Neuralgia del trigémino

Neuralgia del trigéminoHospital Ruber Internacional

El «cortocircuito» del nervio facial que provoca uno de los dolores más insoportables

La neuralgia del trigémino se caracteriza por episodios de dolor súbito, descrito como descargas eléctricas

El nervio trigémino, encargado de recoger la sensibilidad de la cara —dolor, temperatura o tacto— y esencial en funciones como la masticación, puede convertirse en el origen de uno de los dolores más intensos e incapacitantes cuando se altera. Es el caso de la neuralgia del trigémino, una patología poco conocida pero que afecta a miles de personas en España.

El doctor Juan Carlos Gómez Angulo, neurocirujano del equipo del doctor José Manuel del Pozo del Hospital Ruber Internacional, explica: «El trigémino es como un cable que recoge toda la sensibilidad de la cara. Cuando ese ‘cable’ se estropea, generalmente porque un vaso sanguíneo lo comprime, empieza a enviar señales de dolor brutales».

La enfermedad se caracteriza por episodios de dolor súbito, descrito por los pacientes como descargas eléctricas. Estos ataques pueden desencadenarse por acciones cotidianas como hablar, masticar o incluso por el simple roce de la piel o el viento en la cara.

«El problema está en la mielina, la capa que protege el nervio. Cuando se pierde ese ‘aislamiento’, el nervio entra en una especie de cortocircuito, de modo que estímulos normales desencadenan un dolor desproporcionado», señala el especialista.

Entre sus rasgos más característicos destacan:

  • Dolor brusco, intenso y de corta duración
  • Crisis repetidas en el tiempo
  • Localización precisa en un lado de la cara
  • Desencadenantes claros, como lavarse los dientes o el contacto

A pesar de la intensidad de los síntomas, el diagnóstico no se basa en pruebas de laboratorio. «El diagnóstico es fundamentalmente clínico, es decir, depende de lo que el paciente nos cuenta. No hay un análisis que lo confirme», afirma Gómez Angulo.

Las pruebas de imagen, como la resonancia magnética, se utilizan para descartar otras causas y, en algunos casos, identificar el vaso sanguíneo que comprime el nervio.

Aunque no es una enfermedad degenerativa, su evolución puede deteriorar gravemente la calidad de vida. «No destruye el nervio, pero sí suele empeorar con el tiempo. Las crisis se hacen más frecuentes, más largas y los fármacos pierden eficacia», advierte el neurocirujano.

Tratamiento: de los fármacos a la cirugía

El tratamiento inicial suele ser farmacológico, con el objetivo de reducir la hiperactividad del nervio. Sin embargo, su eficacia puede disminuir con el tiempo y provocar efectos secundarios como somnolencia o dificultad de concentración. «Hay pacientes que sienten que están apagados», reconoce el especialista.

Cuando los medicamentos dejan de funcionar o no se toleran, se consideran otras alternativas.

Entre las opciones más eficaces figura la descompresión microvascular, una cirugía que actúa directamente sobre la causa separando el vaso sanguíneo del nervio.

También existen técnicas menos invasivas, como procedimientos percutáneos, radiocirugía estereotáxica con Gamma Knife y compresión con balón.

Esta última consiste en introducir un pequeño balón que comprime el nervio para bloquear las señales de dolor. «Se hace con sedación y sin necesidad de abrir la cabeza», explica el doctor.

La radiocirugía, por su parte, resulta especialmente útil en pacientes que no pueden someterse a cirugía convencional. No requiere ingreso hospitalario, aunque sus efectos pueden tardar semanas en manifestarse.

Tratamiento personalizado

La elección del tratamiento depende de factores como la edad, el estado de salud o las preferencias del paciente. «No hay una única solución válida para todos. Es una decisión personalizada que tomamos junto al paciente», subraya Gómez Angulo.

Por ello, los especialistas insisten en la importancia de acudir a centros con experiencia y equipos multidisciplinares que permitan ofrecer un abordaje integral adaptado a cada caso.

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