Síndrome Tourette
Día Mundial de Concienciación del síndrome de Tourette
Síndrome de Tourette: los tics más frecuentes y los mitos más extendidos
Los tics son involuntarios y pueden empeorar con el estrés, la ansiedad o la presión social
El síndrome de Tourette es un trastorno del movimiento caracterizado por la presencia de tics motores y vocales involuntarios. Aunque los pacientes pueden llegar a reprimirlos durante periodos breves, este esfuerzo suele generar un elevado nivel de ansiedad que posteriormente provoca una intensificación de los tics.
Los tics suelen aparecer durante la infancia, generalmente entre los 2 y los 15 años, aunque la edad media de inicio se sitúa en torno a los 6 años. Además, el síndrome de Tourette es más frecuente en varones, que presentan entre tres y cuatro veces más probabilidades de desarrollarlo que las mujeres.
Los movimientos o sonidos repentinos, breves e intermitentes constituyen la principal manifestación de este trastorno neurológico y su intensidad puede variar considerablemente de una persona a otra: mientras que algunos pacientes presentan síntomas leves, otros experimentan cuadros más severos que pueden afectar de forma significativa a la comunicación, el rendimiento escolar, las relaciones sociales y la calidad de vida.
Según explican los especialistas de la Clínica Mayo, los tics se clasifican en dos grandes categorías:
- Tics simples: son movimientos o sonidos repentinos, breves y repetitivos que implican un número limitado de grupos musculares. Entre los más frecuentes se encuentran el parpadeo repetido, las muecas faciales, el encogimiento de hombros o los carraspeos.
- Tics complejos: consisten en secuencias de movimientos coordinados que involucran varios grupos musculares y suelen presentar patrones más elaborados. Pueden incluir gestos específicos, saltos, giros o determinadas vocalizaciones más complejas.
Con motivo del Día Mundial de Concienciación sobre el Síndrome de Tourette, que se celebra el 7 de junio, la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP) ha advertido de que este síndrome continúa rodeado de mitos y de un importante desconocimiento social que dificulta la vida cotidiana de muchos menores afectados.
La doctora María Concepción Miranda Herrero, miembro del Grupo de Trabajo de Trastornos del Movimiento de la SENEP explica que estos tics motores y fónicos que se producen de forma involuntaria y espontánea suelen aparecer en los primeros años de vida y tras un año de evolución se puede realizar el diagnóstico y añade: «Este trastorno del movimiento tiene la particularidad de que puede controlarse de forma voluntaria por un corto periodo de tiempo en determinados momentos, aunque a costa de generar en el paciente una gran ansiedad secundaria. Esto desencadena una explosión de tics posterior tras haber sido estos retenidos en el tiempo».
Asociación con otros trastornos
La SENEP destaca además que el síndrome de Tourette suele coexistir con otras alteraciones neurológicas y psiquiátricas que, en ocasiones, pueden resultar incluso más incapacitantes que los propios tics.
Entre las comorbilidades más habituales figuran el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los problemas de aprendizaje, los trastornos del estado de ánimo, las alteraciones del sueño, la ansiedad o los episodios de ira.
«En este trastorno neurológico no sólo hay tics, sino que muchos de estos menores también sufren ansiedad, rechazo social, y dificultades emocionales por la vergüenza o por el miedo que les ocasiona este fenómeno. No obstante, un porcentaje importante consigue normalizar el trastorno y contar con el respaldo y con la comprensión de su entorno social y escolar», celebra la doctora Miranda.
Por este motivo, los especialistas defienden un abordaje multidisciplinar que incluya la participación de profesionales de neurología, psiquiatría, psicología, logopedia y orientación educativa.
Mitos y estigmas
La neuropediatra también alerta de que persisten numerosos estereotipos sobre el síndrome de Tourette. Uno de los más extendidos es asociarlo automáticamente con la coprolalia –la emisión involuntaria de palabras malsonantes– o la copropraxia –la realización de gestos obscenos–, pese a que estas manifestaciones aparecen únicamente en una minoría de los casos.
Asimismo, recuerda que no todos los pacientes requieren tratamiento farmacológico. «La mayor parte de pacientes tendrán un trastorno de leve a moderado, que no requerirá tratamiento, porque los tics no les generan una discapacidad o una merma tan importante en su calidad de vida. Tratamos los que son graves y que sí presentan una importante repercusión en el día a día», señala.
Otro de los errores frecuentes consiste en considerar que los tics son voluntarios o responden a un mal comportamiento, una percepción que puede tener consecuencias especialmente negativas en el ámbito escolar.
«En el ámbito escolar a veces esto provoca que expulsen a estos menores de clase, o que se les aparte porque son niños que molestan. Hay mucho desconocimiento, y son movimientos o sonidos que no se pueden controlar al 100 %, y que no son por intentar fastidiar en clase. Esto también a veces les genera estrés o ansiedad y hace también que empeoren estos tics», advierte la especialista.
Tics motores comunes
Tics simples
- Parpadeo de ojos
- Sacudir la cabeza
- Encoger los hombros
- Mover los ojos repentinamente
- Retorcer la nariz
- Hacer movimientos con la boca
Tics complejos
- Tocar u oler objetos
- Repetir movimientos observados
- Caminar siguiendo un patrón determinado
- Hacer gestos obscenos
- Inclinarse o girar
- Saltar
Tics vocales comunes
Tics simples
- Resoplar
- Toser
- Aclarar la garganta
- Ladrar
Tics complejos
- Repetir palabras o frases propias
- Repetir palabras o frases de otros
- Usar palabras vulgares, obscenas o insultos