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Hipermetropía: Qué es, cómo se detecta y qué tratamiento tiene

La hipermetropía es una alteración de la refracción ocular que impide ver con nitidez los objetos próximos, aunque generalmente no afecta a la visión lejana. Este defecto se debe a que el globo ocular presenta una longitud inferior a la habitual o porque la córnea es menos curva de lo normal. Puede manifestarse desde la infancia o, en muchos casos, revelarse en la edad adulta, cuando aparecen señales como visión borrosa o dolores de cabeza.

Según el Estudio de la Visión en España realizado por la clínica Baviera, el 17 % de los adultos presenta hipermetropía, y la edad media en la que se diagnostica por primera vez esta afección se sitúa en los 27 años. Las actividades cotidianas son especialmente complicadas para quienes la padecen: el 53 % de los encuestados señaló que tiene dificultades al leer libros o revistas, el 32 % afirmó que la visión repercute negativamente en su rendimiento laboral o académico, el 31 % se quejó de molestias al usar dispositivos electrónicos y el 25 %, al conducir.

Las actividades recreativas también se ven afectadas. Ir al cine, ver la televisión o realizar salidas de ocio es problemático para un 19 % de los afectados, mientras que un 14 % se siente incómodo en espacios abiertos como la playa o la piscina. Solo un 4 % de los participantes en el estudio aseguró no experimentar ningún tipo de limitación derivada de la hipermetropía.

El oftalmólogo Fernando Llovet, cofundador de la clínica Baviera, asegura que la hipermetropía puede mantenerse oculta durante años debido a la capacidad del ojo para compensar este defecto mediante la acomodación. No obstante, este esfuerzo continuado provoca síntomas como fatiga visual o cefaleas, molestias que podrían evitarse si se detecta de forma temprana y se aplica el tratamiento correspondiente.

Llovet explica en un comunicado que todos los recién nacidos presentan hipermetropía fisiológica, con una media de cuatro dioptrías. Con el crecimiento del ojo, lo común es que esta graduación disminuya progresivamente hasta desaparecer entre los seis y los ocho años. Sin embargo, en algunos niños esta condición persiste, aunque la gran capacidad de enfoque de los ojos en la infancia camufla los síntomas. Este fenómeno se conoce como hipermetropía latente.

Por esta razón, el especialista ha insistido en la necesidad de que los menores se sometan a revisiones oftalmológicas periódicas que incluyan pruebas con cicloplejia. Esta técnica consiste en paralizar temporalmente la acomodación ocular mediante colirios específicos, lo que permite medir de manera precisa la graduación real del ojo. Aunque estas pruebas pueden generar alguna molestia leve, Llovet ha subrayado que son seguras, rápidas y adaptadas a cada etapa del desarrollo infantil.

Con el paso del tiempo, la capacidad de enfoque del ojo disminuye de forma natural, lo que provoca que los síntomas de la hipermetropía se hagan evidentes o se agraven. A este cuadro clínico se le denomina hipermetropía manifiesta, y suele presentarse con dificultades para leer, molestias al fijar la vista y dolores de cabeza frecuentes.

Diagnóstico y tratamiento

Para su diagnóstico, es fundamental realizar un examen oftalmológico completo que incluya cicloplejia. En esta evaluación se determina la cantidad de dioptrías necesarias para corregir el defecto, así como la posible coexistencia con otras alteraciones visuales, como el astigmatismo o la presbicia en personas mayores de 40 años.

Llovet ha matizado que los pacientes hipermétropes suelen desarrollar presbicia de forma más temprana o con mayor intensidad. Esta condición, provocada por el envejecimiento del cristalino, agrava la dificultad para enfocar objetos cercanos, por lo que los síntomas se acentúan con la edad.

El tratamiento más habitual para la hipermetropía es el uso de gafas o lentes de contacto con la graduación adecuada. No obstante, también puede optarse por la cirugía refractiva. Esta puede realizarse mediante láser, que actúa modificando la curvatura corneal para optimizar el enfoque, o a través del implante de lentes intraoculares, una técnica que sustituye o complementa el cristalino.

La elección entre una técnica y otra dependerá de diversos factores, como la edad del paciente, la graduación a corregir, las características del ojo y otros aspectos individuales. Llovet ha recalcado que ambas alternativas quirúrgicas, que llevan más de tres décadas realizándose, han demostrado ser seguras, efectivas y muy predecibles. Además, permiten corregir en una misma intervención otros defectos refractivos asociados, ofreciendo así una mejora integral de la salud visual.

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