Dra. Cristina de Castro
Dra. Cristina de Castro: «La sangre en la orina nunca debe ignorarse»
El cáncer de vejiga también afecta a las mujeres y suele diagnosticarse más tarde
Aunque el cáncer de vejiga se asocia con mayor frecuencia a los hombres, miles de mujeres son diagnosticadas cada año de esta enfermedad. Sin embargo, sigue siendo un tumor poco conocido entre la población femenina y, en muchos casos, su detección se retrasa porque sus primeros síntomas se confunden con infecciones urinarias u otros problemas ginecológicos.
La Dra. Cristina de Castro, uróloga del Hospital Ruber Internacional, alerta de que uno de los principales signos de alarma, la presencia de sangre en la orina, nunca debe restarse importancia.
«La presencia de sangre en la orina nunca debe considerarse normal, aunque aparezca una sola vez y desaparezca espontáneamente. Es un síntoma que siempre requiere un estudio urológico», explica la especialista.
Según la uróloga, este retraso diagnóstico tiene un impacto directo en la evolución de la enfermedad. «El cáncer de vejiga en la mujer suele diagnosticarse en fases más avanzadas, lo que condiciona un peor pronóstico. Por eso es fundamental aumentar la concienciación tanto entre la población como entre los profesionales sanitarios».
Detección precoz
La hematuria, es decir, la presencia de sangre en la orina, constituye el principal síntoma de alarma del cáncer de vejiga. No obstante, también pueden aparecer otros signos como aumento de la frecuencia urinaria, urgencia para orinar, escozor al miccionar o dolor pélvico persistente cuando no existe una infección demostrada o los síntomas se repiten con frecuencia.
La Dra. De Castro subraya que identificar el tumor en sus fases iniciales permite recurrir a tratamientos menos agresivos y mejorar tanto el pronóstico oncológico como la calidad de vida de las pacientes.
Tratamientos adaptados
El tratamiento depende del tipo de tumor, de su extensión y de las características de cada persona. En los tumores superficiales, la primera opción suele ser la resección transuretral, una intervención mínimamente invasiva que permite extirpar el tumor y valorar el riesgo de que reaparezca.
En algunos casos, este procedimiento se complementa con terapias intravesicales, como la inmunoterapia con BCG, que disminuye el riesgo de recurrencia y progresión. Cuando el tumor invade la capa muscular de la vejiga, las alternativas terapéuticas incluyen cirugía, quimioterapia, inmunoterapia y nuevas terapias dirigidas.
«En los últimos años hemos avanzado hacia una medicina mucho más personalizada, incorporando cirugía robótica, tratamientos sistémicos innovadores y estrategias que permiten adaptar la terapia a las características biológicas de cada tumor», señala la especialista.
Más allá de curar el cáncer
Los avances no solo buscan aumentar la supervivencia, sino también preservar la calidad de vida de las pacientes. «La cirugía ha evolucionado enormemente. Hoy, en mujeres cuidadosamente seleccionadas, podemos preservar determinadas estructuras implicadas en la continencia urinaria y la función sexual, siempre que no comprometa la seguridad oncológica», destaca la Dra. De Castro.
Tras la extirpación de la vejiga, existen además distintas opciones reconstructivas que permiten adaptar el tratamiento a las necesidades y al estilo de vida de cada paciente, favoreciendo una mejor recuperación funcional.
Un abordaje multidisciplinar
El manejo del cáncer de vejiga requiere la participación coordinada de urólogos, oncólogos, radiólogos, anatomopatólogos, fisioterapeutas de suelo pélvico, enfermería especializada, nutricionistas y psicooncólogos, entre otros profesionales.
«Nuestro compromiso no es únicamente tratar el cáncer. También es acompañar a la mujer durante todo el proceso, resolver sus dudas, cuidar su bienestar emocional y ofrecer el tratamiento más adecuado desde una perspectiva científica y humana», concluye la Dra. Cristina de Castro.