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La guerra del volumen: el oído humano no aguanta tanto ruido

La exposición prolongada a sonidos intensos puede producir daños en estructuras muy delicadas del oído interno

Recuerdo un tiempo en el que subir el volumen era algo puntual para escuchar tu canción favorita, el gol decisivo de un partido o la escena más emocionante de una película. Hoy, sin embargo, el volumen elevado se ha convertido en la norma. En el cine, en casa, en los auriculares, en los videojuegos o en los conciertos vivimos rodeados de un excesivo volumen. Casi sin darnos cuenta participamos en lo que podría llamarse la guerra del volumen, una carrera por sonar cada vez más y más fuerte.

Es como si más volumen equivaliese a más emoción, más inmersión, más intensidad. En una sala de cine, las explosiones retumban hasta hacerte vibrar en el asiento. En casa muchas veces subimos la televisión porque los diálogos no se escuchan entre los efectos y la música que los acompaña. En la calle, los auriculares compiten contra el ruido del tráfico o del metro.

El problema es que el oído humano no está diseñado para soportar esta sobreexposición continua

La exposición prolongada a sonidos intensos puede producir daños en estructuras muy delicadas del oído interno, especialmente en las células ciliadas del órgano de Corti, que son las responsables de transformar las vibraciones en señales nerviosas. Pero a diferencia de otras células del cuerpo, estas no se regeneran. Cuando se dañan, la pérdida auditiva puede ser permanente. A esto hay que sumar fenómenos cada vez más frecuentes, como el tinnitus, ese pitido persistente que todos hemos escuchado alguna vez tras un concierto, una larga sesión con auriculares o varias horas en una discoteca, y la llamada fatiga auditiva, una disminución temporal de la sensibilidad sonora.

Uso de auriculares

Uno de los escenarios más preocupantes es el uso de auriculares. Su proximidad al tímpano y su uso prolongado hacen que el riesgo pase desapercibido. Muchas son las personas que elevan el volumen sin ser conscientes de que a largo plazo están comprometiendo su salud auditiva. Y el problema no es solo tecnológico, sino cultural. Hemos normalizado que la intensidad sonora forma parte de la experiencia y de nuestra vida cotidiana. Asociamos volumen con calidad, potencia o emoción, pero escuchar más fuerte no significa escuchar mejor.

Proteger la audición no implica renunciar al disfrute, sino aprender a escuchar de forma inteligente, moderando el volumen, haciendo descansos auditivos y aprovechando tecnologías como la cancelación de ruido para no tener que ganarle al entorno. Porque en esta guerra del volumen el enemigo no es el sonido, sino el exceso, y nuestros oídos, aunque resistentes, tienen memoria.

  • Mª Luisa Sánchez Rodríguez Profesora Adjunta del Área de Óptica de la Universidad CEU San Pablo