Imagen del ayer y del hoy

Imagen del ayer y del hoyGetty/ Aleksandr Golubev

El riesgo de compararte con tu yo del pasado: así afecta a tu imagen corporal

Un estudio de la Universidad Estatal de Ohio revela que comparar el aspecto actual con fotografías o recuerdos de épocas en las que nos veíamos más atractivos puede estar relacionado con una mayor insatisfacción corporal y trastornos de la alimentación

Durante años, la investigación sobre la imagen corporal ha puesto el foco en una pregunta: ¿qué ocurre cuando nos comparamos con otras personas? Pero hay otra comparación, mucho más íntima y quizá más difícil de evitar, que también puede afectar a cómo nos vemos: la que hacemos con nosotros mismos.

Un nuevo estudio de la Universidad Estatal de Ohio ha analizado qué sucede cuando una persona contrasta su apariencia actual con la de una versión anterior de sí misma. Las conclusiones apuntan a que mirar hacia atrás puede tener consecuencias importantes, especialmente cuando la comparación se hace con una etapa en la que la persona se consideraba más atractiva.

Compararse con otras personas está ampliamente relacionado con una imagen corporal negativa y con los trastornos de la alimentación. Durante décadas, los investigadores han estudiado cómo los compañeros, la familia y los medios de comunicación contribuyen a interiorizar determinados cánones de belleza y llevan a algunas personas a valorar su propio cuerpo en función de ideales difíciles de alcanzar.

Sin embargo, el trabajo, publicado en la revista Body Image, señala que también existe otra forma de comparación que apenas había sido estudiada: la que hacemos con nuestro propio pasado.

«Existe muchísima bibliografía sobre la comparación social, especialmente en lo que respecta a la imagen corporal y los trastornos alimentarios, y prácticamente no hay nada sobre la comparación orientada hacia uno mismo», afirmó la autora principal, Tracy Tylka, profesora de psicología clínica en el campus de Marion de la Universidad Estatal de Ohio.

Nuestro peor crítico somos nosotros

Los investigadores consideran que esta comparación puede cobrar especial importancia en momentos en los que el cuerpo experimenta cambios. La pubertad, el embarazo, la menopausia, la andropausia, determinadas enfermedades, el envejecimiento o las variaciones de peso pueden hacer que una persona vuelva la mirada hacia fotografías, vídeos o recuerdos de años anteriores.

La psicóloga Nichole Wood-Barcalow, exalumna de posgrado de Tylka y ahora profesional en una consulta privada de Westerville, Ohio, había detectado precisamente ese patrón entre sus pacientes.

Al hablar de su apariencia actual, muchas de ellas recordaban cómo eran años atrás y expresaban sorpresa ante el cambio. «¡Dios mío, no puedo creer lo mucho que he cambiado!».

Aunque algunas personas interpretan esos cambios de forma positiva, los investigadores observaron que, con frecuencia, la percepción era negativa.

Para Tylka, esta experiencia pone de manifiesto una carencia en la investigación sobre imagen corporal, tradicionalmente centrada en mujeres jóvenes blancas y adolescentes.

«El campo de la imagen corporal ha tardado en percatarse del edadismo y la falta de investigación sobre el proceso de envejecimiento en relación con la imagen corporal. A medida que envejecemos, nos alejamos cada vez más de lo que la sociedad nos dice que deberíamos vernos y nos comparamos con versiones anteriores, fotos o videos de décadas pasadas», dijo Tylka.

Una herramienta de once preguntas

Tylka, especializada en psicometría y análisis, decidió estudiar este fenómeno junto a Wood-Barcalow y otros investigadores. El equipo desarrolló una herramienta de 11 preguntas denominada Escala de Comparación de la Apariencia Centrada en el Yo (SOCS-A), diseñada para medir hasta qué punto las personas comparan su aspecto actual con el que tenían anteriormente.

La escala fue evaluada en dos muestras independientes de adultos estadounidenses para comprobar su funcionamiento.

Los análisis identificaron dos formas diferentes de comparación. La primera es la comparación ascendente, que se produce cuando una persona contrasta su aspecto actual con una versión pasada de sí misma que considera más atractiva. La segunda es la comparación descendente, que consiste en recordar una época, una fotografía o un momento en el que la persona se consideraba menos atractiva. La diferencia entre ambas resultó especialmente significativa.

Los participantes que recurrían con mayor frecuencia a la comparación ascendente presentaban una relación más estrecha con una imagen corporal negativa, vergüenza por el propio cuerpo, pensamientos repetitivos sobre la apariencia y trastornos de la alimentación.

La comparación descendente mostró un patrón diferente: se relacionó con menores niveles de vergüenza y con un mayor orgullo por la propia apariencia y aprecio por el cuerpo.

«Lo que nos sorprendió fue que la comparación descendente se percibía con mejores ojos. Esperábamos un patrón más similar al de la comparación social, donde la comparación descendente también es desadaptativa», dijo Tylka. «La gente cree que compararse con otros que consideran menos atractivos les hará sentir bien, pero la comparación social descendente está relacionada con la vergüenza y la culpa centradas en el cuerpo, así como con una menor flexibilidad en la imagen corporal».

Mirar a nuestro propio pasado

La explicación podría estar en la naturaleza de ambas comparaciones. Cuando una persona se compara con alguien que considera menos atractivo, puede experimentar sentimientos de culpa o incluso compasión hacia esa otra persona.

Cuando la comparación es con uno mismo, en cambio, recordar una etapa en la que no nos gustaba nuestro aspecto puede funcionar como una forma de reconocer un cambio que consideramos positivo.

Los investigadores creen que no todas las comparaciones con el pasado tienen necesariamente un efecto negativo

El problema parece encontrarse especialmente en aquellas en las que el presente se percibe como una pérdida frente a una versión anterior del propio cuerpo.

Las mujeres se comparan más

El estudio también encontró diferencias relacionadas con el género. Aunque la escala presentó una estructura similar en todo el espectro de género, las mujeres obtuvieron puntuaciones considerablemente más altas que los hombres en la comparación ascendente con su propio pasado.

Los hombres, por su parte, registraron puntuaciones más elevadas en la comparación descendente.

Para Tylka, estos resultados pueden estar relacionados con las distintas presiones sociales que históricamente han recaído sobre hombres y mujeres en relación con su apariencia. Las mujeres se enfrentan a una presión especialmente intensa para mantener determinados estándares físicos, por lo que alejarse de ellos puede tener un impacto mayor en la percepción de su propio valor.

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