Los sofocos son sensaciones repentinas, intensas y temporales de calor corporal
El sencillo truco para eliminar los sofocos, según la ciencia
Entre los 45 y los 55 años, todas las mujeres atraviesan una etapa fisiológica marcada por cambios hormonales, en la que los ovarios dejan de ovular y de producir estrógenos y progesterona. Este proceso, conocido como menopausia, es una parte natural del ciclo biológico. Sus síntomas pueden variar de una mujer a otra e incluyen alteraciones en la menstruación, sofocos, dificultades para dormir y cambios emocionales.
Los sofocos son sensaciones repentinas, intensas y temporales de calor corporal, a menudo acompañadas de sudoración diurna o nocturna (sudores nocturnos). Estos síntomas, conocidos como vasomotores (SVM), se relacionan con problemas de sueño, deterioro cognitivo, fatiga, dolor más intenso y una menor calidad de vida. Aunque afectan hasta al 80 % de las mujeres en la menopausia, también lo sufren el 80 % de los hombres con cáncer de próstata sometidos a terapia de privación androgénica y al 50–80 % de los pacientes con cáncer de mama en tratamiento hormonal.
Consecuencias de los sofocos
Las consecuencias de estos síntomas son innegables. No solo deterioran la calidad de vida de mujeres perimenopáusicas y posmenopáusicas, hombres mayores y pacientes con cáncer, sino que también influyen en decisiones sobre terapias oncológicas y generan un impacto económico y social considerable.
Un estudio reciente de la Facultad de Medicina Chobanian y Avedisian de la Universidad de Boston, publicado en la revista Endocrinology and Diabetes ha demostrado que un dispositivo de enfriamiento en forma de pulsera logró reducir de manera significativa los episodios de sofocos severos en mujeres posmenopáusicas, pacientes con cáncer de mama y hombres con cáncer de próstata.
El profesor Michael F. Holick, autor principal del estudio, explica que la mayoría de las opciones no hormonales disponibles presentan efectos secundarios relevantes, mientras que la terapia de reemplazo hormonal no es adecuada para pacientes con cáncer de mama o próstata. Esto crea una necesidad urgente de alternativas seguras, eficaces y no farmacológicas para quienes sufren SVM debilitantes.
En el ensayo participaron 27 personas: 10 con cáncer de mama, 12 con cáncer de próstata y 5 mujeres posmenopáusicas, todas con al menos dos sofocos moderados o graves al día. En un estudio aleatorizado y doble ciego, los voluntarios usaron durante dos semanas una pulsera con enfriamiento activo o una idéntica sin esta función, y luego cambiaron al dispositivo contrario por otras dos semanas. Los episodios fueron registrados en diarios personales.
Los resultados mostraron una reducción del 46 % en los sofocos severos. El análisis por grupos reveló un descenso del 41 % en pacientes con cáncer de mama y del 50 % en hombres con cáncer de próstata y mujeres posmenopáusicas. Además, el número total de sofocos diarios disminuyó en un 18 %.
Según los investigadores, la muñeca es una zona con alta sensibilidad neurológica y un punto clave para terapias de enfriamiento. El dispositivo parece enviar señales al hipotálamo a través de neuronas especializadas, indicando un enfriamiento intenso. Esto bloquea las señales de sobrecalentamiento que desencadenan la vasodilatación y la sudoración, mitigando así la respuesta vasomotora que provoca los sofocos.