Cambiar de planes
Por qué hay personas que no soportan que les cambien los planes
Un plan que se cancela a última hora, un viaje que cambia de destino, una reunión de amigos con nuevos invitados o el restaurante al que pensábamos ir cerrado puede desestabilizar a una persona que en su cabeza lo tiene todo planificado.
Los psicólogos explican que cuando alguien dispone un plan con un día y hora concreto organiza su vida entorno a esa actividad. Por ejemplo, si piensa ir al cine un viernes por la noche, irá al gimnasio el jueves, buscará películas, planificará qué ropa usará y revisará su horario de trabajo para asegurarse de poder salir a tiempo. Si a última hora la otra persona decide cancelar el plan, la planificadora sentirán ansiedad así como decepción y frustración por la pérdida de tiempo y de esfuerzo realizado.
Una revisión de la literatura científica, publicada en el Journal of Anxiety Disorders que examinó decenas de ensayos clínicos sobre este tema, concluyó que este rasgo no se limita a ningún trastorno en particular, sino que contribuye, en diversos grados, a la ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo, la ansiedad social, los trastornos de la alimentación y ciertas formas de depresión.
La psicóloga Emma Trilles explica en sus redes sociales que el cerebro ha aprendido que planificar es protegerse, saber lo que viene es sinónimo de estar a salvo: «Hay personas que necesitan el control de su entorno para sentirse seguras. No es capricho ni inflexibilidad, es ansiedad» y añade: «Cuando los planes cambian, no es solo un inconveniente logístico, es una amenaza para el sistema nervioso. Lo que por fuera parece una reacción desproporcionada, por dentro es el cerebro intentando recuperar el control que siente que ha perdido».
¿Qué se puede hacer?
Los profesionales de la salud mental afirman que esta hipersensibilidad a los cambios de último minuto no son un rasgo inherente de la personalidad, el cerebro puede reaprender a tolerar la ambigüedad.
Emma Trilles da tres pautas:
Primero, reconocerlo sin juzgarte.
Segundo, preguntarte: ¿qué es lo peor que puede pasar realmente si esto cambia?
Tercero, practicar pequeñas dosis de incertidumbre a propósito, porque la flexibilidad, como el músculo, se entrena.
Por último la psicóloga concluye: «Los planes cambian, la vida no viene con guión. Aprender a vivir con la incertidumbre es una de las habilidades más liberadoras que existen».