Ozempic puede estar relacionado con la caída del cabello
Los fármacos como Ozempic aumentan el riesgo de caída del cabello
El uso de los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, fármacos ampliamente utilizados para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad, podría estar asociado a un mayor riesgo de pérdida de cabello en personas con diabetes tipo 2. Así lo concluye un estudio publicado en The BMJ, que apunta a un posible efecto secundario del que, aunque poco frecuente, médicos y pacientes deberían ser conscientes al decidir el tratamiento.
Los investigadores subrayan que el riesgo absoluto de desarrollar alopecia sigue siendo bajo. No obstante, conocer esta posible asociación puede contribuir a una mejor toma de decisiones compartida entre profesionales sanitarios y pacientes.
Hasta ahora ya se habían descrito casos de caída del cabello asociados al uso de algunos agonistas del receptor GLP-1, especialmente la semaglutida y la tirzepatida. Sin embargo, existían pocos datos que permitieran comparar este riesgo con el de otros medicamentos empleados para controlar la diabetes.
Para responder a esta cuestión, el equipo analizó los registros electrónicos de pacientes atendidos en el Sistema de Salud de la Universidad de Pensilvania (Penn Medicine). El estudio comparó la incidencia de alopecia en adultos con diabetes tipo 2 que iniciaban tratamiento con agonistas del receptor GLP-1 frente a quienes recibían inhibidores de SGLT-2 o inhibidores de DPP-4, dos familias de fármacos también utilizadas para tratar esta enfermedad.
En total, se analizaron los datos de 12.004 pacientes tratados con agonistas del receptor GLP-1 y 15.221 que recibían inhibidores de SGLT-2.
Los pacientes que recibían agonistas del receptor GLP-1 presentaban un perfil diferente al de los otros grupos. Eran, de media, más jóvenes, tenían un índice de masa corporal más elevado y mostraban una menor prevalencia de enfermedad cardiovascular y enfermedad renal crónica.
Quienes tomaban agonistas del receptor GLP-1 presentaban un riesgo un 37 % superior de desarrollar alopecia
Tras ajustar los resultados para tener en cuenta factores que podían influir en el riesgo de alopecia —como la edad, el sexo, la etnia, el índice de masa corporal, las enfermedades previas o el uso de otros medicamentos—, los investigadores observaron que quienes tomaban agonistas del receptor GLP-1 presentaban un riesgo un 37 % superior de desarrollar alopecia en comparación con los usuarios de inhibidores de SGLT-2 (6,91 frente a 5,04 casos por cada 1.000 personas-año). Frente a los pacientes tratados con inhibidores de DPP-4, el incremento del riesgo alcanzó el 68 % (6,53 frente a 3,89 casos por cada 1.000 personas-año).
Alopecia no cicatricial
Los análisis también mostraron que esta asociación se limitaba a la alopecia no cicatricial, un tipo de caída del cabello en la que los folículos pilosos permanecen intactos, por lo que existe la posibilidad de que el cabello vuelva a crecer.
Los autores apuntan en un comunicado que la rápida pérdida de peso, un efecto habitual de estos tratamientos, podría explicar en parte estos resultados. La reducción acelerada del peso corporal puede desencadenar episodios de caída del cabello y favorecer déficits nutricionales, como la falta de hierro o zinc, que alteran el ciclo normal de crecimiento capilar. También plantean que los cambios hormonales inducidos por estos medicamentos podrían desempeñar un papel, aunque reconocen que serán necesarios nuevos estudios para confirmar los mecanismos implicados.
Como toda investigación observacional, el estudio presenta algunas limitaciones. Los registros clínicos no permitían conocer aspectos relevantes como la gravedad de la alopecia, su duración, la extensión de la pérdida de cabello o si esta remitía tras suspender el tratamiento. Además, los investigadores no pueden descartar que existan otros factores no medidos que hayan influido en los resultados.
Pese a ello, destacan que el trabajo se basa en una amplia cohorte de pacientes, con datos clínicos de alta calidad y análisis adicionales que confirmaron la consistencia de los resultados, lo que refuerza la solidez de las conclusiones.
En este sentido, los autores concluyen: «Nuestros hallazgos amplían las señales de seguridad anecdóticas previas y proporcionan evidencia más sistemática para informar a los médicos sobre este posible efecto adverso».