El estrés repetido deteriora la salud
Los 7 síntomas más comunes del estrés que afectan a tu salud diaria
Levantarse temprano, preparar desayunos, llevar a los niños al colegio y meterse en un atasco, todo ello antes de las 9 de la mañana es el día a día de muchos hombres y mujeres que viven con estrés constante y que, la gran mayoría de las veces sobrentienden como algo natural e intrínseco, sin embargo el estrés crónico tienen enormes consecuencias en la salud tanto física como mental.
En un artículo publicado en Keck Medicine, los expertos aseguran que los efectos del estrés sobre el organismo pueden ir desde molestias pasajeras hasta alteraciones persistentes que terminan afectando de manera significativa a la salud.
Síntomas más frecuentes
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran las contracturas musculares. La tensión acumulada suele concentrarse en zonas como el cuello, los hombros o la espalda, y no es raro que se traduzca en dolor persistente. Incluso acciones involuntarias, como apretar la mandíbula de manera continuada, pueden estar relacionadas con estados de estrés sostenido. Esta reacción muscular, que inicialmente es una respuesta defensiva del organismo, puede convertirse en un problema cuando se prolonga en el tiempo.
Otra consecuencia habitual son los dolores de cabeza. Las llamadas cefaleas tensionales, las más comunes, aparecen como resultado de la rigidez muscular, especialmente en el cuello y el cuero cabelludo. Quienes las padecen describen una sensación de presión constante o de opresión que puede extenderse a las sienes o a la parte posterior de la cabeza.
El aparato digestivo tampoco es ajeno a estas respuestas. Sensaciones como las conocidas «mariposas en el estómago» antes de una situación puntual de nerviosismo son normales. Sin embargo, cuando el estrés se cronifica, pueden aparecer trastornos como diarrea, estreñimiento, acidez o reflujo ácido, además de un malestar general en la zona abdominal.
El corazón es otro de los órganos que puede verse afectado. Las palpitaciones, percibidas como latidos acelerados, irregulares o saltos en el ritmo cardíaco, tienen con frecuencia al estrés como desencadenante. A largo plazo, el estrés crónico se asocia también con un mayor riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
En el caso de las mujeres, el sistema reproductivo puede resentirse. El estrés prolongado puede provocar irregularidades menstruales, intensificar los síntomas premenstruales o dificultar la concepción. Incluso es posible que se produzcan retrasos en la menstruación, una respuesta del organismo que prioriza la supervivencia frente a la reproducción en contextos de amenaza.
Las alteraciones del sueño son otro indicador frecuente. Una mente sobrecargada dificulta conciliar el descanso o mantenerlo durante la noche. La falta de sueño no solo agrava la sensación de cansancio y malestar, sino que, a largo plazo, se relaciona con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes e incluso ciertos tipos de cáncer.
Por último, el estrés también puede influir en el peso corporal. En situaciones de tensión, muchas personas recurren a la comida como forma de alivio emocional. Además, el aumento del cortisol, la hormona asociada al estrés, favorece el apetito y el almacenamiento de grasa. A ello se suma, en muchos casos, una menor predisposición a realizar actividad física, especialmente cuando el descanso es insuficiente.