El bruxismo puede traducirse en apretar o rechinar los dientes
Bruxismo: qué hacer para intentar amortiguar el rechinar de dientes
Ante un cambio de trabajo, un problema familiar o en momento de exámenes los niveles de autoexigencia y tensión emocional crean un escenario propicio para el incremento del estrés, lo que puede agudizar o hacer más evidente la presencia de bruxismo que se manifiesta como una contracción involuntaria de los músculos mandibulares.
En general, el bruxismo puede traducirse en apretar o rechinar los dientes, normalmente durante el sueño, aunque también puede darse durante el día en situaciones de estrés o concentración. Según explica Lorena Trinidad Bueno, del área asistencial y de calidad clínica de Sanitas Dental, «el bruxismo consiste en apretar o rechinar los dientes de forma involuntaria, habitualmente durante el sueño, aunque también puede aparecer durante el día en situaciones de tensión o concentración». Esta actividad genera una presión continuada sobre la articulación temporomandibular y las piezas dentales, lo que puede desembocar en desgaste del esmalte, hipersensibilidad, cefaleas frecuentes o dolor facial. Al tratarse de un proceso silencioso y paulatino, muchas personas no son conscientes de su existencia hasta que los síntomas se intensifican.
Tensión emocional acumulada
Factores como la reducción de horas de luz, un descanso menos reparador y el aumento de la carga mental contribuyen a una mayor incidencia del bruxismo.
A menudo, las señales iniciales –como la rigidez mandibular al despertar o las molestias cervicales– se interpretan como efectos normales del cansancio, lo que retrasa su detección y tratamiento.
En este contexto, también conviene considerar que el bruxismo puede constituir una expresión física de la tensión emocional acumulada. La psicóloga Soledad Scarcella, del programa Blua de Sanitas, subraya que «el cuerpo canaliza el estrés de distintas formas y la mandíbula es una de las zonas donde se concentra esa carga. Apretar los dientes se convierte en una respuesta automática cuando no se gestionan adecuadamente las preocupaciones o la ansiedad». Este patrón, si se mantiene en el tiempo, no solo compromete la salud oral, sino también la calidad del descanso y el bienestar integral.
Qué podemos hacer
Ante esta realidad, los profesionales de Sanitas Dental recomiendan adoptar una serie de medidas preventivas que pueden mitigar los efectos del bruxismo o frenar su avance:
En primer lugar, se aconseja limitar el uso de pantallas antes de dormir. La exposición a la luz azul procedente de dispositivos electrónicos activa la corteza cerebral y dificulta la conciliación del sueño, impidiendo una relajación plena de la musculatura mandibular. Actividades como la lectura o la meditación pueden resultar alternativas beneficiosas para preparar el cuerpo para el descanso.
Asimismo, es recomendable restringir el consumo de cafeína a las primeras horas del día. Esta sustancia prolonga el estado de alerta y puede alterar el sueño incluso sin que el individuo lo perciba. Por ello, se sugiere evitar su ingesta a partir del mediodía.
Otro factor a tener en cuenta es la postura corporal. Una mala alineación durante el trabajo o el tiempo de ocio incrementa la tensión en el cuello, los hombros y la mandíbula. Revisar la ergonomía del puesto de trabajo y hacer pausas para corregir la postura contribuye a reducir esta carga muscular acumulada.
Del mismo modo, conviene adaptar el entorno del dormitorio a condiciones óptimas para el descanso. Una habitación oscura, silenciosa y con temperatura estable entre 16 y 20 grados centígrados favorece el sueño profundo y reduce la probabilidad de microdespertares. Evitar estímulos como ruidos constantes o la presencia de dispositivos electrónicos es clave para un descanso reparador.
Por último, Lorena Trinidad Bueno hace hincapié en la importancia de no ignorar ciertos signos de alarma. «Cuando el dolor mandibular, la rigidez al despertar o las cefaleas se repiten con frecuencia, no deben normalizarse ni atribuirse únicamente al cansancio», advierte. En estos casos, se recomienda acudir a un profesional. Una detección precoz permite establecer el abordaje adecuado y prevenir la cronificación del bruxismo.