ELA
Ser madrugador y hacer más ejercicio reduce el riesgo de ELA, según un estudio
Ser madrugador estaba asociado con un riesgo 20 % menor de ELA en comparación con ser noctámbulo
La esclerosis lateral amiotrófica, conocida por sus siglas ELA, es una patología poco frecuente y de carácter progresivo que afecta de manera directa al sistema nervioso. Se distingue por el deterioro paulatino de las neuronas motoras, las células nerviosas ubicadas en el cerebro y en la médula espinal responsables de transmitir las órdenes que permiten el movimiento voluntario.
A medida que estas neuronas se degeneran y mueren, el organismo pierde la capacidad de enviar señales eficaces a los músculos. Como consecuencia, las personas afectadas comienzan a experimentar debilidad muscular, pérdida de coordinación y dificultades para realizar tareas cotidianas. Con el avance de la enfermedad, esta pérdida de control se agrava hasta comprometer funciones esenciales.
El proceso conduce de forma progresiva a una parálisis cada vez más extensa. Los músculos encargados del habla, la deglución o la respiración también pueden verse afectados, lo que incrementa la gravedad del cuadro clínico. En las fases avanzadas, la enfermedad puede derivar en una parálisis prácticamente total y, finalmente, en el fallecimiento del paciente.
El carácter devastador de la ELA, tanto para quienes la padecen como para su entorno familiar, ha impulsado en los últimos años un notable esfuerzo investigador. Sin embargo, pese a los avances en el conocimiento de sus mecanismos biológicos, sigue siendo una enfermedad para la que la medicina actual solo puede ofrecer tratamientos orientados a aliviar síntomas y mejorar la calidad de vida. La esperanza de vida media tras el diagnóstico se sitúa entre los dos y los cinco años, aunque existen casos con una supervivencia más prolongada.
Un estudio, que se presentará en la 78.ª Reunión Anual de la Academia Estadounidense de Neurología, muestra una asociación entre ser madrugador y realizar más actividad física con un menor riesgo de ELA. Según han relatado los investigadores en un comunicado, el estudio no prueba causa y efecto entre estos comportamientos y el riesgo de ELA; sólo muestra una asociación.
«Investigaciones previas sugieren que dormir mejor y aumentar la actividad física pueden reducir el riesgo de algunas enfermedades neurodegenerativas, pero los resultados para la ELA han sido dispares», afirmó el autor del estudio, el Dr. Hongfu Li, de la Universidad de Zhejiang en Hangzhou, China.
Nuestro estudio descubrió que un horario de sueño más acorde con las horas de luz y una mayor actividad física se relacionaban con un menor riesgo de ELA
El trabajo, que no prueba causa y efecto entre estos comportamientos y el riesgo de ELA sino sólo una asociación, incluyó a más de 500.000 personas con una edad promedio de 57 años. Los participantes fueron seguidos durante un promedio de 14 años, durante los cuales 675 personas, o el 0,14 %, desarrollaron ELA. Los participantes completaron cuestionarios al comienzo del estudio sobre sus hábitos de sueño y actividad física.
Sueño
Para el sueño, los investigadores determinaron los cronotipos de todos los participantes. El cronotipo es la preferencia natural de una persona respecto a cuándo está más alerta y con más sueño. Forma parte del ritmo circadiano, el ciclo de sueño-vigilia de 24 horas.
Los investigadores analizaron dos cronotipos. El cronotipo matutino, o madrugador, se definió como personas que preferían acostarse y despertarse más temprano y reportaban máxima productividad a primera hora del día. El cronotipo vespertino, o noctámbulo, se definió como personas que preferían acostarse y despertarse más tarde y reportaban máxima productividad a última hora del día.
De los participantes, 277.620 fueron clasificados como madrugadores y 166.361 como noctámbulos. De los madrugadores, 350 desarrollaron ELA. De los noctámbulos, 237 desarrollaron ELA. Otros 58.298 fueron excluidos por no poder determinar su cronotipo.
Después de ajustar factores como la edad, el sexo y el índice de masa corporal, los investigadores descubrieron que ser madrugador se asociaba con un riesgo 20 % menor de ELA en comparación con ser noctámbulo.
Los investigadores también analizaron la duración del sueño y descubrieron que quienes dormían entre seis y ocho horas por noche tenían un menor riesgo de padecer ELA en comparación con quienes dormían más o menos.
Los investigadores descubrieron que una mayor actividad física estaba asociada con un riesgo 26 % menor de ELA
Utilizaron equivalentes metabólicos (MET) para cuantificar el gasto energético. Para cada actividad física, los MET se multiplicaron por la frecuencia y la duración para obtener una puntuación de actividad física de MET-minutos por semana. Después de ajustes similares, 600 minutos MET o más por semana se asociaron con un riesgo 26% menor de ELA.
«Si bien se necesita más investigación para explorar más a fondo estas asociaciones, promover hábitos de vida saludables puede representar una estrategia potencial para reducir el riesgo de ELA», dijo Li.
Una limitación del estudio fue que el 95 % de los participantes eran personas blancas, por lo que los resultados podrían no ser los mismos para otras poblaciones.