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Alimentación

Por qué los anacardos se venden siempre pelados y tostados

El pelado y el tostado son pasos necesarios para que el producto final resulte seguro

Los frutos secos como nueces, anacardos o cacahuetes se han consumido durante miles de años y proporcionan una fuente concentrada de energía y nutrientes, que incluyen grasas no saturadas, fibra, vitaminas y minerales.

Por su interesante perfil nutricional, algunos estudios han evaluado el impacto que tienen los frutos secos en la salud y han observado una asociación inversa entre la frecuencia de consumo de frutos secos y las enfermedades cardiovasculares (ECV), diabetes tipo 2 y peso corporal.

En los estantes del supermercado es frecuente encontrar estos alimentos, tanto pelados como con cáscara, fritos y al natural; sin embargo, existe un fruto seco que siempre se vende sin cáscara y con un mínimo de tueste. Se trata del anacardo. La explicación científica es sencilla.

Dentro de la cáscara que los recubre, están impregnados de urushiol, un aceite extremadamente tóxico que, con el simple contacto, puede provocar reacciones alérgicas de considerable gravedad. Se trata del mismo compuesto que se encuentra en la hiedra venenosa y, por lo tanto, es necesario deshacerse por completo antes de que el alimento pueda manipularse o comerse con seguridad.

Pelados y tostados

Esa es la razón por la que los anacardos no se comercializan en su forma natural, tal y como salen originalmente de la cáscara. Siempre se ponen a la venta pelados y tostados, precisamente para garantizar que no quede ningún resto de ese aceite peligroso.

El proceso previo resulta indispensable, ya que no basta con retirar la cáscara sin más: es necesario aplicar tratamiento para eliminar bien cualquier vestigio de urushiol y evitar así riesgos innecesarios.

Por eso tampoco es habitual encontrar anacardos verdaderamente crudos en el mercado. Aunque en algunas ocasiones se presenten como si lo fueran, en realidad no lo son del todo. Incluso aquellos que se anuncian de ese modo han pasado siempre por algún grado de tostado, aunque sea mínimo. Esa ligera exposición al calor no responde a una cuestión de sabor o textura únicamente, sino a una necesidad básica de seguridad alimentaria: suprimir cualquier posible resto de urushiol que pudiera permanecer adherido.

En otras palabras, el pelado y el tostado no son pasos accesorios, sino medidas necesarias para que el producto final resulte seguro.