La salud del hombre va mucho más allá de la próstataGetty Images

Los problemas de salud que los hombres deben controlar a partir de los 50 años

Los cambios hormonales o los síntomas urinarios pueden ayudar a detectar otros problemas de salud

Llegar a los 50 años y pedir cita con el urólogo ha estado durante mucho tiempo ligado casi exclusivamente a una cuestión: comprobar el estado de la próstata. Sin embargo, la atención a la salud masculina entre los 40 y los 50 años va mucho más allá. En esta etapa conviene tener en cuenta aspectos que pueden guardar una estrecha relación entre sí, como la función sexual, la situación hormonal, la presión arterial, los niveles de glucosa y colesterol, el peso, el descanso o los propios hábitos de vida.

El Dr. Miguel Sánchez Encinas, urólogo del Hospital Ruber Internacional y Ruber Internacional Centro Médico Habana, pertenecientes a Grupo Quirónsalud, considera que el principal cambio de enfoque pasa por abandonar una medicina centrada únicamente en órganos concretos para avanzar hacia una visión global de la salud del hombre.

«La próstata sigue siendo importante, pero la salud del varón también depende de su función sexual, situación hormonal, metabolismo, riesgo cardiovascular, sueño, composición corporal, estado emocional y hábitos. Todos estos ámbitos se influyen entre sí», explica el especialista.

Precisamente, el periodo comprendido entre los 40 y los 50 años tiene una especial importancia desde el punto de vista de la prevención. Alteraciones como la hipertensión, la acumulación excesiva de grasa abdominal, los problemas relacionados con la glucosa o el colesterol y una mala calidad del sueño pueden progresar sin manifestarse de forma evidente. En paralelo, también pueden comenzar a aparecer cambios urinarios, sexuales o relacionados con el rendimiento físico que, con frecuencia, se atribuyen simplemente al envejecimiento.

«Es una etapa especialmente importante para la prevención, porque muchas alteraciones son todavía reversibles o controlables y actuar a tiempo puede marcar una diferencia importante en la salud durante las dos o tres décadas siguientes», señala el Dr. Sánchez Encinas.

Estado cardiovascular

Dentro de esta manera integral de abordar la salud masculina, la función sexual adquiere una relevancia particular. Para que se produzca una erección es necesario que funcionen correctamente los vasos sanguíneos, los nervios, las hormonas y el cerebro. Además, en este proceso también intervienen diferentes factores de carácter emocional.

Por esa razón, una pérdida persistente de calidad en las erecciones no debería considerarse únicamente desde la perspectiva de la sexualidad.

«La disfunción eréctil comparte mecanismos y factores de riesgo con la enfermedad cardiovascular y, en determinados pacientes, puede preceder varios años a la manifestación clínica de una enfermedad coronaria. Esto nos ofrece una oportunidad para estudiar el contexto y actuar sobre posibles factores de riesgo», afirma el urólogo.

De este modo, una consulta que inicialmente está motivada por problemas de erección puede permitir detectar otras alteraciones. Entre ellas figuran la hipertensión, la diabetes, los trastornos del colesterol, la obesidad visceral, la apnea del sueño, algún problema hormonal o incluso un efecto adverso provocado por determinados medicamentos.

No obstante, el especialista puntualiza que la disfunción eréctil no tiene necesariamente un origen cardiovascular en todos los casos. También puede estar causada por factores hormonales, neurológicos, farmacológicos, psicológicos o relacionados con la pareja. «La clave es no banalizarla ni alarmar, sino estudiar la causa».

PSA y testosterona

La vigilancia de la próstata continúa ocupando un lugar esencial en la salud masculina, aunque tampoco debe realizarse de forma automática ni desligada de las circunstancias de cada paciente. El PSA, por ejemplo, no constituye un marcador exclusivo del cáncer. Sus niveles también pueden elevarse debido al crecimiento benigno de la próstata, una inflamación, una infección u otras situaciones.

«La buena medicina no trata una cifra: estima el riesgo clínico de cada persona», subraya el Dr. Miguel Sánchez Encinas. Para decidir qué pacientes necesitan continuar con el estudio se tienen en cuenta diferentes factores, entre ellos la edad, los antecedentes familiares, la evolución del PSA, la exploración y, cuando existe indicación, la resonancia magnética.

Un planteamiento semejante debe aplicarse a la testosterona. Sánchez Encinas recuerda que la llamada «andropausia» constituye un concepto médicamente impreciso, puesto que en el hombre no se produce una interrupción hormonal brusca y generalizada equiparable a la menopausia.

«No debemos convertir la testosterona en un cribado indiscriminado por edad ni utilizarla como un suplemento antienvejecimiento. El hipogonadismo se diagnostica cuando existen síntomas compatibles y niveles persistentemente bajos de testosterona correctamente determinados», explica.

Prevención

La cuestión, por tanto, es cómo debe cuidar su salud un hombre que alcanza los 45 o 50 años sin presentar síntomas. Según el especialista, la respuesta no pasa por someterse de manera indiscriminada a chequeos exhaustivos, sino por conocer la situación de partida y adaptar la prevención a las características de cada persona.

Los antecedentes familiares, la presión arterial, el perímetro de cintura, el peso, la glucosa, el colesterol, los hábitos cotidianos, la calidad del sueño, la salud sexual y el riesgo cardiovascular forman parte de esa valoración inicial. A partir de ahí, el control de la próstata y otras pruebas pueden incorporarse de acuerdo con la edad y el riesgo individual.

«Dos hombres de 50 años pueden tener necesidades completamente diferentes. La prevención eficaz no consiste en pedir más pruebas, sino en seleccionar aquellas que realmente tienen utilidad para cada paciente».

A este seguimiento sanitario deben añadirse hábitos que desempeñan un papel fundamental. El ejercicio de forma regular, el entrenamiento de fuerza, mantener un peso saludable, disminuir la grasa abdominal, evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol, cuidar el sueño y seguir una alimentación equilibrada forman parte de los principales pilares para conservar la salud.

El Dr. Sánchez Encinas resume este enfoque preventivo con una última recomendación: «No hay que esperar a sentirse enfermo para ocuparse de la salud. La próstata importa, pero es solo una parte. Prevenir no es vivir preocupado: es llegar antes, elegir mejor y conservar durante más tiempo la autonomía, la función sexual, la fuerza y la calidad de vida».