Consulta médica a una IA

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Pedir consejo médico a una IA: cinco cosas que debes saber antes de hacerlo

Los expertos afirman que puede ser útil para resolver dudas, pero con límites y riesgos para la privacidad

Cada vez son más las personas que recurren a la inteligencia artificial para resolver dudas relacionadas con su salud. Consultar un síntoma antes de pedir cita médica, pegar el resultado de una analítica para entenderlo o preguntar por los posibles efectos secundarios de un tratamiento se ha convertido en una práctica habitual.

Los chatbots de IA ofrecen respuestas en cuestión de segundos, están disponibles las 24 horas y utilizan un lenguaje que puede transmitir una gran seguridad. Sin embargo, esa facilidad de acceso también entraña riesgos. Una respuesta convincente no siempre es correcta y, además, el usuario puede estar compartiendo información médica especialmente sensible con plataformas cuyas garantías de privacidad no son necesariamente las mismas que las de un entorno sanitario.

La tendencia, además, va en aumento. Grandes compañías tecnológicas ya están desarrollando herramientas de inteligencia artificial orientadas a la salud para ayudar a interpretar historiales médicos, comprender resultados de laboratorio o resolver dudas sobre enfermedades y tratamientos.

Ante este escenario, la compañía de ciberseguridad ESET recuerda en un comunicado que, antes de utilizar una IA para realizar consultas médicas, conviene conocer tanto sus limitaciones clínicas como el tratamiento que reciben los datos personales que se introducen en estas plataformas.

La IA puede equivocarse

Uno de los principales riesgos son las llamadas «alucinaciones» de la inteligencia artificial, respuestas incorrectas o inventadas que el sistema presenta con total seguridad.

Los chatbots pueden interpretar de forma errónea los síntomas descritos, ofrecer respuestas diferentes ante consultas muy similares o sugerir recomendaciones que deberían ser valoradas por un profesional sanitario. El problema es que muchos usuarios no disponen de los conocimientos necesarios para distinguir una información fiable de una potencialmente peligrosa.

Una protección especial

Además del contenido de las respuestas, preocupa la información que los usuarios comparten durante la conversación. Informes médicos, resultados de pruebas, diagnósticos, medicación, datos del seguro o información personal pueden quedar almacenados, analizarse para mejorar los modelos de IA o compartirse con terceros, dependiendo de las políticas de cada servicio.

«A diferencia de una contraseña o una tarjeta bancaria, los datos de salud no pueden cambiarse ni reemitirse. Una vez compartidos, pueden pasar a formar parte de un registro digital permanente y conservar valor durante años para ciberdelincuentes, estafadores o actores maliciosos que pudieran acceder a ellos si quedaran expuestos», explica Josep Albors, responsable de investigación y concienciación de ESET España.

«Esta información puede utilizarse para fraudes relacionados con seguros, suplantación de identidad, acceso indebido a servicios médicos o incluso extorsión», añade.

Cinco recomendaciones

Ante esta situación, ESET aconseja seguir una serie de pautas para utilizar estas herramientas de forma más segura:

No sustituir la consulta médica. Un chatbot puede ayudar a comprender conceptos o preparar preguntas, pero no reemplaza la valoración de un profesional, especialmente si existen síntomas persistentes, preocupantes o urgentes.

Elegir herramientas especializadas. Si se utiliza una IA para resolver dudas de salud, es preferible recurrir a plataformas diseñadas específicamente para ese ámbito y revisar qué fuentes emplean y cuáles son sus limitaciones.

Proteger la información médica. Informes clínicos, resultados de laboratorio, diagnósticos o datos del seguro sanitario son información especialmente sensible y solo deberían compartirse si el usuario conoce cómo se almacenan y protegen.

Revisar la configuración de privacidad. Aunque un servicio indique que no utiliza los datos para entrenar sus modelos, eso no significa que no puedan conservarse o analizarse. Siempre que sea posible, conviene desactivar el historial de conversaciones y el uso de datos para entrenamiento.

Compartir la mínima información posible. Es recomendable evitar nombres completos, direcciones, números de paciente u otros datos identificativos y contrastar siempre las respuestas con fuentes médicas fiables o con un profesional sanitario.

Albors recuerda que la inteligencia artificial puede ser una herramienta útil cuando se utiliza de forma responsable.

«Puede ayudar a preparar preguntas antes de una consulta, explicar términos médicos complejos o resumir información general sobre una enfermedad. Sin embargo, nunca debe emplearse para decidir si acudir o no al médico, cambiar un tratamiento, interpretar de forma definitiva una prueba o descartar síntomas», concluye.

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