar el consumo de azúcares añadidos. Al tiempo que se deben incluir alimentos fermentados y ricos en fibra para mantener la salud intestinal y evitar los alimentos altamente procesados y las bebidas azucaradas. Se recomienda limitar el sodio y el consumo de alcohol para mejorar la salud general.

Guía Alimentaria para estadounidense 2025-2030

Qué opinan los expertos

Un artículo publicado recientemente en la revista médica JAMA ha puesto en entredicho estas nuevas Guías Alimentarias, al considerar que otorgan un protagonismo injustificado a la carne, los productos lácteos y las grasas poco saludables, en detrimento de la salud pública.

El texto, titulado «Cuando se ignora la ciencia nutricional / Costo potencial para la salud pública de las Directrices alimentarias de 2025», expresa preocupación por el aparente desvío de las recomendaciones científicas formuladas por el Comité Asesor.

Dicho comité había subrayado la necesidad de limitar el consumo de carne, azúcares añadidos y alimentos ricos en sodio, al tiempo que recomendaba incrementar la presencia en la dieta de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y proteínas de origen vegetal. Sin embargo, las guías finalmente publicadas no solo pasaron por alto estas orientaciones, sino que, según aseguran en la publicación de JAMA, habrían priorizado intereses industriales sobre criterios científicos.

«Esto va más allá de una preocupación científica: representa un retroceso en las políticas de salud pública basadas en la evidencia», denuncia el artículo. Según los autores, el patrón alimentario actualmente promovido –alto en sodio, grasas saturadas, alimentos fritos, cereales refinados, proteínas animales, colesterol y azúcares añadidos– constituye la principal causa de mortalidad y discapacidad en Estados Unidos, por encima incluso del tabaquismo y del sedentarismo.

En ese sentido, los firmantes reclaman que las futuras versiones de estas directrices se alineen rigurosamente con la evidencia científica disponible. Si por alguna razón se apartan de ese camino, añaden, debería exigirse una justificación clara, así como la revelación de posibles influencias comerciales o políticas en su elaboración.

Mientras se resuelve este conflicto, el artículo hace un llamamiento a la comunidad médica, a los sistemas de salud y a las organizaciones sociales para que mantengan firmemente el respaldo a la ciencia nutricional. «Las dietas ricas en cereales integrales, frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas son fundamentales para la salud cardiovascular y metabólica, y se ha demostrado que reducen la inflamación sistémica e influyen favorablemente en la composición y la función del microbioma intestinal», señala el comentario.

Entre los autores del texto se encuentra el doctor Neal Barnard, presidente del Comité de Médicos por una Medicina Responsable, quien sostiene que las guías publicadas deberían ser reescritas. «Tal como están redactadas actualmente», advierte, «las Guías Alimentarias promueven peligrosamente los productos animales, la principal causa de enfermedades crónicas. Deben ser revisadas para eliminar la influencia de la industria y ajustarse a la ciencia, que demuestra que la dieta más saludable es la que se centra en las plantas».

Piden la retirada de la guía

El Comité de Médicos ha dado un paso más y, el pasado 8 de enero, presentó una petición formal ante las Oficinas del Inspector General del Departamento de Salud y Servicios Humanos y del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. En ella solicitaban la retirada y posterior reedición de las Guías Alimentarias 2025-2030, basándose en lo que califican como una influencia industrial «desenfrenada». Denuncian que, de los nueve autores del informe científico en el que se basan las directrices, al menos siete mantenían vínculos económicos con la industria alimentaria, concretamente con entidades como la Asociación Nacional de Ganaderos de Carne de Res, el Consejo de la Carne de Res de Texas, General Mills, el Consejo Nacional de Productos Lácteos y la Junta Nacional de la Carne de Cerdo, entre otras.

La controversia en torno a estas guías alimentarias reabre el debate sobre el papel de las grandes industrias en la formulación de políticas públicas de salud, así como la necesidad de una transparencia efectiva en procesos que afectan directamente al bienestar de millones de personas.