Ojo con Glaucoma

El glaucoma es una enfermedad ocular crónica que daña el nervio ópticoGetty Images

Día Mundial del Glaucoma

Glaucoma: cómo prevenirlo y qué tratamientos ayudan a proteger la visión

El glaucoma es una enfermedad ocular crónica que daña el nervio óptico, responsable de transmitir la información visual desde el ojo hasta el cerebro. Su rasgo principal es la pérdida gradual de la visión y, en muchos casos, está relacionado con un aumento de la presión dentro del ojo. Se le denomina «ceguera silenciosa» porque en sus etapas iniciales suele no presentar síntomas evidentes, y la pérdida visual comienza afectando al campo periférico antes de comprometer la visión central.

De acuerdo con la Sociedad Española de Glaucoma (SEG), más del 3 % de la población en España padece esta enfermedad, especialmente personas mayores de 40 años, individuos con antecedentes familiares o con determinados problemas de salud. Además, se calcula que aproximadamente la mitad de los casos en el país no están diagnosticados. Por este motivo, y con motivo del Día Mundial del Glaucoma, los especialistas en oftalmología destacan la importancia de realizar revisiones periódicas y una detección temprana para frenar el avance de esta patología ocular crónica.

«El glaucoma puede avanzar de forma silenciosa y progresiva, por lo que las revisiones oftalmológicas regulares son fundamentales. Detectarlo a tiempo permite aplicar tratamientos que ayuden a preservar la visión antes de que se produzcan daños irreversibles en el nervio óptico», señala el doctor Gonzalo Muñoz, director médico de Baviera.

Factores de riesgo

El glaucoma puede afectar a cualquier persona, pero existen perfiles con mayor probabilidad de desarrollarlo.

Edad: Es uno de los principales condicionantes. A partir de los 40 años, el riesgo comienza a incrementarse y, a partir de los 60, se eleva de forma mucho más significativa. Esto se debe al envejecimiento del nervio óptico y a las alteraciones en el drenaje del humor acuoso que favorecen la aparición de la enfermedad.

Presión intraocular elevada: Este es un factor de riesgo, pero puede ser modificable. Aunque no todas las personas con tensión ocular alta desarrollarán glaucoma, sí es el elemento que más se asocia al daño progresivo del nervio óptico. De ahí la importancia de revisarlo de forma periódica.

Antecedentes familiares: Tener padres con esta enfermedad puede multiplicar la probabilidad de padecerla, lo que pone de manifiesto el componente genético de esta patología. En estos casos, los oftalmólogos recomiendan iniciar controles antes de la edad habitual para evitar problemas mayores y poner solución.

Diabetes: Las personas que sufren este problema de salud presentan un mayor riesgo de sufrir glaucoma. Las alteraciones vasculares que provoca pueden comprometer la irrigación del nervio óptico y favorecer su deterioro. Además, en casos avanzados, puede derivar en complicaciones como el glaucoma neovascular, una forma más agresiva vinculada a daños previos en la retina.

Pacientes hipertensos: Una presión arterial elevada y sin un control adecuado daña los vasos sanguíneos de la retina y reduce la perfusión sanguínea al nervio óptico, disminuyendo la oxigenación necesaria para mantenerlo sano.

Traumatismos oculares: Puede producirse el glaucoma traumático inmediatamente o años después de un traumatismo en el ojo de cualquier índole, asociado o no a la práctica deportiva.

Personas con miopía alta: En algunas ocasiones, las propias características del ojo pueden elevar el factor de riesgo de glaucoma. Por ello, deben tener especial precaución aquellos con miopía alta (más de 6 dioptrías) o con un espesor corneal inferior a 500 micras.

Prevención y diagnóstico precoz

El glaucoma es una enfermedad que, aunque no se puede prevenir en todos los casos, sí es posible detener o ralentizar su progresión si se detecta a tiempo. «El glaucoma no avisa. Cuando el paciente percibe que ha perdido visión, el daño ya es irreversible. Por eso insistimos tanto en las revisiones periódicas, incluso cuando no hay síntomas», afirma el Dr. Muñoz. «Recomendamos realizar controles completos a partir de los 40 años, incluso en ausencia de molestias, y adelantarlos en personas con factores de riesgo como antecedentes familiares, diabetes, miopía magna o hipertensión. Dado que la enfermedad suele avanzar de forma silenciosa, estas revisiones permiten identificar alteraciones incipientes que el paciente no percibe en su vida diaria».

Entre las pruebas de seguimiento fundamentales, se encuentra la medición de la presión intraocular, principal factor de riesgo modificable, junto con la exploración del nervio óptico, cuya evaluación permite detectar signos tempranos de daño. A ello se suman las pruebas de campo visual, esenciales para identificar pérdidas de visión periférica en fases iniciales. Estos controles son eficaces para conservar la visión restante, pero no permiten recuperar la visión ya perdida.

Cómo frenar su avance

Habitualmente, la primera línea de tratamiento son colirios que reducen la presión, aplicados de forma constante bajo supervisión médica. Si no son suficientes, se recurre a procedimientos quirúrgicos o láser, que crean nuevas vías de drenaje para proteger el nervio óptico. «Como el factor común en gran parte de los glaucomas es la presión intraocular elevada, la mayoría de los tratamientos están dirigidos a reducirla. Por eso, el tratamiento farmacológico con colirios hipotensores suele ser el primer paso», explica el doctor. El humor acuoso, líquido transparente de la parte anterior del ojo, mantiene la presión intraocular en niveles normales (10-21 mmHg). Si no se drena correctamente o se produce en exceso, la presión aumenta y puede dañar el nervio óptico, causando glaucoma.

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