El deterioro cognitivo en la enfermedad de Alzheimer difiere sustancialmente de una persona a otraPexels

El Alzheimer no sigue un único camino: hallan tres patrones de deterioro cognitivo

Las personas se deterioran a ritmos diferentes y esos patrones están vinculados a biomarcadores clave

El deterioro cognitivo asociado a la enfermedad de Alzheimer varía de forma significativa entre individuos y no se predice con precisión mediante las pruebas médicas actuales. Un nuevo estudio de la Facultad de Medicina Keck de la USC, publicado en Alzheimer's & Dementia: The Journal of the Alzheimer's Association identifica tres patrones diferenciados en personas con Alzheimer preclínico: estabilidad cognitiva, deterioro lento y deterioro rápido. Aproximadamente el 70 % de los participantes se mantuvo estable durante un seguimiento de unos seis años.

«La mayoría de los estudios analizan el promedio de los participantes, lo que puede dar la impresión de que todos empeoran lentamente al mismo ritmo», explicó Michael Donohue, doctor en neurología, profesor y director asociado de bioestadística del Instituto de Investigación Terapéutica del Alzheimer de la Familia Epstein de la USC en la Facultad de Medicina Keck. «Pero descubrimos que este enfoque oculta diferencias importantes entre las personas, lo que sugiere que la enfermedad de Alzheimer es más variable de lo que se suele representar».

Aunque estudios previos ya apuntaban a ritmos distintos de progresión, este trabajo es de los primeros en vincular esos patrones con biomarcadores. Los investigadores evaluaron si análisis de sangre específicos y pruebas de neuroimagen podían predecir la evolución de los pacientes. Los modelos lograron clasificar correctamente a los participantes con una precisión cercana al 70 %.

En fases tempranas, muchos pacientes permanecen estables incluso sin tratamiento, lo que dificulta evaluar la eficacia de nuevas terapias

Este tipo de herramientas, aún en desarrollo, podría permitir en el futuro ofrecer pronósticos más precisos tras el diagnóstico y mejorar el diseño de ensayos clínicos, que actualmente tienden a asumir una progresión uniforme de la enfermedad.

«Estos resultados sugieren que quizás debamos replantearnos el diseño de los ensayos clínicos en la fase preclínica de la enfermedad de Alzheimer», señaló Runpeng (Tony) Li, doctor en Filosofía, investigador postdoctoral en la Facultad de Medicina Keck y primer autor del estudio. «Muchas personas con Alzheimer permanecen estables durante el transcurso de un estudio, lo que dificulta determinar si un tratamiento está funcionando. Identificar a quienes tienen mayor probabilidad de sufrir un deterioro podría hacer que los ensayos sean más eficientes y aporten información más valiosa».

Así se hizo el estudio

Para el análisis, según detalla el equipo en un comunicado, se utilizaron datos del ensayo clínico A4 (Anti-Amyloid Treatment in Asymptomatic Alzheimer's Disease), centrado en el anticuerpo monoclonal solanezumab, y del estudio complementario LEARN (Longitudinal Evaluation of Amyloid Risk and Neurodegeneration Extension), que incluye a personas sin niveles elevados de amiloide cerebral.

Los participantes realizaron pruebas cognitivas antes y durante el estudio para evaluar memoria, atención y razonamiento. Además, se sometieron a escáneres cerebrales y análisis de sangre, incluyendo la medición de la proteína tau fosforilada P-tau217, un biomarcador clave de la enfermedad.

Tres trayectorias

El análisis identificó tres trayectorias: estabilidad (sin cambios o con mejora), deterioro lento y deterioro rápido. Quienes mostraron deterioro presentaban niveles más altos de P-tau217 y mayor acumulación de tau en el cerebro desde el inicio, además de un hipocampo de menor tamaño, una región clave para la memoria y una de las primeras afectadas por la enfermedad.

La proteína P-tau217 fue uno de los indicadores más claros para predecir qué participantes sufrirían un deterioroMichael Donohue

«La proteína P-tau217 fue uno de los indicadores más claros para predecir qué participantes sufrirían un deterioro, pero aún no podemos predecir con exactitud cómo progresará la enfermedad de cada persona», afirmó Michael Donohue.

Los investigadores subrayan la necesidad de perfeccionar estos modelos, incorporando más biomarcadores para mejorar su precisión. También destacan un reto clave en la investigación preventiva: en fases tempranas, muchos pacientes permanecen estables incluso sin tratamiento, lo que dificulta evaluar la eficacia de nuevas terapias.

Por ello, proponen que los futuros ensayos clínicos se centren menos en promedios y más en las distintas trayectorias de deterioro. Como siguiente paso, el equipo analizará los casos que no encajan en las predicciones del modelo —personas que empeoran pese a preverse estabilidad, o que se mantienen sin síntomas pese a un pronóstico desfavorable— para entender mejor los factores de resistencia.

«¿Qué tienen de diferente ciertos pacientes que los hace más resistentes? ¿Se pueden aprovechar estos conocimientos para ralentizar la enfermedad de Alzheimer en otros?», concluyó Michael Donohue.