Miedo a viajar

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Hodofobia: qué es el miedo a viajar y cómo afecta al organismo

Palpitaciones, insomnio o molestias digestivas son algunos de los síntomas asociados a esta fobia específica

Con el mes de julio a la vuelta de la esquina son muchos los que ya preparan sus vacaciones de verano. Momento para desconectar de la rutina, del trabajo y las obligaciones cotidianas. Sin embargo, lo que para unos está asociado al descanso y el bienestar, para otros, el simple hecho de organizar un desplazamiento, subir a un medio de transporte o incluso pensar en el trayecto puede desencadenar una intensa respuesta de ansiedad. Este fenómeno se conoce como hodofobia, una fobia específica caracterizada por un miedo intenso, persistente y desproporcionado a viajar. Las fobias se caracterizan por generar una sensación intensa de malestar físico y emocional ante un determinado estímulo, hasta el punto de interferir significativamente en la vida cotidiana de quienes las padecen.

Aunque la literatura científica sobre la hodofobia es todavía limitada, existe abundante evidencia sobre otras fobias específicas que permite comprender los mecanismos fisiopatológicos que comparten este tipo de trastornos.

Qué es la hodofobia

En el caso de la hodofobia, el miedo no siempre está relacionado con el viaje en sí. En muchos casos, la ansiedad se centra en situaciones concretas vinculadas al desplazamiento. Es el caso de la aerofobia o miedo a volar, que afecta a entre un 5 % y un 6 % de la población española, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), o de la amaxofobia, el miedo a conducir, que experimenta más del 28 % de los conductores españoles, de acuerdo con la Dirección General de Tráfico (DGT).

Asimismo, el temor puede estar relacionado con otros aspectos, como alejarse del entorno habitual o perder la sensación de control. Aunque el desencadenante varía de una persona a otra, todas estas fobias comparten una respuesta de ansiedad similar, capaz de provocar síntomas físicos y emocionales de gran intensidad.

Respuesta del cerebro ante el miedo

Detrás de esta reacción existe una explicación neurobiológica. Cuando una persona con una fobia específica se enfrenta a la situación temida, o incluso cuando la anticipa, el cerebro activa los circuitos relacionados con el miedo, especialmente la amígdala, estructura encargada de detectar amenazas y preparar al organismo para responder.

Como consecuencia, se desencadenan diversos cambios fisiológicos, entre ellos el aumento de la frecuencia cardiaca, la aceleración de la respiración o la tensión muscular.

Aunque esta respuesta constituye un mecanismo normal de supervivencia, en las personas con fobias se activa ante situaciones que no representan un peligro real, pudiendo afectar a distintos sistemas del organismo y deteriorar significativamente la calidad de vida.

Palpitaciones, tensión muscular, alteraciones del sueño, fatiga, molestias digestivas o dificultades para concentrarse son algunas de las manifestaciones más frecuentes.

La Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España explica: «En la población general, las fobias suelen asociarse únicamente al miedo. Sin embargo, la realidad es que implican una respuesta compleja del organismo que puede afectar a la salud física y emocional. Cuando el cerebro permanece en un estado de alerta continuado, es frecuente que aparezcan síntomas como alteraciones del sueño, fatiga, problemas digestivos o dificultades para concentrarse, incluso sin que la persona llegue a exponerse a la situación que teme».

La doctora añade: «Por eso, es importante prestar atención a aquellas señales que interfieren en la vida cotidiana, ya que identificar el problema a tiempo puede ayudar a evitar que el miedo se cronifique y limite progresivamente el bienestar y la calidad de vida», concluye.

Cómo afrontar la fobia

Los especialistas recuerdan que las fobias específicas pueden tratarse eficazmente mediante psicoterapia, aunque el proceso terapéutico implica enfrentarse de forma gradual a las situaciones que generan ansiedad.

El psicólogo Juan Carlos Arancibia explica que el primer paso consiste en reconocer el problema y buscar ayuda profesional especializada. «En psicoterapia tenemos que enfrentarnos a ese miedo que tanto nos acompleja y que tenemos metido dentro de nuestras entrañas. La terapia puede llegar a ser incluso un poco desagradable porque nos vamos a enfrentar a un estímulo que tanta aversión tenemos».

Según el experto, muchas personas desarrollan estrategias de evitación para no exponerse a la situación temida, lo que contribuye a mantener el problema en el tiempo. «Si tienes esta fobia seguramente te dé vergüenza decirlo, y siempre utilizas estrategias para intentar cancelar viajes, intentar que conduzcan otros o que el vuelo sea lo más corto posible».

Por ello, Arancibia insiste en la importancia de comunicar el problema y acudir a un profesional con experiencia en este tipo de trastornos. «Este tiene que ser el primer paso para aprender a comunicar que tenemos un problema, que es totalmente aprendido, y contárselo a un psicólogo experto en fobias, acostumbrado a trabajar con este tipo de casos».

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