El efecto que tiene sobre la digestión beber agua durante las comidasGetty Images

La razón científica por la que no deberías beber agua durante las comidas

Beber agua mientras comes sigue generando debate

Beber agua antes o durante las comidas suele recomendarse como una estrategia sencilla para controlar el apetito. La teoría es conocida: el agua llena el estómago, aumenta la sensación de saciedad y ayuda a comer menos. Sin embargo, una nueva investigación de la Universidad de Cornell pone en duda esta creencia.

El estudio, publicado en la revista Appetite, no encontró evidencias de que beber agua durante la comida reduzca la cantidad de alimentos ingeridos. De hecho, los resultados apuntan en la dirección contraria.

Los investigadores observaron que, por cada 100 gramos adicionales de agua que bebían los participantes, consumían, de media, unos 39 gramos más de comida, lo que equivale aproximadamente a 49 calorías extra. Además, quienes alternaban con mayor frecuencia un bocado de comida y un sorbo de agua tendían a comer todavía más.

¿Por qué podría ocurrir?

Los autores plantean que este efecto podría explicarse por un fenómeno conocido como saciedad sensorial específica, el proceso por el que un alimento va perdiendo atractivo a medida que se consume.

Alternar constantemente comida y agua podría «reiniciar» parcialmente esa sensación, haciendo que el alimento siga resultando apetecible durante más tiempo y retrasando el momento en el que aparece la saciedad.

«Se ha difundido ampliamente la idea de que beber agua nos sacia», afirma Paige Cunningham, profesora adjunta de la División de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Cornell y autora principal del estudio. «Pero el agua se vacía rápidamente del estómago, por lo que probablemente no nos sacia por mucho tiempo. En cambio, el agua puede aumentar la cantidad de comida que ingerimos, ya que proporciona lubricación, lo que puede acelerar la ingesta, y previene la sequedad bucal, lo que puede prolongar el disfrute de la comida».

Un resultado inesperado

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron los datos de dos estudios previos realizados con 86 adultos. Los participantes podían comer libremente platos como chili con carne o pollo tikka masala mientras eran grabados en vídeo para registrar cada bocado y cada sorbo de agua.

El agua puede aumentar la cantidad de comida que ingerimos, ya que proporciona lubricación

Uno de los hallazgos sorprendió incluso a los propios investigadores: quienes bebían el agua más rápidamente durante la comida acababan comiendo menos que quienes lo hacían a un ritmo más lento.

Por ahora, los científicos no tienen una explicación clara para este resultado. Podría deberse al tiempo que el agua permanece en la boca o simplemente estar relacionado con la duración total de la comida.

«Este fue un análisis secundario que examinó las asociaciones», explica Cunningham. «Estamos dando seguimiento a esto en este momento para poder realizar esas inferencias causales».

El picante, un aliado inesperado

En una segunda investigación, publicada previamente en Food Quality and Preference, el mismo equipo estudió cómo influye el picante en la cantidad de comida consumida.

En este caso participaron 49 adultos, que comieron totopos acompañados de una salsa suave o de otra más picante. La única diferencia entre ambas era la cantidad de pimienta de cayena.

Los resultados mostraron que la salsa más picante redujo un 28 % el consumo total del aperitivo. Curiosamente, los participantes no solo comieron menos salsa, sino también menos totopos.

El picante hace que las personas coman aproximadamente un 30 % más despacio

Los investigadores comprobaron que el motivo principal era que el picante hacía que las personas comieran aproximadamente un 30 % más despacio, favoreciendo que apareciera antes la sensación de saciedad. El consumo de agua fue similar en ambos grupos, por lo que este factor no explicaba la diferencia.

«Nos interesaba saber si añadir picante a la salsa haría que la gente comiera la misma cantidad de patatas fritas», señala Cunningham. «Y no fue así. La conclusión es que añadir picante a una parte del aperitivo puede influir significativamente en la cantidad total que come la gente».

Dos creencias cuestionadas

Los autores subrayan que ambos estudios presentan importantes limitaciones. Se realizaron en un entorno de laboratorio y utilizaron un número reducido de alimentos concretos —como chili con carne, pollo tikka masala o totopos con salsa—, por lo que los resultados no pueden extrapolarse automáticamente a cualquier tipo de comida o a situaciones de la vida cotidiana.

Aun así, las investigaciones cuestionan dos creencias muy extendidas: que beber agua durante las comidas ayuda necesariamente a comer menos y que los alimentos picantes favorecen un mayor consumo.

«Estas estrategias podrían ayudar a los consumidores a alcanzar sus objetivos de reducir la ingesta de energía», concluye Cunningham.

Los investigadores ya trabajan en nuevos estudios para comprobar si otros factores relacionados con la textura, el sabor o la forma de comer también pueden modificar, de manera casi inadvertida, la cantidad de alimentos que ingerimos.