Un médico explica cómo localizar el cáncer de próstata
Día Mundial del Cáncer de Próstata Así son los nuevos tratamientos que revolucionan la lucha contra el cáncer de próstata
El cáncer de próstata continuará siendo el tumor más diagnosticado entre los hombres en España en 2026. Según el informe Las cifras del cáncer en España 2026, elaborado por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), se prevén 34.833 nuevos casos, una cifra que representa aproximadamente uno de cada cinco tumores detectados en la población masculina.
Pese a su elevada incidencia, la supervivencia neta a cinco años alcanzó el 90,2 % en los pacientes diagnosticados entre 2013 y 2017. Este favorable pronóstico se debe, en gran medida, a que la mayoría de los casos se detectan en estadios localizados, donde tratamientos como la cirugía, la radioterapia o la braquiterapia logran altas tasas de curación.
No obstante, el desafío persiste en los casos avanzados. Aunque solo alrededor del 10 % de los pacientes presenta enfermedad metastásica en el momento del diagnóstico, entre un 20 % y un 30 % de quienes reciben tratamiento local desarrollarán metástasis a lo largo de su evolución. Esta realidad ha impulsado la búsqueda de nuevas estrategias terapéuticas que han transformado el abordaje de la enfermedad en los últimos años.
Nuevas estrategias terapéuticas
Los especialistas distinguen actualmente varios escenarios clínicos con implicaciones terapéuticas diferentes: el cáncer de próstata hormonosensible metastásico, el cáncer de próstata resistente a la castración metastásico y el resistente a la castración no metastásico. En todos ellos, los objetivos son prolongar la supervivencia, mantener la calidad de vida, retrasar la progresión de la enfermedad y prevenir complicaciones, especialmente las relacionadas con el hueso.
En los pacientes con enfermedad hormonosensible metastásica, el tratamiento combina la terapia de deprivación androgénica con agentes hormonales de nueva generación, como abiraterona, apalutamida, enzalutamida o darolutamida. En determinados casos también se añade quimioterapia para intensificar la respuesta terapéutica.
Por su parte, el cáncer de próstata resistente a la castración metastásico dispone hoy de un arsenal terapéutico mucho más amplio que hace una década. A la quimioterapia y los nuevos tratamientos hormonales se han sumado los inhibidores de PARP, indicados en pacientes seleccionados por biomarcadores genéticos, así como radiofármacos dirigidos al hueso y terapias dirigidas contra la proteína PSMA.
Estos avances han tenido un impacto directo en la supervivencia. Mientras que en la era inicial del tratamiento con docetaxel la supervivencia media de los pacientes con enfermedad metastásica resistente a la castración rondaba los 18 o 19 meses, actualmente algunas poblaciones seleccionadas pueden alcanzar o superar los 40 meses gracias a la combinación y secuenciación de nuevas opciones terapéuticas.
Uno de los hitos más relevantes ha sido la consolidación de la medicina de precisión. Entre el 20 % y el 30 % de los pacientes con cáncer de próstata metastásico presentan alteraciones en genes implicados en la reparación del ADN, especialmente en la vía de recombinación homóloga. Las mutaciones en BRCA2 son las más frecuentes y confieren una especial sensibilidad a los inhibidores de PARP.
Fármacos
Durante el último año, diversos estudios han reforzado el papel de estos fármacos en fases más tempranas de la enfermedad. El ensayo AMPLITUDE demostró que la combinación de niraparib con abiraterona y prednisona mejora la supervivencia libre de progresión radiológica en pacientes con alteraciones genéticas en la reparación del ADN. De forma similar, el estudio TALAPRO-3, presentado en el congreso ASCO 2026, evidenció beneficios significativos con talazoparib asociado a enzalutamida y terapia hormonal en pacientes con alteraciones en los genes de recombinación homóloga.
Terapias dirigidas a PSMA
Otro de los grandes avances recientes es la incorporación de las terapias dirigidas a PSMA. El radiofármaco 177Lu-PSMA-617 ha demostrado mejorar tanto la supervivencia global como el control de la enfermedad en pacientes previamente tratados con cáncer de próstata resistente a la castración metastásico. Además, nuevos datos sugieren que este tratamiento podría ser útil en etapas más precoces de la enfermedad, ampliando así su potencial impacto clínico.
Cambios en el diagnóstico
Paralelamente, el diagnóstico también ha experimentado una importante evolución. La introducción del PET-PSMA ha mejorado la capacidad para detectar enfermedad ganglionar o metastásica tanto en el diagnóstico inicial de pacientes de alto riesgo como en casos de recaída bioquímica. Esta herramienta, junto con la caracterización molecular del tumor, permite una selección terapéutica más precisa.
Como explica el Dr. Pascual de la Cruz, especialista en medicina nuclear del Hospital Vithas Medimar, de «un tipo de tomografía que utiliza un trazador radioactivo diseñado para unirse específicamente al Antígeno Prostático Específico de Membrana (PSMA). Permite rastrear con exactitud milimétrica si el cáncer se ha extendido, incluso si son solo unas pocas células en cualquier parte del cuerpo».
La investigación continúa explorando nuevas dianas terapéuticas más allá de los genes de reparación del ADN. Un ejemplo es la pérdida de PTEN, una alteración molecular presente en determinados pacientes. El estudio CAPItello-281 mostró que la combinación de capivasertib con abiraterona y terapia hormonal mejora la supervivencia libre de progresión radiológica en pacientes seleccionados por esta alteración genética.
Impacto social y emocional
Irene Lorente, psicooncóloga de la Asociación de Cáncer de Próstata (ANCAP), explica que «el cáncer de próstata, independientemente de su fase, representa una ruptura con la realidad de la persona y tiene un profundo impacto social y emocional. Esto genera un considerable malestar psicológico, marcado por preocupaciones como el miedo a la muerte o a una recaída». Además, continúa la experta, «el estigma, la vergüenza y el temor al juicio social pueden disminuir las interacciones sociales y favorecer el aislamiento. Todo esto afecta la percepción sobre la capacidad de regresar al trabajo, aumentando el riesgo de desempleo, lo que a su vez se asocia con un menor bienestar psicológico y una calidad de vida reducida».
El impacto también se extiende al ámbito sexual, donde 7 de cada 10 pacientes señalan que la enfermedad ha afectado todos los aspectos de su vida sexual, aunque este tema sigue siendo un tabú, con más del 20 % de los pacientes prefiriendo no hablar de ello.
Prevención
Por su parte, el Dr. Iván Povo, urólogo del Hospital Vithas Valencia Consuelo, recuerda la importancia de la prevención y de las revisiones periódicas a partir de los 50 años, o antes en pacientes con antecedentes familiares. «Muchas patologías prostáticas, como la hiperplasia benigna o el cáncer de próstata, pueden desarrollarse de forma silenciosa en sus fases iniciales. Un diagnóstico precoz permite aplicar tratamientos menos invasivos y mejorar considerablemente el pronóstico y la calidad de vida del paciente», señala el especialista.
Además, insiste en mantener hábitos de vida saludables, como una dieta equilibrada, ejercicio físico regular y evitar el tabaco y el sedentarismo, como medidas clave para cuidar la salud prostática.