José Jaime Pascual Piqueres, Psicólogo Clínico

El nuevo terapeuta no tiene consulta ni título universitario

Cada vez más personas utilizan sistemas de inteligencia artificial para expresar preocupaciones, ordenar pensamientos, pedir consejo o simplemente sentirse escuchadas

A las dos de la madrugada, una persona no puede dormir. Lleva semanas sintiéndose ansiosa. Da vueltas en la cama. No quiere preocupar a su familia. No sabe a quién llamar. Tampoco tiene una cita con un psicólogo para el día siguiente. Abra el móvil. Y empieza a hablar con una inteligencia artificial.

Lo que hace apenas unos años habría parecido una escena de ciencia ficción se está convirtiendo en una conducta cotidiana. Cada vez más personas utilizan sistemas de inteligencia artificial para expresar preocupaciones, ordenar pensamientos, pedir consejo o simplemente sentirse escuchadas. La pregunta interesante no es tecnológica. Es profundamente humana.

¿Por qué millones de personas están encontrando en una máquina algo que tradicionalmente buscaban en otros seres humanos?

La respuesta rápida sería señalar los avances de la inteligencia artificial. Sin embargo, esa explicación resulta insuficiente. La verdadera razón probablemente sea otra, vivimos en una sociedad donde muchas personas tienen dificultades para encontrar espacios de escucha.

La soledad no consiste únicamente en estar físicamente solo. También aparece cuando sentimos que nadie comprende lo que nos ocurre, cuando no queremos preocupar a quienes nos rodean o cuando creemos que nuestros problemas no son suficientemente importantes como para compartirlos.

En ese contexto, la inteligencia artificial ofrece algo extraordinariamente atractivo, disponibilidad inmediata. No interrumpe. No juzga. No parece cansarse. Está ahí a cualquier hora del día.

Para una persona que atraviesa un momento de vulnerabilidad emocional, esa combinación resulta poderosa.

Como psicólogo clínico, comprendo perfectamente el atractivo de estas herramientas. Hablar ayuda. Poner palabras al sufrimiento ayuda. Organizar pensamientos ayuda. Incluso formular una pregunta puede convertirse en el primer paso para entender mejor lo que nos sucede. Pero conviene no confundir conversación con terapia.

La psicoterapia no consiste simplemente en recibir respuestas. Consiste en construir una relación humana capaz de generar comprensión, confianza y cambio psicológico. Una relación en la que alguien puede percibir matices, contradicciones, silencios, gestos y emociones que no siempre aparecen en una pantalla.

La inteligencia artificial puede acompañar una reflexión. Puede ofrecer información. Puede ayudar a estructurar ideas. Lo que todavía no puede hacer es sustituir la complejidad de un vínculo terapéutico auténtico.

Sin embargo, sería un error responder a este fenómeno con desprecio o alarmismo. Cuando millones de personas adoptan una herramienta de forma espontánea, normalmente están intentando resolver una necesidad real. Y la necesidad que está apareciendo con claridad es la necesidad de ser escuchados.

Quizá el éxito de la inteligencia artificial aplicada al bienestar emocional no nos esté hablando principalmente de tecnología. Quizá nos esté hablando de una sociedad cansada, acelerada y cada vez más aislada.

Tal vez el dato más preocupante no sea que las personas hablen con máquinas. Tal vez lo preocupante sea que muchas sienten que no tienen a nadie más con quien hablar.

Porque si una inteligencia artificial está ocupando ese espacio, la pregunta no es qué está haciendo la tecnología. La pregunta es qué estamos dejando de hacer nosotros.

  • José Jaime Pascual Piqueres. Psicólogo Clínico. Miembro de la Asociación Española de Psicología Sanitaria
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas